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“Plan B: Un Ancla Segura”

¿Cuándo fue que descubriste que algo importante en tu vida no iba a ser tal como la habías planeado? Tarde o temprano nos pasa a todos. Todos hemos tenido sueños, deseos, proyectos, metas y expectativas, que por diversas razones no se han hecho realidad.

Cuando tu plan A fracasa te enfrentás a la incertidumbre de no saber para dónde ir, ni siquiera saber si hay alguna oportunidad por delante.

Algunas veces el fracaso de nuestros planes A, son el resultado de nuestras malas decisiones, de nuestras acciones equivocadas. Otras veces, la culpa recae en otras personas que de alguna manera afectaron nuestras vidas. Otras veces nuestros sueños y proyectos se hacen añicos, sin que podamos siquiera encontrar explicación a lo que nos sucedió.

Y de pronto, lo que sigue es que tu plan A destrozado te puede haber dejado preguntándote si de verdad Dios está activamente involucrado en tu vida. “¿Le importará a Dios lo que yo estoy viviendo?”.

Y se empeora el sentimiento de confusión y dolor, cuando comprobás que Dios no se muestra de la manera en que vos pensabas que lo haría. Y todo lo que creíste, lo que leíste en la Biblia, lo que escuchaste, lo que aprendiste, parece que no funciona. Y estás enojado aún con Dios, porque no te ayudó como pensaste que lo  haría.

¿Qué hacer cuando tu plan A se destruyó, cuando la vida no te está resultando de la manera en que pensaste que resultaría? ¿qué hacer con un sueño destrozado, con una expectativa insatisfecha?

Todos los personajes de la Biblia experimentaron exactamente y dramáticamente lo que vos y yo también vivimos. Sueños frustrados, planes que fracasaron, expectativas incumplidas, dolor, sufrimiento, amargura. Y cuando en medio de tu dolor vas a la Palabra a buscar de Dios, son los momentos en que las historias de la Biblia se vuelven repentinamente reales, muy personales, y llegan a ser palabra de Dios para mí.

El núcleo de nuestra fe, es un hecho doble. Es como una moneda con dos caras: Una de esas caras es la cruz. Allí nace nuestra fe.

La cruz es el fracaso total de todo humanismo, de todo lo que los seres humanos podamos pensar, intentar, alardear. Toda la filosofía y sabiduría se convierte en locura.

Nuestra fe empieza con la desolación, con la destrucción, con la oscuridad, con todas las dudas sobre Dios.

Sin embargo, tengo que decirte hoy frente a tus sueños rotos, tus expectativas incumplidas, frente a tus fracasos, frente a tus dolores, frente a tu plan A destruido: Nunca es demasiado tarde para perseguir lo mejor de Dios.

Tan cierto como que nuestra fe nace con la incomprensible cruz, es que la esencia de nuestra fe, es que seguimos a un muerto, pero un muerto que venció la muerte, ha resucitado, vive y reina por siempre.

Todo lo que tenga un certificado de defunción en tu vida, se puede enfrentar con Jesucristo, el Resucitado, y el Dios todopoderoso de las nuevas oportunidades te presenta su Plan B para vos.

En Juan 16 Jesús habla de dos realidades bien enfrentadas, pero ambas reales:Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Jesús nos dice que su objetivo al hablarnos, al enseñarnos sobre esto, es que en Él, tengamos paz. Decí conmigo: “en Él, yo tenga paz”. ¿Por qué esta paz es tan importante? Porque en el mundo tendréis aflicción.

Lo que Jesús nos dice: “vas a necesitar encontrar tu paz en mí, porque los problemas, las frustraciones, van a venirte. Tu plan A puede fracasar”.

Esto es cierto porque vivimos en una doble realidad. Por un lado tenemos un Dios que es todopoderoso y que nos ama, y nos ama, y nos ama. Pero por otro lado, vivimos en una realidad humana, caída, en la que parece muy a menudo que todo se hace polvo.

Por un lado el Señor nos anticipa el fracaso de nuestros planes A, y por el otro nos anuncia que hay un plan B, en el que él nos dará su triunfo.

Y si vos separás alguna de estas dos declaraciones, vas a tener mucha confusión. Si por un lado te quedás sólo con la primera declaración de que en el mundo habrá problemas, vas a desarrollar una vida escéptica, resignada, amargada, de brazos caídos. Y te vas a victimizar, y te vas a congelar en tus planes A rotos, y vas a vivir esperando siempre lo malo, sumido en depresión y desesperanza, viviendo una vida miserable.

Si por el otro lado, te quedás solamente con la segunda declaración de Jesús cuando dice: pero confiad, yo he vencido al mundo, lo  que sucede es que tendrás una visión de la vida no realista, vas a pensar que porque sos hijo de Dios nada malo te puede suceder. Pero eso no es cierto. Y tarde o temprano te vas a chocar contra la realidad, y te vas a sentir decepcionado. Pero no es que Dios te decepcionó, sino tu visión incompleta de lo que Jesús dijo.

Pero si unís las dos declaraciones entonces vas a tener una comprensión más auténtica de lo que Jesús te dice que es la vida.

Jesús nos dice: no están exentos de problemas, de que sus planes A se rompan. En este mundo tendrán aflicción. Y se los anticipo para que no pierdan la paz. Y la paz se mantendrá en ustedes, al saber que no importa lo que haya pasado, lo que se haya roto, lo que no se dio, yo tengo la última palabra, y yo he vencido y los hago a ustedes más que vencedores.

Tan cierto como que la cruz es el evento central de nuestra fe, la cruz es inseparable de la resurrección. De la victoria de Cristo sobre toda obra de destrucción, de pérdida, de derrota. Porque la resurrección es el Plan B de Dios para todas nuestras frustraciones, pérdidas, para todos nuestros planes A rotos. Por eso la Palabra dice: si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.

Cuando todos nuestros planes A se mueren, el plan B de Dios opera con todo el poder de la resurrección.

Hebreos 6 hablando de las promesas de Dios dice: Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario,donde antes entró Jesús para abrirnos camino, llegando así a ser Sumo sacerdote para siempre.

Si hay algo que necesitamos cuando nuestros planes A se rompen, es esperanza.

Nuestra fe nace de la oscuridad y de la confusión, nace en la cruz, pero también nace en la tumba vacía. La cruz es más que dolor y confusión, la cruz es la expresión máxima del amor de Dios. Y la resurrección es la expresión máxima del poder de Dios.

Cuando se unen el máximo amor con el máximo poder nacen los planes B de Dios para tu vida y para la mía. Nacen las nuevas oportunidades, renacen los sueños, reaparece la esperanza.

El ancla firme de tu alma, no es que no haya problemas en la vida. El ancla firme de tu alma, es la esperanza de saber que no importa lo que pase, yo tengo un Dios que me ama infinita e incondicionalmente al punto de dar su vida por mí, y tengo un Dios todopoderoso que convertirá cualquier situación de dolor y confusión en mi vida en algo para mi bien.

Cuando tus planes A se hicieron añicos, hay un ancla segura y firme para tu alma. Está hecha de una aleación sobrenatural: el amor y el poder de Dios infinitos.

No dejes el barco a la deriva. No lo dejes sometido a los vaivenes de tus estados de ánimo, de los ataques del diablo. Ahora sujetá tu vida a esa segura y firme ancla que es la esperanza que penetra el cielo: Si Cristo resucitó, su poder resucitará todo lo muerto en mi vida. Creélo.

 

 

 

 Resumen de la predicación del 3 de agosto de 2014 en la Iglesia del Centro de Buenos Aires.

 

 

 

27 agosto, 2016

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