Desde comienzos de la historia, la religión y la medicina han estado estrechamente asociadas, con un énfasis sobre los aspectos mentales de las dificultades de la vida. Incluso las enfermedades físicas eran tratadas mediante lo que ahora se llama psicoterapia.
Se pensaba de los desórdenes mentales como una cuestión de demonología y se utilizaban varias técnicas para exorcizar a los demonios. Chamanes, brujos, magos, hechiceros, sacerdotes se ocupaban de esto.
Con el tiempo, se desarrolló la investigación científica, que llevó a un conflicto inevitable entre ciencia y religión. Esta guerra se basó en tres frentes sucesivos: El mundo alrededor del ser humano, el mundo del ser humano y el mundo dentro del ser humano.
La calidad de nuestra relación con Dios, los valores que orientan nuestras decisiones, los significados que dan propósito a nuestra vida … todo esto influye profundamente sobre todas las áreas de nuestra vida.
La religión es mal usada cuando se la usa corno una vía de escape de la realidad, cuando provee de un falso sentido de seguridad, cuando se la usa para comprar una justificación de los resultados de errores o mala conducta, cuando da un halo de santidad que es narcisista y centrado en el ego, y cuando crea mecanismos de dependencia que estimulan al individuo a echar sus cargas sobre el Señor y lo anulan para hacer algo por sí mismo.
Hay manifestaciones neuróticas que guardan cierta similitud con algunas formas religiosas. Hay parecido entre las neurosis y ciertas formas religiosas primitivas. Eric Fromm menciona: adoración de ancestros, ritualismo, y totemismo como reacciones neuróticas del ser humano moderno. La adoración de ancestros es una fijación neurótica sobre el padre o la madre, por parte de un individuo que no puede romper la relación de dependencia. El ritualismo aparece en muchos tipos de neurosis compulsivas. El totemismo hace que la persona se focalice en este objeto y le rinda toda su devoción.
La religión puede dar un sentido de seguridad cósmica. El ser humano moderno siente una profunda soledad en su corazón y necesita de afirmación espiritual para sentirse parte del universo.
La religión puede proveer de motivaciones para la vida. Es importante tener una razón para vivir.
La religión ayuda al individuo a aceptarse. El realismo cristiano es fuente de salud mental.
La religión hace posible las experiencias de confesión. La confesión le pone fin al aislamiento: la catarsis es una técnica bien conocida en psicoterapia. La confesión: 1) Limpia la mente. 2) Alivia la conciencia. 3) Pone fin al aislamiento.
La religión estabiliza en tiempo de crisis. Los períodos de crisis son característicos de las etapas de crecimiento normal: nacimiento, madurez, matrimonio, nacimiento de hijos, ancianidad, enfermedad, muerte.
La vida de grupo ayuda al individuo: le da un sentido de pertenencia, ofrece protección de amenazas reales o imaginarias, le hace renunciar a sus deseos egoístas, y estimula su auto-estima.
Cada líder cristiano debe ser consciente de que hay algunas maneras poco saludables de pensar y de ser, que generalmente se encuentran en la iglesia y en nuestro ministerio, y que pueden llevar a las personas cuesta abajo a una eventual crisis espiritual y emocional.
Primero, la crisis de la negación. Algunas personas y familias tienen en operación una dinámica muy poderosa, en el sentido de que siempre se sienten obligadas a decir que todo está bien, que sus cosas marchan viento en popa. En este contexto, cualquier cosa mala o negativa es negada rotundamente.
Debemos procurar un balance en nuestras personalidades. Todos nosotros usamos la negación como un mecanismo de defensa y la negación puede ser una parte importante de la salud mental.
Segundo, la crisis de la proyección. La gente muy frecuentemente proyecta las partes no queridas de sí mismos sobre otras personas y luego las combaten en esas personas. Todos nosotros tenemos partes de nosotros mismos que nos resultan difíciles de reconocer, admitir o traer a nuestra conciencia. Este es el lado sombrío de nuestras vidas.
Tercero, la crisis de irresponsabilidad. Las personas esperan que dios o algún otro hagan todas las cosas. Esta manera de pensar hace que nos sintamos como en las manos del destino o de fuerzas que están más allá de nuestro control.
Cuarto, la crisis del legalismo. El gran destructor de la felicidad en muchas personas de fe ha sido el legalismo. El legalismo es una religión de logros humanos a través de los cuales intentamos sentirnos seguros al estar en control y hacer todas las cosas de la manera correcta.
Sin embargo, la satisfacción producida por el legalismo no dura mucho tiempo porque siempre hay una demanda mayor que se asoma por el horizonte y desafía nuestra seguridad y conformismo. Para el legalista el mundo gira en torno al cumplimiento de ciertos deberes y la obediencia a un número de leyes.
Quinto, la crisis de la ansiedad. Muchos eventos en la vida producen crisis de inestabilidad e inseguridad, que resultan en ansiedad, el desorden emocional de nuestro tiempo. La ansiedad es una de las respuestas más frecuentes de nuestras vidas, y puede causarnos estados de temor y de aprehensión.
Sexto, la crisis del narcisismo. El desorden de la personalidad que se conoce como narcisismo representa el extremo de un yo inflado o infatuado, que es resistente al cambio. Una persona narcisista es como Adán y Eva con su deseo de ser como Dios. La persona afectada de narcisismo tiene un sentido infatuado de sí mismo. El yo inflado generalmente encubre a un yo inseguro, un yo que se siente inadecuado y no aceptado
Séptimo, la crisis de la condenación. Algunas personas más perturbadas lo están por la culpa. Muchas personas están viviendo condenándose por acciones pasadas. Otras sufren de una conciencia supersensible, que emocionalmente los golpea por cualquier imperfección imaginable.
Octavo, la crisis de la conformidad. La conformidad o la indiferencia es una callejón sicológico sin salida, que hace que una persona se transforme en una especie de autómata atrapado en viejas mentalidades.