La sanidad ha sido generalmente dejada en manos de la profesión médica, psiquiátrica o psicológica, entre otras, con las iglesias sirviendo solamente como recurso de consuelo y apoyo espiritual mediante la visitación de los enfermos o colaborando con el establecimiento de hospitales.
En las últimas décadas, pentecostales y carismáticos han llamado la atención sobre la ense-ñanza y la práctica neo testamentarias.
El ministerio de sanidad de la iglesia es un aspecto del evangelio que debería ser una práctica regular y natu¬ral de la vida total de la iglesia y de su empeño por cumplir con la misión que el Señor le encomendó.
Cuando se hace una consideración histórica de los dones de sanidades y del ministerio de sanidad de la iglesia, es posible señalar diversos acercamientos interpretativos a los mis¬mos. Los modelos pueden ser agrupados en cuatro categorías, que denominare¬mos: secularista, tradicional, extremista, y evangélica.
a. Perspectiva materialista.
Descarta la posibilidad de una intervención divina sobrenatural sobre la enfermedad: “si estás enfermo, ve al médico.”
Todos los milagros tienen una explicación natural o racional, conocida o todavía desconocida para la ciencia: las sanidades también tienen una explicación natural: diagnóstico mal hecho o remisión espontánea.
Este planteo ha sido desafiado desde la propia ciencia.
Desde la ciencia médica clínica, cada vez se reconocen más los elementos psicosomáticos que intervienen en los procesos de enfermedad: factores emocio¬nales como culpa, resentimiento o temor producen enfermedades.
b. Perspectiva desmitologizadora.
Intenta eliminar los elementos más “primitivos” del registro bíblico: ánge¬les, demonios, lenguas, sueños, visiones y sanidades son parte de una concepción del mundo mitológica, que es pre-científica.
La creencia en demonios y sanidades milagrosas, como la realidad de lo sobrena¬tural en el cristianismo, es puesta en tela de juicio.
La sanidad sobrenatural no tiene sentido frente a la cosmología actual.
Los milagros, por no ajustarse a un marco racional y científico, deben ser rechaza¬dos.
El problema no está en lo que la desmitologización pretende hacer, sino en el resultado que logra.
Termina por poner en tela de juicio realidades cristianas cardinales corno el naci¬miento virginal, la encarnación, la resurrección, el poder de Dios para salvar, etc.
a. Perspectiva dispensacionalista.
Dios hizo sanidades en tiempos apostólicos para establecer la iglesia y autenticar la predicación del evangelio hecha por los apóstoles, pero no ocurre lo mismo en la presente dispensación.
El dispensacionalismo sostiene que Dios trata con la humanidad en dispensaciones sucesivas a lo largo de la historia, cada una de ellas con sus rasgos o características particulares.
Según los dispensacionalistas, los dones de sanidades estuvieron limitados a un
período particular de la historia, que terminó con la muerte del último apóstol o cuando se cerró el canon bíblico. d. 1 Co. 13.10.
No hay base bíblica para dividir en dispensaciones la historia y el accionar de Dios.
a) Jesús encomendó el ministerio de sanidad y liberación a los apóstoles (Mt. 10.1; Mr. 3.13-15; 6.7; Lc. 9.1): éstas son acciones apostólicas.
b) Pero también encomendó estos ministerios a todos los creyentes (Hch. 1.8; Jn. 14.12¬14) es parte de la tarea apostólica de la iglesia.
c) Orar por los enfermos para su sanidad es tan imperativo y actual como predicar el evangelio del reino: Mr. 16.15-18 – esta es la misión integral de la iglesia.
b. Perspectiva punitiva.
Enfatiza el valor disciplinario de la enfermedad.
Si se descartan los factores humanos, nos quedamos con dos posibilidades: la en¬fermedad viene de Dios o viene del diablo. Ambas posibilidades tienen apoyo bí¬blico.
Todas las enfermedades vienen del diablo.
En el NT y en la iglesia primitiva era dominante el concepto de un conflicto dramá¬tico entre Dios y el diablo: Jesús vino a establecer el reino de Dios y a destruir las obras del diablo.
Sanidad y liberación fueron parte del ministerio con el que Cristo finalmente triunfó sobre el mal, la enfermedad y la muerte en la cruz.
La vida y obra de Cristo muestran que Dios desea nuestra sanidad y que la enfer¬medad viene de Satanás.
Todas las enfermedades vienen de Dios
Se concibe la enfermedad como un castigo por el pecado: si uno se arrepiente y confiesa el pecado, la salud es restaurada.
El sufrimiento puede ser redentor y es para nuestro propio bien.
Exagera y parcializa conceptos bíblicos.
En términos bíblicos, no hay una relación directa y necesaria entre enfermedad y pecado: hay personas justas que se enferman y de hecho, todos morimos.
a. Perspectiva del rechazo de la medicina
Rechaza el uso de la medicina en cualquiera de sus formas.
La medicina y la cirugía son el camino del mundo; la sanidad sobrenatural es el camino de Dios.
La actitud del creyente frente a la enfermedad debe ser integral y balancea¬da entre lo natural y lo sobrenatural.
b. Perspectiva de la demanda de fe
Dios es bueno y nos ama, y desea nuestro bienestar; por eso, salud y pros¬peridad son sólo para quienes las reclaman por fe, en el nombre de Jesús y sin ningún elemento de duda -la clave de todo es fe.
La demanda de fe llega a ser fe en la fe más que fe en Dios: se enfatiza tanto la fe que ésta se transforma en ley.
Este concepto de fe es pagano, totalmente ajeno al evangelio, y puede llevar a la frustración de aquellos que no son sanados y han ejercido fe.
Cuando la sanidad no ocurre, la razón que se da es el pecado no confesado o la falta de fe del enfermo, que carga con toda la responsabilidad.
Cuando la sanidad ocurre, quien ministra sanidad se lleva todos los laureles, por¬que ha provisto la fe que era necesaria.
a) En su pretensión de que Dios desea sanar absolutamente a toda persona enferma, este concepto va más allá de las Escrituras al pretender conocer lo desconocido (la mente de Dios), y Dios pasa a ser una especie de servidor del ser humano, quien paga con fe los servicios prestados.
b) Se deja de lado el lugar legítimo y necesario del sufrimiento en la vida cristiana: el sufrimiento tiene un enorme valor redentor en el evangelio cristiano.
c) Hace de la oración por sanidad no un ruego sino una orden a Dios: “Porque es tu voluntad”.
La respuesta al olvido del ministerio de sanidad de la iglesia y a las posiciones equivocadas o extremas que hemos señalado está en una nueva aproximación, que par¬te de la convicción de que el ES está restaurando los dones de sanidades en la iglesia hoy.
¿Qué es lo central en este acercamiento?: la recuperación del ministerio de sanidad como parte integral de la misión de la iglesia y como expresión normal de la vida del cuerpo de Cristo.
El ministerio de sanidad debe ser un ministerio continuado y regular de oración y acción, diferente de pero en cooperación con la profesión médica.
Este ministerio debe cumplirse en dos dimensiones: la individual y la social.
1) Dimensión individual de la sanidad.
Un ministerio de sanidad individual integral en la iglesia tiene que ver con varias áreas de la vida humana: espiritual, emocional, física, mental y relacional.
• La sanidad espiritual: tiene que ver con la relación correcta con Dios, libre de toda demonización – yugo, atadura, opresión, etc. (liberación).
• La sanidad emocional: tiene que ver con la sanidad de las emociones y de la memo¬ria (sanidad interior).
• La sanidad física: tiene que ver con el funcionamiento total del cuerpo (salud físi¬ca).
• La sanidad mental: tiene que ver con las psicopatías y desórdenes de la personali¬dad (equilibrio mental).
• La sanidad relacional: tiene que ver con la relación armónica del individuo con otras personas (reconciliación).
2) Dimensión comunitaria de la sanidad.
La sanidad comunitaria (social) tiene que ser también parte de la agenda de la iglesia, como parte de su respuesta a su misión de manifestar el poder de Dios y desafiar las dimensiones estructurales del mal. abarca: la sanidad de la iglesia y la sani¬dad de la sociedad
Para poder sanar a la sociedad, la propia iglesia como comunidad debe estar
sana. Esto significa que la iglesia debe contribuir a cambiar las condiciones en que el ser humano vive en la sociedad.
La iglesia debe ser un modelo de comunidad sana para toda la sociedad
La iglesia debe imitar a Jesús en su función sanadora de la sociedad. Hch. 10.37-38.