Concepto de aprendizaje y enseñanza. Sujeto de enseñanza. El lugar de la enseñanza en nuestro contexto
a) Enseñar y formar- algunos conceptos teóricos
b) Diferentes tipos de saberes y enseñanzas
c) Quienes aprenden-
Planificaciones. Diferentes formatos y tiempos.
El armado de una clase. Momentos, Propósitos, objetivos, metas. Áreas de conocimiento y aprendizaje.
Estrategias de enseñanza. Partir y llegar a la realidad de la vida de los alumnos. Los sí o si las guías, debates. Contar historias, el arte de narrar.
Evaluación de los aprendizajes: qué evaluamos: conocimientos, procesos, haceres, sujetos?
Algunas características a tomar en cuenta al estudiar la Biblia, como objeto particular, diferentes formas textuales y normas de interpretación
• Método inductivo
• Método temático
• Partir de problemas.
“… la gente grande siempre está pensando que los niños no tienen importancia”. Lijgia Bojunga
Para muchos recordar la infancia es pensar en tiempos placenteros, de amor y cuidados, de risas y juegos. De cumpleaños con muchos amigos. De algún que otro tropezón, y también algunos retos de papá y mamá.
La niñez tenía olor a chocolate caliente y vainillas que se mojaban en la leche, para deshacerse luego en la boca y terminar dibujándonos en los labios un bigote color marrón.
La salida de la escuela, cogoteando cual avestruces para ver quien encontraba más rápido a mamá o a papá que nos venía a buscar y corríamos hacia ellos.
¡Qué seguros nos sentíamos! Éramos capaces de todo porque siempre contábamos con un par de brazos listos para sostenernos.
Esta habrá sido la experiencia de muchos seguramente. Los especialistas concluyen que cuando la infancia se vive feliz, el adulto que se forma será un ser íntegro, seguro de sí mismo y solidario.

Por mi profesión me toca estar todos los días con cientos de chicos. Pero lamentablemente por lo que puedo ver y escuchar, muchísimos de ellos no van a poder tener esos gratos recuerdos en su vida adulta. La pobreza, el abandono (aunque tengan mamá y papá), la desidia, el desinterés, forman parte de la pesada mochila de estos niños a quienes se les ha robado la infancia. También pertenecen a este grupo aquellos chicos y chicas que sufren de una excesiva presión por parte de los padres quienes se preocupan porque sus hijos sean buenos estudiantes, pero hacen muy poco para que sus hijos sean felices llenándolos de múltiples ocupaciones para las cuales no alcanzan las 24 horas del día.
La Biblia dice que Satanás vino para matar, hurtar y destruir y estos niños son víctimas, sin proponérselo, del accionar del maligno, pero Jesús vino para traer vida y vida en abundancia y ellos lo tienen que saber.
Pierden el magnífico tiempo de la niñez. Maduran rápido y por los golpes de la vida. Crecen con odio y resentimiento. No es para menos: la vida se ha portado mal con ellos y con el tiempo algunos tomarán revancha.
Jesús dijo que de los niños es el Reino de los Cielos. Ellos deben enterarse de que Dios sí los ama, que es un Padre amoroso siempre dispuesto a abrazarlos y cuidarlos.
Nosotros que nos llamamos hijos de Dios, debemos clamar fervientemente al Señor por cada niño y niña para que nadie les robe la infancia y para que su toque de amor cubra y resguarde y sane a aquellos que sufren el dolor cotidianamente.

Señor, vos que me regalaste una hermosa infancia, te
pido por todos esos niños y niñas que sufren las
consecuencias de los malos actos de los adultos.
Te pedimos que Satanás quite de ellos sus
sucias manos y libere sus vidas. Amén
Todo era tan lindo cuando vivía en el campo. La casa tenía hasta un gallinero. Yo conversaba con todos, gallinas, perros, gatos, lagartijas, conversaba con tanta gente que ni te imaginas […] Papá y mamá vivían riéndose, tomados de la mano, era lindo de ver. Ahora todo es distinto: andan siempre de mala cara, pelean, discuten por cualquier cosa. Y claro, después todo el mundo queda enfadado. Un día les pregunté:”¿Qué es lo que está pasando que a cada momento pelean?” ¿Y sabes qué me contestaron? Que eso no debía importarle a los niños. Y lo peor es que ese asunto de los disgustos en casa me pone muy, muy triste. Me gustaría tanto encontrar un remedio para olvidarme de las peleas y de las malas caras. ¿Será que tú me puedes dar ese remedio?
El anterior párrafo pertenece a un libro para chicos llamado “La bolsa amarilla” escrito por Lygia Bojunga, una escritora brasileña, que entiende como nadie el pensamiento y el sentimiento infantil.
La familia moderna no suele muchas veces tener en cuenta a los niños. Creen que son invisibles. Que no tienen la capacidad suficiente para comprender qué pasa a su alrededor. Pero sabemos bien que esto no es así sino que contrariamente a lo que se piensa, los niños son sumamente perceptibles a lo que los rodea y comienzan a desarrollar mecanismos de defensa ante diversas situaciones.

La protagonista disfrutaba de ver a sus padres tomados de la mano y reírse. ¡Era muy feliz con algo que parece tan simple! No hay cosa que les dé más seguridad a un niño/a que ver a sus padres unidos y contentos. Y saber que a pesar de las dificultades que se presenten, ellos permanecen unidos, juntando sus fuerzas para salir adelante. Los niños/as que se desarrollan en este ambiente crecen con sentimientos de paz y felicidad y tendrán luego el coraje suficiente para sortear los obstáculos o los desafíos que se les presenten.
Dice luego, Raquel, así se llama la protagonista, que de repente todo cambió y que sin saber muy bien por qué o a causa de qué ahora los padres comenzaron a pelear y discutir por cualquier cosa. Y lo peor no sólo es la discusión sino que todos y por mucho tiempo se siente en la casa ese ambiente hostil. No tenemos idea de cuántos chicos se encuentran en esta situación cotidianamente. A veces quedan en medio de la pelea, otras salen en defensa de uno de sus progenitores, otros son confinados a encerrarse en sus cuartos como si esto los aislara del problema del que ellos no eligieron ser parte.
Fijémonos que la niña dice que cuando les exige una explicación le contestan que no es cosa de niños. ¿Y qué es lo que le quieren decir con esto? ¿No pueden enterarse de algo que debe permanecer oculto? ¿Que no tienen derecho a opinar o a demostrar su aprobación o desaprobación sobre un determinado tema familiar? ¿Es que por ser niños no se los considera con la capacidad suficiente para hablar sobre lo que les pasa? ¿Por qué será que aunque vivamos en una sociedad que se dice muy moderna, sigue tratando a los niños como objetos que pueden manipularse al antojo de los adultos? Nos olvidamos muy rápidamente que el Maestro de Maestros, el Señor Jesús, les dijo a sus contemporáneos que si querían heredar el reino de los cielos, debían volverse como niños. Ellos son los dueños de su Reino. El Señor sabía muy bien de la sinceridad, de la honestidad, de la frescura y de la humildad de los niños. Sólo con ese corazón era posible entender el amor de Dios.
¡Debemos tener mucho cuidado con subestimar a los niños!
Cuando avanzamos en la lectura del párrafo vemos que Raquel sufre una de las consecuencias más nefastas, su corazón se llena de angustia, ver pelear a sus padres la entristece. Su vida ya no es alegre, ahora tiene que tratar de sobreponerse a tener que presenciar las peleas de sus padres. Por eso enseguida pide un remedio. Le pide a su amiga si ella se lo puede dar. ¡Qué cuadro tan triste! La idea de un remedio es buscar una solución rápida, que con una toma pueda todo volver a la situación inicial. Pero para su decepción, no existe un elixir mágico que logre tal cometido. Los padres comienzan entonces a, como dice un especialista, divorciarse emocionalmente: siguen juntos, viven en la misma casa, pero atendiendo cada cual a su juego. No son capaces de visualizar y darle forma y nombre al conflicto para poder, juntos como familia encontrarle una solución. Entonces comienzan los turnos con los psicólogos, los psicopedagogos, los ansiolíticos. Nadie quiere ceder. La victoria es del que se cree más fuerte, del que tenga el poder.
Y aquí siempre pierden los niños. Las fuerzas son dispares. Ellos necesitan que los acompañen y ayuden a crecer. Están en inferioridad de condiciones.
Muchos padres llenan estos huecos en los corazones de los niños comprándoles cosas materiales. Lo necesiten o no tratan de comprarlos con objetos. En algunos casos serán futuros niños y adolescentes caprichosos que querrán tener todo al instante y a todo el mundo a sus pies.
Pero sabemos que sí hay un remedio. Por más crítica que sea la situación. Y ese remedio es Jesús. Dice la Biblia que Él vino para sanar a los enfermos y para dar libertad a los cautivos. Si, cuando comienza la dificultad, sea cual fuere, la presentamos delante de Dios, mostrándonos necesitados de su ayuda y reconociéndonos impotentes para resolverlo solos, Dios nos promete su asistencia, nos tiende su mano y dejando nuestras cargas a los pies de la cruz, él nos da de su paz la que como un río comienza a regar nuestros corazones, y ya no hay discusiones sino la toma de decisiones en forma adulta, recomponiendo la comunicación, incluyendo un toque de humor, y podremos ver como todo puede volver a ser como antes o incluso mejor.

Señor, te pedimos perdón por ofender
a nuestros niños desmereciendo y despreciando
su presencia en nuestras familias.
Perdónanos por llenarlos de angustia con
nuestro proceder. Queremos cambiar
la discusión por un diálogo amable y fructífero
que traiga paz al hogar. Necesitamos de tu auxilio
porque solos no podemos hacerlo.
Ven Señor Jesús, haz morada en
la vida de nuestra familia. Amén