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Curso: Sanidad Integral -II
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Los dones de sanidad

Los dones de sanidades son las habilidades especiales” que Dios da a ciertos miembros del cuerpo de Cristo, para servir como intermediarios humanos, a través de los cuales le agrada a Dios curar las enfermedades y restaurar la salud (integral de la persona afecta­da), aparte del uso de los medios naturales.”

Los dones de sanidades se refieren a los varios dones del Espíritu Santo, que tienen que ver con la restitución de la armonía física, espiritual, y emocional de alguien que no la tiene.

En la Biblia, en 1 Co. 12.9b, Pablo habla literalmente de “dones de sanidades” (carísmata iamáton).

Los dones de sanidades se refieren a la operación sobrenatural del poder sanador de Dios para la sanación de todo tipo de dolencias. Hay poca información bíblica para confeccionar una definición. Nuestra definición surge de una combinación de la información bíblica , la observación empírica y nuestro propio razonamiento.

En 1 Corintios 12:9b, Pablo habla literalmente de “dones de sanidades”. El doble plural indica diferentes tipos de enfermedades que requieren diferentes tipos de sanidades. Esto implica que puede haber variedades y subcategorías de este don.

Esto implica que la enfermedad no es de un solo tipo, sino afecta a diversas esferas de la vida humana: física, mental, relacional y espiritual.

Así como hay médicos clínicos y especialistas, también hay creyentes en el ministe­rio de sanidad que oran con efectividad sobre una amplia gama de problemas, mientras que otros cumplen un ministerio más enfocado sobre alguna enfermedad en particular o cierto tipo de personas. Cuánto más experiencia tenga quien ministra en un determinado caso o situación, más efectivo será su ministerio.

Habrá hermanos dedicados a la sanidad física, sanidad interior, sanidad mental, sanidad de relaciones, y sanidad espiritual (liberación).

Fuera de la soberanía que le cabe a Dios de actuar como él quiere, el Espíritu Santo distribuye los dones de sanidades entre los creyentes para mantenernos humildes y animarnos a depender los unos de los otros en la ministración.

Al usarnos solamente en ciertos aspectos del ministerio de sanidad, el Señor nos protege de caer en orgullo espiritual y nos enseña la interdependencia que tenemos en el cuerpo de Cristo. Cuando hablamos acerca de un “don espiritual”, pensamos en que Dios usa a una persona de manera especial, generalmente en formas que son diferentes del ejercicio de los talentos o habilidades naturales: así es con los dones de sanidades.

Alguien a quien Dios utiliza con frecuencia dándole estos dones, va a ver que las sanidades ocurrirán con regularidad, generalmente de manera repentina y a veces de forma dramática.

No es posible comprar estos dones ni adquiridos por mero aprendizaje o entrena­miento. ¡Pero cosas maravillosas ocurren cuando el Espíritu se manifiesta a través de un creyente en este ministerio!

 

D. La iglesia como una comunidad de terapeutas

 

Los creyentes necesitamos reconocer que el ministerio de sanidad de Jesús ha sido con­fiado a todo el cuerpo de Cristo, y no a unos pocos ministros prominentes con dones extraordinarios de sanidad.

 

Los dones de sanidades son dados a la iglesia y para ser usados por ella.

Orar por los enfermos es tan imperativo como predicar el evangelio. Por eso, Dios puede usar a cualquier creyente lleno del Espíritu Santo para sanar. Algunos creyentes son usados con frecuencia para ministrar sanidad y se puede decir que tienen dones de sanidades (1 Corintios 12:30). Pero el Espíritu puede manifestar un don de sanidad a través de cualquier creyente frente a una necesidad específica. Además de aquellos con dones de sanidades especiales, Dios también usa a otros con otros dones del Espíritu para llevar a cabo la obra de sanidad.

Todos los dones son herramientas de trabajo para el cumplimiento de la misión de la iglesia. Las sanidades son una parte integral de la misión apostólica que tiene la iglesia (Marcos 3:14-15). No es nuestro deber sanar a todos los enfermos, pero sí orar por sanidad por todos los enfermos. De igual modo, no podremos salvar a todos a quienes predicamos, pero es nuestro deber predicar el evangelio a toda criatura para que puedan ser salvos. No ministrar sanidad significa dejar de hacer algo que Jesús nos comisionó.

Las sanidades (los milagros de sanidad) son señales del poder de Dios para atraer a los incrédulos a la fe de Cristo (Marcos 16:17-20; Juan 2:23). La manifestación del poder sanador de Dios da autoridad al mensaje y al mensajero que trae la palabra a la gente. Las sanidades enriquecen el testimonio cristiano de la iglesia al demostrar de manera concreta el amor y la compasión de Dios por las personas.

Si la iglesia es el contexto adecuado para el ejercicio de los dones de sanidades y el desarrollo del ministerio de sanidad cristiana, esto significa que hay ciertas condiciones espirituales y ministeriales que deben cumplirse.

Las condiciones espirituales que debemos cumplir para ejercer los dones de sanidad son:

  1. Hace falta una sincera disposi­ción a ser utilizado por Dios como instrumento humano para la sanidad de otros.
  2. Hace falta una singular capacidad de percibir el poder de Dios cuando éste está presente para sanar. (Ser llenos de Él)
  3. Hace falta una au­téntica humildad para considerarse sólo un instrumento en manos de Dios y dar cuenta con responsabilidad a otros. Respetar a las autoridades de la iglesia que fueron levantadas por el Señor.
  4. Hace falta un profundo deseo de ver a Dios aliviar los problemas físicos de las personas. (Mt. 14.14)
  5. Hace falta una profunda confianza en Dios y la capacidad de creer que él quiere y puede sanar.
  6. Hace falta la actitud honesta de aceptar que no todos los enfermos son sanados y que necesitan una palabra cristiana de consuelo y esperanza.

Las condiciones ministeriales que debemos cumplir para ministrar sanidad son:

  1. Puede ministrar cualquier creyente que dé evidencias de haber recibido estos dones o cualquier otro creyente frente a una necesidad específica. Pero que dé testimonio de una vida sana. No debemos dejar que nos imponga las manos cualquier hermano/a sin que esté autorizado por nuestro pastor o que dé testimonio de una vida sana en Cristo Jesús. En toda imposición de manos hay transferencia espiritual.

Todos los que creen en Jesús como Señor están habilitados para ministrar sanidades, porque según Mr. 16.1-18 las sanidades son señales que siguen a todos los que creen.

No todos los creyentes tienen dones espirituales en el área de sanidad, pero todos somos llamados a orar por los enfermos cuando sea necesario. Con la salvedad que dijimos antes.

  1. Puede ministrar el liderazgo de la iglesia (pastores, ministros, ancianos, diáconos), en virtud de su responsabilidad y autoridad.

El énfasis aquí está en la unción y no en los dones de sanidades, y quienes ungen son los oficiales o líderes de la iglesia.

  1. Puede ministrar cualquier profesional de la salud que sea creyente y los hermanos ocu­pados en la consejería pastoral.

Si bien Dios obra milagrosamente, él puede usar el orden natural: medicina, psiquia­tría, psicología, aconsejamiento y otros procedimientos terapéuticos.

La medicina, la psicoterapia y otros recursos terapéuticos naturales son también un don de Dios y medios que él usa para sanar.

Sea por vía sobrenatural o por vía natural, Dios es siempre quien sana.