Fundamentos para el encuentro personal y comunitario con Dios

 

“Ofrézcanse a Dios como sacrificio vivo, dedicados a su servicio, y agradables a él.

Esta es la verdadera adoración que deben ofrecer.

No se amolden al mundo actual, sino sean constantemente transformados a través de la renovación de sus mentes” (Romanos 12.1-2).

Los hombres que regresan de esta aventura serán figuras cinceladas por la pureza, la fuerza y el fuego. Han sido purificados en la proximidad arrebatadora de Dios, y sobre ellos aparecerá patente y deslumbradora la imagen de su Hijo. Serán testigos y transparencia de Dios”  Ignacio Larrañaga

Si algo caracteriza a las personas de hoy, en realidad a las de siempre, es su apremiante sed espiritual. Los libros de espiritualidad se encuentran entre los más vendidos de la industria editorial. Miles de hombres y mujeres asisten cada día a templos, mezquitas, cursos de meditación, curanderos y gurús de moda, buscando una experiencia que llene su vacío existencial.

Ocurre que los seres humanos somos incurablemente adoradores. Fuimos creados para adorar. Percibimos que hay más. Intuimos que lo que palpan nuestras manos, lo que escuchan nuestros oídos, y lo que ven nuestros ojos, es solo una parte ínfima de la realidad. Nos sabemos seres limitados, finitos. Necesitamos más. Anhelamos más. Tenemos sed de trascendencia. Y buscamos…

Pero podemos buscar de manera incorrecta. Existen dos tipos de buscadores espirituales

  • Los que pretenden que Dios se parezca a ellos
  • Los que procuran parecerse a Dios

Los del primer grupo creen en Dios, pero adoran otras cosas. Buena parte de la espiritualidad contemporánea se apoya en este ideal: “hagamos a un dios a nuestra imagen y semejanza”. Pareciera que hoy ya no se trata de parecerse a Dios, sino de que él se parezca a nosotros. El fin último, en esta pseudopiedad actual, no es servir a Dios sino que él nos sirva a nosotros. Es una espiritualidad de confort emocional, centrada en el hombre y en sus necesidades. Se busca una experiencia espiritual más que a Dios mismo.

Pero en el segundo grupo se encuentran los que creen en Dios y adoran a Dios. No a un Dios adaptado a sus gustos personales, sino al Dios verdadero. Y lo curioso es que el Dios verdadero no necesita ser adorado. ¡Nosotros necesitamos adorarlo!

Dios diseñó la adoración como una herramienta destinada a transformarnos a su imagen. La verdadera adoración cambia vidas, familias y comunidades. Adorar es intimar con el Dios Eterno y Santo, que todo lo transforma. Al hacerlo, nuestro corazón comienza a palpitar al ritmo de un único deseo: “quiero parecerme cada día más a él”.

Los verdaderos adoradores no adoran solo para sentirse bien, sino también (y sobre todo) para hacer el bien. Jesús dijo: “Estos son los adoradores que mi Papá está buscando” (Juan 4.23). Según Jesús, más que buscar, adorar es dejarse encontrar. Es Dios el que nos busca. La religión es el esfuerzo humano por volver a ligarse a Dios (re-ligión). Pero Dios ya tomó la iniciativa. Por Jesús hoy podemos disfrutar de una relación personal, directa, e íntima con él. Tenemos libre acceso a Dios. ¡Acerquémonos! Nuestra vida nunca será la misma.

Objetivos del curso

  • Definir los temas sobresalientes en el estudio de lo que implica adoración.
  • Identificar la base bíblica para los temas relacionados a la adoración.
  • Exponer los distintos modos de expresión de la adoración personal y comunitaria

Autores del curso

El presente curso fue elaborado por el pastor Sebastián Golluscio. El pastor Ezequiel Rossini fue guien trabajó el escrito reduciendo su contenido para adaptarlo a un curso de Mision-Net.

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  1. EXCELENTE

    ESTE CURSO FUE MUY BUENO Y MUY INSPIRADOR ! MUY BUENA CALIDAD DE CONTENIDO GRACIAS !

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