Cuando hablamos de evangelio integral lo estamos considerando como que abarca toda nuestra vida, y está presente en todo nuestro accionar en ella. En lo religioso (espiritual), en lo cultural, en lo político, en lo económico y en lo familiar.
Se trata, pues, de una aprehensión del evangelio como un mensaje abarcador y totalizador, que no se agota en una declaración doctrinal ni puede ser reducido a ella. En verdad, no hay otra manera de entender al reino de Dios y al evangelio que lo proclama que no sea de manera integral u holística. Esto significa reconocer que el evangelio encierra tres dimensiones, que no solo no son excluyentes, sino que se complementan y necesitan mutuamente para expresar el carácter holístico del reino.
Además tiene que ver con la totalidad de la vida humana: cuerpo físico, emociones, espíritu, mente, relaciones con otros, voluntad.
Según el pastor René Padilla: “Hablar de todo el evangelio o del evangelio completo es hablar del evangelio como las Buenas Nuevas de Jesucristo para la vida personal y social, para la esfera de lo espiritual y de lo material, para el tiempo presente y la eternidad.
Hay un fundamento bíblico. El carácter integral del evangelio presupone que el todo es mayor que las partes. Desde el punto de vista bíblico esto significa que el evangelio apunta a la totalidad del ser humano, sin exclusión de ninguna de las esferas de su existencia y relaciones.
El evangelio integral no es otra cosa que el mensaje esperanzador de que en Cristo Jesús y por su acción redentora, los seres humanos podemos disfrutar de esta paz. De la que hablan los evangelios, o sea el estado ideal de armonía del ser humano, que se manifiesta en tranquilidad, quietud, plenitud física y síquica, tanto a nivel individual como comunitario.
Hay un fundamento teológico. Creemos en un Dios grande y poderoso, y misericordioso. Dios crea, sustenta, redime y restaura a la corona de toda su creación, que es le ser humano.
Dios llamó a la comunidad de Israel a una vida plena de armonía o Shalom (Miqueas 6:8). Esta expresión del propósito de Dios para su pueblo es una suerte de paradigma o modelo de la vida integral de la comunidad de fe del Nuevo Testamento en términos del reino de Dios.
Las promesas de una humanidad redimida y de la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra (Romanos 8:18-23; Apocalipsis 21:1-5) reflejan el deseo de Dios de una creación plenamente integrada y total. Parece evidente que Dios actúa de manera integral según el testimonio de la verdad revelada desde Génesis hasta Apocalipsis.
También hay un fundamento antropológico en el hecho de que los seres humanos hemos sido creados a imagen de Dios, y que en consecuencia somos una unidad compleja. Siguiendo la comprensión hebreo-cristiana tradicional, podemos definir al ser humano como una unidad psicosomática de cuerpo y espíritu. Una antropología integral concibe al cuerpo humano y al espíritu humano como partes componentes e inseparables de un solo sistema.
Hay un fundamento hamartiológico en el hecho de que el pecado ha afectado a todas las áreas de la vida del ser humano individual y sus relaciones. El pecado no es simplemente un problema de carácter moral y/o religioso. Como enseña la Biblia, el pecado afecta a la totalidad de la vida humana y sus relaciones. Según el testimonio bíblico, el ingreso del pecado a la experiencia humana desbarató la armonía original con que el Creador hizo al ser humano.
Una vez que el ser humano desobedece las indicaciones de Dios (Génesis 1-4), sede a la tentación de la serpiente y cae en pecado, se desata el caos, el sufrimiento y eventualmente la muerte sobre toda la raza humana. La situación de armonía general ahora se quiebra. Esta ruptura esencial entre la criatura y el creador crea un efecto dominó de caos, desarmonía, contradicción, destrucción y muerte. El caos moral continuó con ambos.
El desastre sigue creciendo y comienza a extenderse afectando otras esferas de la vida humana y sus relaciones.
El pecado ha contaminado toda nuestra vida y nuestra sociedad. Éste bloquea el crecimiento del ser humano. Pero puede ser vencido mediante el perdón de Dios y la obediencia. Mr. 2.11; Jn. 8.11. La sanidad cristiana integral apunta a esto. No pone de lado al problema del pecado humano, sino que lo aborda de manera integral con los recursos terapéuticos que surgen del amor perdonador de Dios.
Hay un fundamento soteriológico en el hecho de que la salvación ganada por Jesucristo es para toda la persona humana. Jesús vino a traer plenitud de vida a los seres humanos, en todas las dimensiones.
Es la palabra soteria que se deriva el vocablo teológico “soteriología”, o sea, el estudio de la salvación. El concepto de salvación como totalidad es mucho más amplio que simplemente el perdón de pecados. La idea incluye la sanidad del cuerpo, la restauración de la auto-estima, la liberación de espíritus inmundos, la satisfacción de las necesidades sentidas y el establecimiento de nuevas y fructíferas relaciones con otros.
También hay un fundamento fisiológico . Hay tres dimensiones fisiológicas en la proclamación de un evangelio integral. Las palabras proclaman la verdad de Dios, las señales proclaman el poder de Dios y las acciones proclaman el amor de Dios. La verdad, el poder y el amor del evangelio deben ser proclamados para que el mundo crea y sea transformado por un evangelio integral.