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Curso: Enseñanza Bíblica de la Niñez
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Tercera Parada

Una relación muy especial

Ya hablamos de espacios. Ya hablamos de lo que era la Educación Cristiana. Ahora vamos a hablar de una relación especial y que es aquella que se establece en toda clase que se precie de serlo. En toda situación educativa existen tres elementos fundamentales, cada uno sumamente importante para que el proceso se dé exitosamente. Estos elementos son:

  • a) el alumno;
  • b) el contenido; y
  • c) el maestro.

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Veamos sintéticamente las características de cada uno:

El alumno: es la persona a quien va dirigida nuestra enseñanza. Es la prioridad de todo maestro. Todas las actividades y recursos deben estar pensados exclusivamente para él. Cada alumno es individual y cada uno especial para Dios.

El contenido: es lo que se quiere transmitir. En el caso de la Educación Cristiana los contenidos principales son: la misma Palabra de Dios y la Evangelización del niño.

El maestro: es el intermediario entre el contenido y el alumno. Es la persona que debe acercar, a través de diferentes estrategias, la Palabra de Dios a los niños de modo tal que estos puedan vivenciarla para que realmente haya un verdadero cambio en sus vidas. Pero en la Educación Cristiana contamos además con una gran ayuda y es el mismo Espíritu Santo quien es nuestro inspirador y guía. ¡Bendito sea el Señor porque nos dio este regalo tan preciado! ¡Aprovechémoslo!

El papel del maestro como creador de situaciones de diálogo

Cuando vemos a alguien que habla solo por la calle o en algún otro lugar, decimos que tal persona está un poquito loca… La actitud de hablar solo o sola se relaciona más con un problema mental que con una simpática costumbre.

Hablar, decir la Palabra, significa, dice el educador brasileño que nombramos más arriba, necesariamente un encuentro de los hombres, la verdadera educación es diálogo.

Sin duda todos nosotros participamos alguna vez a clases que eran monólogos. Sólo se escuchaba la monótona voz del maestro o maestra y nuestras caras disimularon más de una vez, una modorra que se hacía cada vez más pesada en los ojos.

Cuando el maestro genera en su clase una situación dialógica, el alumno/a se convierte en un participante activo, por lo tanto estará más lejos de dejarse atrapar por la somnolencia ya que se requiere de su voz para que el diálogo se produzca.

Pero es importante detenernos también en otras funciones que tiene el maestro dentro de la Educación Cristiana:

a. Sirve de guía

Dependiendo del Espíritu Santo, quien habita en su interior como fuente de toda enseñanza espiritual, el maestro guía a sus alumnos hacia estimulantes experiencias de aprendizaje.

Un buen maestro primero piensa en los miembros de su grupo individualmente y en sus necesidades especiales. Después selecciona las metas (propósitos) para la clase, algo que cada alumno podrá hacer al finalizar la actividad (algo razonable y alcanzable). También decide qué métodos de aprendizaje ayudarán mejor a sus alumnos a alcanzar los propósitos establecidos. Algunos de los alumnos más hábiles asimilarán fácilmente las verdades espirituales, otros tendrán más dificultades para entenderlas. Pero al ministrar el más rápido al más lento, y al animar, afirmar y guiarlos, el maestro, se funde en un lazo espiritual y van hacia la meta juntos.

El maestro tiene que permitir que los alumnos puedan explorar libremente la Palabra para que ellos sean quienes descubran lo que Dios quiere decirles y no darles todo ya “digerido” de modo que los niños no puedan descubrir ellos las verdades bíblicas.

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Cuando el maestro decide que ser guía es mejor, puede tener dificultades al principio, para pasar por la transición de uno que dice a uno que guía. Los maestros, en su mayoría usan los métodos de enseñanza usados por sus propios maestros, perpetuando así las prácticas del aprendizaje pasivo, que lejos está de la situación de diálogo de la que hablamos más arriba.

Experimentar una clase de “participación” en acción, ayudará también a los maestros a darse cuenta de cuánto más aprenden los alumnos cuando se les da libertad para explorar juntos con el maestro, presente para guiar y señalar la dirección correcta.

b. Estimula y motiva

Un buen maestro procurará estimular a sus alumnos. Hará emocionante e interesante el aprendizaje para ellos. Va a planear involucrar a sus alumnos activamente en la clase y usará creativamente el salón (espacios).

El maestro debe recordar que el entusiasmo se contagia, no se enseña. Su propio entusiasmo por lo significativo de la Palabra de Dios y su propia emoción para que los niños aprendan son dos de los recursos más poderosos que puede tener.

c. Sirve de modelo

Lo más importante en el proceso de la enseñanza no son los dichos del maestro, sino la clase de persona que es. Un educador dijo una vez que “recientemente la investigación ha confirmado el hecho que cuando usted enseña una cosa y modela otra, la enseñanza es menos efectiva que cuando practica lo que enseña.”

¡Cuánta verdad hay en esto para la educación cristiana! Jesús dijo “El discípulo no es superior a su maestro, más todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.” (Lucas 6.40). Pablo dijo que él y sus colaboradores vivieron como lo hicieron “por darnos a nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis” (2° Tesalonicenses 3.9). También dijo: “Sed imitadores de mí como yo de Cristo” (1 Corintios 11.1).

El maestro contrae un verdadero compromiso con sus alumnos. Es un compromiso para ser ejemplo y comunicador de la verdad de Dios. Más aún, si el maestro quiere que la vida de sus alumnos cambie en todos sus aspectos, debe preguntarse qué impacto está haciendo él en la vida de los niños. NO puede pedir ni aspirar a que sus niños o adolescentes vivan más allá de la entrega que él ha hecho de sí mismo.

d. Se interesa

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Los maestros de la Biblia deben imitar el ejemplo de Jesús en su interés por sus amigos y discípulos. Zaqueo, la suegra de Pedro, Marta, María y Lázaro, son muestras del amor que el Maestro sentía por ellos. De la misma manera, el maestro logra un acercamiento afectivo con los alumnos, que va más allá de la clase. Estará con ellos compartiendo sus logros como así también sus luchas diarias. Apoyará y alentará a sus alumnos de modo tal que vean en él el reflejo del amor de Dios.

e. Es creativo

Dios es un Dios creador por excelencia. Fue su poder creador el que hizo los cielos y la tierra y el que hizo a cada uno de nosotros.

Debemos pedir a Dios que nos comparta su creatividad. Es la clave para la enseñanza eficaz. La creatividad permite que el maestro no caiga en estereotipos y cada clase se convierta en un ritual, donde los chicos ya saben de antemano qué es lo que va a ocurrir, ya que su maestro hace todos los sábados o domingos las mismas actividades, sólo cambia el protagonista de la historia.

Decíamos anteriormente que en la relación alumno- maestro- contenido, está la presencia de Dios creador. Si el maestro se somete a su autoridad, verá que Dios derramará sobre él una unción fresca de creación para que sus clases sean un verdadero manantial de agua fresca para sus alumnos. NO confiemos en nuestra capacidad creativa, pues más de uno dirá que no la tiene. Atención: no depende de nosotros, sino de Dios.

f. Reflexiones finales

Como cierre de este primer encuentro les dejo unas preguntas con unas respuestas posibles. NO son para contestar en público sino para que en el encuentro personal con Dios, puedan meditar sobre todo lo visto para aceptar el desafío de ser maestros de niños/as y adolescentes de la Iglesia del Señor.

 

¿Por qué enseño/ quiero enseñar yo?

 Solamente porque hacen falta maestros en las actividades con los niños y adolescentes.

  1. Es una obligación que tengo que cumplir.
  2. Porque amo fervientemente al Señor y quiero servirle y arde mi corazón el mandamiento “… id y haced discípulos… enseñándoles…” (Mateo 28.19-20)
  3. Enseño porque siento una verdadera pasión por las almas que se pierden y quiero acercarlas al camino del Señor para que puedan alcanzar una vida abundante como promete Jesús en su Palabra.

 

La motivación del maestro afecta su actitud hacia su clase, su preparación y presentación de la lección, su fidelidad al cargo que tiene y el éxito que puede esperar, es decir, resultados verdaderos de su enseñanza.