Currículum
Curso: Sanidad Integral -II
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l. Biblia y salud mental

A. Términos y definiciones

La enfermedad mental es el trastorno psicosocial no orgánico en el que el individuo es incapaz de proteger su yo o sí mismo social lo suficiente como para participar en la vida social ordinaria y obtener, por lo menos, un grado mínimo de recompensas psicológicas.

Heb. siggaon; gr. ekstasis, moría; lat. amentia, insania. En sentido literal se denomina locura a la enfermedad que consiste en la privación del recto uso de la razón.

 

Definiciones de salud mental de autores occidentales.

a. Hadfield: La salud mental es el funcionamiento pleno y armonioso de toda la personali­dad.

b. Eric Fromm: Desde el punto de vista social, una persona será normal si es capaz de desempeñar en la sociedad la función que le atañe, es decir, será capaz de participar en el proceso de producción económica de dicha sociedad. En cambio, desde el punto de vista individual, salud y normalidad es el óptimo desarrollo y la felicidad del individuo.

c. OMS: La salud mental es un estado sujeto a fluctuaciones provenientes de factores bio­lógicos y sociales, en que el individuo se encuentra en condiciones de conseguir una síntesis satisfactoria de sus tendencias instintivas, potencialmente antagónicas, así como de formar y mantener relaciones armoniosas con los demás y participar constructivamente en los cambios que puedan introducirse en su medio físico y social.

 

B. Significados y alcances

Antiguamente se la consideraba como una dolencia misteriosa, obra de malos espíritus y castigo de Dios por el delito de infidelidad a la ley divina. (Dt. 28.28-34). (Jer. 25.16; 50.38).

El castigo divino con locura podía afectar tanto a seres humanos como a animales. Zac. 12.4

 

C. Casos y síntomas

La Biblia menciona algunas de las anormalidades del enajenado mental: Pro 26.18-19: reac­ciones violentas.

La locura de Nabucodonosor: Dan. 4.33: caso de zooantropía o conducta animal.

La melancolía de Saúl: fuerte depresión nerviosa, manía persecutoria, esquizofrenia. 1 S. 16.14; 18.10.

Lunáticos y epilépticos: Mt. 17.14-20; Mt. 4.24.

 

 La comprensión moderna.

Nosotros, los seres humanos, no tenemos un cuerpo, una mente, emociones, un espíritu y relaciones con otras entidades creadas, sino que somos un cuerpo, una mente, emociones, un espíritu y relaciones. Todos estos elementos son partes componentes e inseparables de nuestro ser y definen lo que somos, nuestra identidad. 

Esto significa que nuestras mentes y sus operaciones internas, sean sanas o estén distorsionadas, no se pueden separar del resto de lo que nosotros somos. Los científicos hoy están reconociendo que mente y cuerpo no son tan diferentes. Cada vez más, los médicos –y los sufrientes- reconocen que los estados mentales y el bienestar físico están conectados íntimamente.

 

La comprensión de la iglesia.

Como cristianos, necesitamos una actitud mucho mejor informada y más sensible al acercarnos a las personas con discapacidades sicológicas y mentales.

Los líderes cristianos carecen de una aproximación interdisciplinaria, que pueda ser especialmente útil para aq1uellos que trabajan con sufrientes mentales. De modo que no siempre están en condiciones de ministrar a las personas mentalmente afligidas en conjunto con los profesionales en este campo.

Las iglesias han desechado o evadido su responsabilidad cristiana hacia los discapacitados y sufrientes mentales.

La actitud irresponsable de las iglesias ha resultado de tres factores principales.

Primero, esta actitud irresponsable ha resultado de una teología defectuosa. Para la mentalidad moderna sistemática es irritante tener una categoría de seres humanos para no queda muy claro cuál es su posición en relación con Dios.

Todavía otros insistirán en que una persona mentalmente enferma es incapaz de tener juicio moral y de experimentar la fe. Sin embargo, la manera en que muchas personas sufrientes mentales responden a la etapa del juicio moral parece contradecir esta conclusión.

Segundo, la actitud irresponsable de la iglesia ha resultado de una ignorancia injustificada. Hay numerosos testimonios del potencial espiritual de los discapacitados mentales, tanto a nivel personal como institucional. En mi propia experiencia pastoral, dice el Pr. Pablo Deiros, de varias décadas he visto decenas de enfermos mentales de todo tipo vivir vidas cristianas maduras y plenas.

Tercero, la actitud de la iglesia ha resultado de una desobediencia irresponsable. Este tercer factor es el de la desobediencia, la ignorancia, la falta de fe, el temor, la inercia y una equivocada actitud defensiva que han asumido muchas iglesias frente a los sufrientes mentales. El temor por las personas que pueden parecer, vestir, hablar y comportarse de maneras extrañas o bizarras está muy profundamente arraigado en muchos creyentes. 

Por otro lado, hay momentos en los que tenemos que admitir que las personas que viven en un estado permanente y recurrente de desorden mental y emocional, nos irritan, molestan y frustran.

Sin embargo, debemos reconocer que hay muchas cuestiones que contribuyen a las dificultades emocionales y sicológicas que prevalecen en alto grado en las comunidades de fe. En un sentido, todo el mundo está enfermo…. Incluso en la iglesias cristianas. El hecho de que seamos cristianos no nos vacuna de una conducta anormal.