Terremotos, inundaciones, incendios, huracanes, catástrofes ecológicas, guerra, epidemias, crean situaciones de crisis psico-social que demandan de una atención pastoral especializada.
El impacto emocional del desastre en los pobladores de las zonas afectadas puede ser muy elevado y devastador.
El propósito de esta unidad es satisfacer la necesidad de facilitadores capacitados para intervenir en la crisis con miras a la recuperación emocional de los afectados, a fin de que éstos se sobrepongan a la crisis y opten por estrategias adecuadas para crecer y desarrollar una existencia productiva y llena de esperanza.
Definición de crisis
Interrupción grave en el estilo de vida normal de un individuo o de un grupo, que se suscita con una situación inesperada para la cual éstos no se hallan preparados, y que genera problemas para los que las respuestas habituales no son adecuadas.
Ejemplos de crisis: muerte, terremoto, inundación, huracán, epidemia, guerra, colapso económico, desastre ecológico, erupción volcánica, etc.
Una crisis requiere el desarrollo de nuevas formas de pensamiento y acción.
Una crisis puede darse como un proceso prolongado o como un acontecimiento repentino.
Cualquier tragedia o trauma social desata una crisis personal o colectiva de menor o mayor grado, que provoca una serie de reacciones psico-sociales, según el grado del trauma y de la situación resultante.
Condición de crisis
Una crisis social es la combinación de dos realidades: un peligro y una oportunidad. Ideograma chino para crisis.
Una pastoral adecuada es aquella que ayuda a evitar los peligros que toda crisis encierra, y estimula el aprovechamiento de las oportunidades que presenta.
Un suceso traumático es aquel que produce un shock mental o un profundo sentimiento emocional, y que deja una impresión duradera en la subconciencia. Es una herida.
La experiencia traumática es seguida por el proceso de duelo.
De igual manera que el cuerpo reacciona con un estado de “choque” (shock) ante un trauma físico o emocional, la mente también crea una especie de estado de choque, que resulta en una actitud de incredulidad y negación frente al trauma.
Se producen una serie de síntomas, que son normales, naturales y necesarios dentro del contexto de un trauma. Estos síntomas forman parte del proceso imprescindible de la elaboración del duelo y de la posterior recuperación del mismo.
Las principales reacciones iniciales son: Ansiedad traumática; somatización; desasosiego; emotividad; desorganización personal..
Durante los primeros meses después del trauma, la persona necesita tiempo y comprensión, más que ninguna otra cosa, para vivenciar, elaborar y luego perder naturalmente los síntomas iniciales.
Como dijimos anteriormente, la crisis presenta un peligro y una oportunidad.
La persona está actuando disfuncionalmente ante su realidad y corre el riesgo de desarrollar una crisis secundaria o depresión reactiva.
Este comportamiento disfuncional trae como consecuencias: Aislamiento o huída; negación o seudo-catarsis; agresividad o pasividad; dependencia simbiótica.
La crisis traumática puede llevar a nuevas oportunidades.
La experiencia ganada con el trauma puede ayudar al proceso de maduración personal, fortalecimiento de la fe, desarrollo de una actitud altruista y positiva.
La persona no sólo supera la crisis, sino que aprende de ella, crece por ella, madura, adquiere sabiduría y equilibrio, y desarrolla mejores actitudes.
Este proceso de transformar la crisis traumática en una oportunidad se lleva a cabo mediante ciertas estrategias funcionales: Reflexión; catarsis; asertividad y cooperación.
La depresión reactiva es una crisis secundaria, que se diferencia de las reacciones iniciales en que éstas son normales, naturales y necesarias frente a una tragedia o pérdida traumática, mientras que ésta es una reacción patológica ante la no resolución oportuna o adecuada de la crisis traumática.
Tabla de Holmes y Rahe: mide los traumas y su impacto existencial sobre el individuo en términos de probabilidades de una depresión reactiva o crisis secundaria.
Muerte de esposa \esposo 100
Muerte de otro miembro de la familia 63
Heridas o enfermedades personales 53
Pérdida de trabajo o ingresos 47
Heridas o enfermedades de familiares 44
Pérdida de bienes o ahorros 38
Muerte de un amigo íntimo 37
Cambio de trabajo o puesto nuevo 36
Endeudamiento grande 31
Cambio de vivienda o estilo de vida 25
Cambio de hábitos o rutinas personales 24
Cambio de escuela o recreación 20
Cambio de actividades sociales 18
Endeudamiento menor 17
Navidad, aniversarios, cumpleaños 12
Máximo impacto: 100. Mínimo impacto: 1.
Límite: 300 – Un damnificado total llega a casi el doble.
Factores personales que contribuyen al aumento del riesgo:
Retardo en el inicio del duelo; relación ambivalente anterior con el difunto o lo perdido; falta de preparación psicológica o material para la pérdida; carencia de valores espirituales y trascendentales; ansiedad traumática unida a la pérdida; dependencia excesiva del difunto o del bien perdido; dificultad para tolerar o expresar emociones; antecedentes personales de: pérdidas anteriores no resueltas, pérdida de alguien importante en la niñez, depresión u otros problemas psicológicos serios.
Las posibles manifestaciones de una crisis secundaria son:
Hiperactividad; hipoactividad; sobre-identificación; somatización crónica; Alteración relacional (su pareja y su familia); fármaco-dependencias; agresión o intentos suicidas; criminalidad; inafectividad; depresión psicótica
En cualquier momento, aun en medio de una fuerte crisis secundaria, una persona, con la ayuda adecuada, puede romper el círculo vicioso y aprender a tener reacciones funcionales y seguir su proceso de crecimiento personal y evolución psico-social.
Siempre hay esperanza y nunca es tarde para resolver una crisis traumática, a menos que la persona ya haya escogido la opción suicida.