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LA NIÑEZ por Isabel Expósito

… la gente grande siempre está pensando que los niños no tienen importancia

                                                                                    Lijgia Bojunga

Para muchos recordar la infancia es pensar en tiempos placenteros, de amor y cuidados, de risas y juegos. De cumpleaños con muchos amigos. De algún que otro tropezón, y también algunos retos de papá y mamá.

La niñez tenía olor a chocolate caliente y vainillas que se mojaban en la leche, para deshacerse luego en la boca y terminar dibujándonos en los labios un bigote color marrón.

La salida de la escuela, cogoteando cual avestruces para ver quien encontraba más rápido a mamá o a papá que nos venía a buscar y corríamos hacia ellos.

¡Qué seguros nos sentíamos! Éramos capaces de todo porque siempre contábamos con un par de brazos listos para sostenernos.

Esta habrá sido la experiencia de muchos seguramente. Los especialistas concluyen que cuando la infancia se vive feliz, el adulto que se forma será un ser íntegro, seguro de sí mismo y solidario.

Por mi profesión me toca estar todos los días con cientos de chicos. Pero lamentablemente por lo que puedo ver y escuchar, muchísimos de ellos no van a poder tener esos gratos recuerdos en su vida adulta. La pobreza, el abandono (aunque tengan mamá y papá), la desidia, el desinterés, forman parte de la pesada mochila de estos niños a quienes se les ha robado la infancia. También pertenecen a este grupo aquellos chicos y chicas que sufren de una excesiva presión por parte de los padres quienes se preocupan porque sus hijos sean buenos estudiantes, pero hacen muy poco para que sus hijos sean felices llenándolos de múltiples ocupaciones para las cuales no alcanzan las 24 horas del día.

La Biblia dice que Satanás vino para matar, hurtar y destruir y estos niños son víctimas, sin proponérselo, del accionar del maligno, pero Jesús vino para traer vida y vida en abundancia y ellos lo tienen que saber.

Pierden el magnífico tiempo de la niñez. Maduran rápido y por los golpes de la vida. Crecen con odio y resentimiento. No es para menos: la vida se ha portado mal con ellos y con el tiempo algunos tomarán revancha.

Jesús dijo que de los niños es el Reino de los Cielos. Ellos deben enterarse de que Dios sí los ama, que es un Padre amoroso siempre dispuesto a abrazarlos y cuidarlos.

Nosotros que nos llamamos hijos de Dios, debemos clamar fervientemente al Señor por cada niño y niña para que nadie les robe la infancia y para que su toque de amor cubra y resguarde y sane a aquellos que sufren el dolor cotidianamente.

Señor, vos que me regalaste una hermosa infancia, te pido por todos esos niños y niñas que sufren las consecuencias de los malos actos de los adultos. Te pedimos que Satanás quite de ellos sus sucias manos y libere sus vidas. 

                                                                                              Amén

25 noviembre, 2015

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