Establecer el propósito o la verdad central
Después de lo trabajado en el punto b) ya deberíamos tener una idea clara de cuál es la verdad central: ¿enseña este pasaje fe, amor, obediencia, nuestro deber con el prójimo, etc.? ¿Se trata de un mandamiento directo del Señor? ¿Es un pasaje para llevar al niño a la salvación?

Debemos reflexionar sobre cuáles son las necesidades de los alumnos. ¿Les hace falta entender mejor la importancia de obedecer a Dios y cómo practicarlo diariamente en sus vidas? ¿O necesitan saber quién es Dios, cómo es Dios y comprender su grandeza?
Una vez decidido el propósito, es aconsejable que se escriba esta verdad en una sola frase. El propósito u objetivo deberá ser claro, conciso, específico, algo que el alumno pueda entender y cumplir.
Considerar la edad de los alumnos y el propósito de la lección. Estos dos elementos son imprescindibles para tener en cuenta el vocabulario, la extensión, la idea que expresa el versículo. La memorización requiere la repetición y una buena idea es un concurso para poner en juego el conocimiento de los versículos memorizados. Este tema de la memorización ha sido cuestionado, pero lo cierto es que nuestra mente y la de los niños deben llenarse de la palabra de Dios. Alguien dijo que la mente vacía es el taller de Satanás. Estos versículos memorizados en la infancia los recordaremos durante toda la vida: Salmo 119.105 “Lámpara es a mis pies tus palabras y lumbrera a mi camino.”

Aquí influyen varios factores: edad de los alumnos, intereses, carácter y extensión de la lección, tiempo y espacio disponible, materiales y recursos necesarios.
Un buen maestro varía de métodos y materiales para que la presentación sea más eficaz. El maestro debe ser creativo y este es el momento de ponerlo en juego. Si siempre hacemos lo mismo los chicos notarán que somos predecibles y se aburrirán, en cambio si variamos de métodos y recursos, los niños se sorprenderán cada clase y estarán predispuestos a lo desconocido y aumentará el interés por la lección.
Los maestros deben seleccionar lo que les ayude a alcanzar su propósito. Debemos aprender a simplificar y a clarificar nuestra enseñanza.
Algunas herramientas posibles son: ilustraciones, pizarrones, películas, mapas, cuadros, métodos grupales como discusiones, torbellino de ideas, debates, para los más grandes, etc.

Esta parte de la lección debe incluir los puntos principales o divisiones generales. Bajo cada punto, se deben agrupar las ilustraciones que usará: ayudas visuales, películas, métodos grupales, etc.
Veamos un ejemplo:
Si nos sometemos a Dios y a su voluntad, Él nos dará la sabiduría para detectar las necesidades de nuestros alumnos y podremos encontrar el método adecuado para los niños.
Este plan debe ser breve y sencillo. Con la práctica lo podrán hacer más rápidamente y les ahorrará esfuerzo y tiempo a la vez que les permitirá más eficacia en la enseñanza.
El siguiente es un “Plan tipo”:
Título de la lección
Pasaje bíblico
Verdad central o propósito
Versículo para memorizar
Métodos didácticos
Materiales (ayudas visuales)
Bosquejo de la lección
Tareas o investigación del alumno
Evaluación
Si se trata de gráficos grandes o máquinas para proyectar, tenga todo en su lugar y verifique el correcto funcionamiento. No se debe interrumpir la clase con arreglos y ajustes después de que la clase haya empezado. Hay que asegurarse la buena visibilidad desde todas las partes del aula. Hacer planes para una transición al uso de la ayuda visual sin interrupciones. El propósito de la ayuda visual debe coordinar con el de la lección.