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Curso: Sanidad Integral -II
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Sanidad psico-social – Ministerio de consolación

Terremotos, inundaciones, incendios, huracanes, catástrofes ecológicas, guerra, epidemias, crean situaciones de crisis psico-social que demandan de una atención pastoral especiali­zada.

El impacto emocional del desastre en los pobladores de las zonas afectadas puede ser muy elevado y devastador.

El propósito de esta unidad es satisfacer la necesidad de facilitadores capacitados para intervenir en la crisis con miras a la recuperación emocional de los afectados, a fin de que éstos se sobrepongan a la crisis y opten por estrategias adecuadas para crecer y desarrollar una existencia productiva y llena de esperanza.

 

I. Concepto de crisis

 

Definición de crisis 

Interrupción grave en el estilo de vida normal de un individuo o de un grupo, que se suscita con una situación inesperada para la cual éstos no se hallan preparados, y que genera problemas para los que las respuestas habituales no son adecuadas.

 Ejemplos de crisis: muerte, terremoto, inundación, huracán, epidemia, guerra, colapso económico, desastre ecológico, erupción volcánica, etc.

Una crisis requiere el desarrollo de nuevas formas de pensamiento y acción.

Una crisis puede darse como un proceso prolongado o como un acontecimiento repentino.

Cualquier tragedia o trauma social desata una crisis personal o colectiva de menor o ma­yor grado, que provoca una serie de reacciones psico-sociales, según el grado del trauma y de la situación resultante.

 

Condición de crisis

Una crisis social es la combinación de dos realidades: un peligro y una oportunidad. Ideo­grama chino para crisis.

Una pastoral adecuada es aquella que ayuda a evitar los peligros que toda crisis encierra, y estimula el aprovechamiento de las oportunidades que presenta.

 

II. Proceso de crisis

 

a.El suceso traumático

Un suceso traumático es aquel que produce un shock mental o un profundo sentimiento emocional, y que deja una impresión duradera en la subconciencia. Es una herida.

La experiencia traumática es seguida por el proceso de duelo.

 

b.La reacción de incredulidad y negación frente al trauma

De igual manera que el cuerpo reacciona con un estado de “choque” (shock) ante un trau­ma físico o emocional, la mente también crea una especie de estado de choque, que resulta en una actitud de incredulidad y negación frente al trauma.

 

c.Reacciones iniciales frente al trauma

Se producen una serie de síntomas, que son normales, naturales y necesarios dentro del contexto de un trauma. Estos síntomas forman parte del proceso imprescindible de la elaboración del duelo y de la posterior recuperación del mismo.

Las principales reacciones iniciales son: Ansiedad traumática; somatización; desasosiego; emotividad; desorganización personal..

 

d. Alternativas frente al trauma

Durante los primeros meses después del trauma, la persona necesita tiempo y compren­sión, más que ninguna otra cosa, para vivenciar, elaborar y luego perder naturalmente los síntomas iniciales.

Como dijimos anteriormente, la crisis presenta un peligro y una oportunidad.

La persona está actuando disfuncionalmente ante su realidad y corre el riesgo de desarrollar una crisis secundaria o depresión reactiva.

Este comportamiento disfuncional trae como consecuencias: Aislamiento o huída; negación o seudo-catarsis; agresividad o pasividad; dependencia simbiótica.

La crisis traumática puede llevar a nuevas oportunidades.

La experiencia ganada con el trauma puede ayudar al proceso de maduración perso­nal, fortalecimiento de la fe, desarrollo de una actitud altruista y positiva.

La persona no sólo supera la crisis, sino que aprende de ella, crece por ella, madura, adquiere sabiduría y equilibrio, y desarrolla mejores actitudes.

Este proceso de transformar la crisis traumática en una oportunidad se lleva a cabo mediante ciertas estrategias funcionales: Reflexión; catarsis; asertividad y cooperación.

 

e. Resultados frente al trauma

1. Crisis secundaria o depresión reactiva.

La depresión reactiva es una crisis secundaria, que se diferencia de las reacciones inicia­les en que éstas son normales, naturales y necesarias frente a una tragedia o pérdida traumática, mientras que ésta es una reacción patológica ante la no resolución oportuna o adecuada de la crisis traumática. 

Tabla de Holmes y Rahe: mide los traumas y su impacto existencial sobre el individuo en términos de probabilidades de una depresión reactiva o crisis secundaria.

 

                    Muerte de esposa \esposo                                      100

                    Muerte de otro miembro de la familia                       63

                    Heridas o enfermedades personales                        53

                    Pérdida de trabajo o ingresos                                   47

                    Heridas o enfermedades de familiares                     44

                    Pérdida de bienes o ahorros                                     38

                    Muerte de un amigo íntimo                                        37

                    Cambio de trabajo o puesto nuevo                            36

                    Endeudamiento grande                                              31

                    Cambio de vivienda o estilo de vida                           25

                    Cambio de hábitos o rutinas personales                    24

                    Cambio de escuela o recreación                                20

                    Cambio de actividades sociales                                 18

                    Endeudamiento menor                                               17

                    Navidad, aniversarios, cumpleaños                           12

 

Máximo impacto: 100.                                  Mínimo impacto: 1.

Límite: 300 – Un damnificado total llega a casi el doble.

 

Factores personales que contribuyen al aumento del riesgo:

Retardo en el inicio del duelo; relación ambivalente anterior con el difunto o lo perdido; falta de preparación psicológica o material para la pérdida; carencia de valores espirituales y trascendentales; ansiedad traumática unida a la pérdida; dependencia excesiva del difunto o del bien perdido; dificultad para tolerar o expresar emociones; antecedentes personales de: pérdidas anteriores no resueltas, pérdida de alguien importante en la niñez, depresión u otros problemas psicológicos serios.

Las posibles manifestaciones de una crisis secundaria son:

Hiperactividad; hipoactividad; sobre-identificación; somatización crónica; Alteración relacional (su pareja y su familia); fármaco-dependencias; agresión o intentos suicidas; criminalidad; inafectividad; depresión psicótica

 

Recuperación y desarrollo psico-social

En cualquier momento, aun en medio de una fuerte crisis secundaria, una persona, con la ayuda adecuada, puede romper el círculo vicioso y aprender a tener reacciones fun­cionales y seguir su proceso de crecimiento personal y evolución psico-social.

 

Siempre hay esperanza y nunca es tarde para resolver una crisis traumática, a me­nos que la persona ya haya escogido la opción suicida.