
Una vez más, y como vimos a través de nuestros encuentros, seguimos insistiendo en lo importante que es el trabajo con los niños y cuánta responsabilidad requiere. Cada clase tendrá un momento de llamado de entrega de la vida de los niños a Dios, será una oportunidad para que cada chico tenga un encuentro personal con Jesús y para que su vida y entorno pueda cambiar más allá de cualquier circunstancia.
Si nos embarcamos en este viaje como ofrenda a Dios, nuestro compromiso es dedicarnos a la preparación de cada clase siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos en cada encuentro con los chicos. Dios quiere de nosotros lo mejor, que busquemos la excelencia, que seamos curiosos y creativos para sorprender a nuestros alumnos, en fin, Dios nos quiere mucho y nos quiere ayudar.
Pongámonos en las manos del mejor Capitán, con oración y estudio para que la extensión de su reino sea una realidad y poder ser así parte del plan de Dios para bendición de quienes están o estarán en nuestras manos.