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EL HOMBRE MAS FELIZ DEL MUNDO

Vivimos en un mundo materialista donde pareciera que siempre tenemos que aferrarnos a algo. Rebelate,  caminá contra la corriente, tomá conciencia de que vos sos el dueño de todo.
En un cuento de los hermanos Grimm leemos:
Un joven había servido siete años a su señor, y pidió su salario para despedirse y volver al lado de su madre. Su señor, complacido, le dio un pedazo de oro tan grande como su cabeza. El oro pesaba mucho, y el muchacho se lo echó al hombro y empezó a caminar. Se encontró a un hombre a caballo y se puso a pensar en voz alta: ‘Qué bueno sería ir a caballo, en vez de tener que cargar con el oro’. El jinete lo oyó y le propuso cambiar. El muchacho le dio el oro y se montó en el caballo, agradecido. A poco de cabalgar, el caballo se desbocó y tiró al inexperto jinete al suelo. Pasaba por allí un aldeano con una vaca, se estableció el diálogo obvio, y se cambió el caballo por la vaca. Cuando el muchacho tuvo sed, quiso ordeñar la vaca, pero esta le dio una patada y lo dejó sin sentido por un buen rato. Así lo encontró un carnicero que llevaba un chancho al matadero y que le explicó que esa vaca era demasiado vieja para dar leche, mientras que el chancho le podía proporcionar salchichas excelentes para todo un año. Trato hecho y adelante con el chancho. En eso se cruzó con un muchacho que llevaba un ganso y que le dijo que habían robado un cerdo en el pueblo de donde él venía, y si lo veían a él con el animal iba a pasarlo mal. El joven se asustó y se emocionó de gratitud cuando el amable muchacho le dejó quedarse con el ganso a cambio del chancho. Por fin llegó el joven al último pueblo del camino, y vio allí a un afilador que cantaba muy alegre mientras trabajaba, de lo cual dedujo el joven que era feliz. Cuando el afilador le dijo que su oficio traía la felicidad, le cedió el ganso a cambio de dos piedras de afilar. Siguió el camino, sintió sed y se arrodilló al lado del arroyo para beber, pero al inclinarse, se le cayeron las piedras del bolsillo y se perdieron en el agua. El joven sintió tal alegría al verse libre del último obstáculo que exclamó con sinceridad espontánea y verdadera: ‘¡Soy el hombre más feliz del mundo!’.
Oro, caballos, vacas, piedras, bienes, títulos, propiedades, conocimiento, tecnología, información…, cosas, muchas cosas, más cosas. ‘Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas’, decía San Ignacio. Y antes que San Ignacio y los hermanos Grimm, el nazareno aparece predicando el Reino del Revés: ‘El que quiera ganar su vida tiene que estar dispuesto a perderla… No se apeguen a nada… ¿Quieren tener? Entonces den…¿Quieren ganar? No tengan miedo de soltar… ¿Se cayó alguna piedra al arroyo? La corriente puede llevarse las piedras, pero no tu felicidad. Vengan a mí… Si buscan en otras fuentes de agua, la sed va a volver… Si beben de la fuente correcta, van a ser de verdad felices…’. El mensaje es más pertinente que nunca.

Vivimos en un mundo materialista

De esto no hay duda. Necesitamos aferrarnos a algo. Todo a nuestro alrededor nos conduce al apego. Los miedos internos y los estímulos externos, socialmente concensuados. En el cumpleaños de un compañero de jardín de mi hijo Ezequiel, de tres años, llegó el momento de la piñata y los padres se acercaron a alentar a sus hijos…: ‘Tenés que agarrar lo más que puedas de lo que cae de la piñata’, le dijo un papá a su nene inexperto. Agarrar poco es señal de flojera. Así crecemos. Y así se nos va estrechando el corazón. Todos pasamos por las estaciones del joven del cuento. Y en medio de la carrera aparece Jesús. Su mensaje es simple y profundo a la vez. Su concepto de realización yéxito, muy distinto al nuestro. Piensa diferente y hace cosas diferentes. ‘No consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse ( …) por el contrario, se rebajó voluntariamente ( … )’. Dueño de todo. Libre para dar y para darse. Seguro de sí. Despojado.

¿Qué es lo que más nos cuesta soltar?

¿Cosas? ¿Bienes? ¿Títulos? ¿Apariencias?¿Tradiciones? ¿Relaciones? La Biblia dice: ‘Despojémonos de todo peso ( …) y corramos (… )’. Que nada te estorbe en la carrera. Corré liviano. Animate a hacer cosas diferentes, como Jesús. Él fue el hombre más feliz del mundo, porque fue el que más dio. ¿De qué se trata la vida? ¡Felicidad! Y, ¿qué debo hacer para alcanzarla? La respuesta es simple: no trates de alcanzarla. No persigas tu sombra, simplemente caminá, y en el camino entregate a Dios y a los demás. Entregate entero. Cuando tengas que cambiar la vaca por el chancho, hacelo sin quejarte. Tu competencia no está en la vaca. No añores el tiempo del caballo, ni el del lingote de oro. Entrá del todo, y salí del todo. No te aburras del ganso si te toca llevarlo varios kilómetros. No te enfermes de aburrimiento existencial, la gran epidemia de nuestro siglo. Manos llenas y corazón vacío. Muchas ideas, mucho entretenimiento, mucho dinero, mucha ‘acción’… y con sabor a poco.
Nacemos cansados y vivimos aburridos.¿Se tratará de eso la vida? No, hay algo más. Hay muchísimo más. Y está en Dios. Un ingenuo, como el joven del cuento, le escribió lo siguiente: ‘¿A quién tengo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra… Tú eres mi herencia eterna… Para mí el bien es estar cerca de ti… Mi alma está apegada a ti… Tu mano derecha es la que sostiene mi vida…’. Indiferente a lo creado y dependiente de Dios. ¡Gloriosa libertad! ¡Dios me basta! Rebelate de verdad. Caminá contra la corriente. Viví en el Reino del Revés. Sentí como el maestro. Vos también sos dueño de todo.

Si querés conocer más de este Dios que te ama,
acercate a Estados Unidos 1273, Buenos Aires.

 

7 noviembre, 2015

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