Cualquier discusión de la iglesia como comunidad terapéutica no sería completa sin una definición clara de salud y sanidad.
Salud en el sentido más pleno del término es una integración de cuerpo, mente (alma) y espíritu; del yo personal con otros; del yo personal con la naturaleza; y sobre todo, del yo personal con Dios. La sanidad y salud de la persona total involucra tanto a la medicina preventiva como curativa, a la consejería mental, emocional y espiritual, y en todos los casos, a la obra sobrenatural de Dios para restaurar a la armonía y plenitud a la persona afligida o sufriente.
La plenitud de la persona se logra mejor mediante su plena participación en la comunidad, sea esta la iglesia o los grupos sociales locales, junto con su relación armoniosa y creativa con la creación y con el Creador.
Salud es la integración personal entre la vida interior y la vida exterior, dado que hemos sido creados por Dios como personas totales, cuyos cuerpos, mentes y almas están coordinados. Salud significa una relación correcta con el mundo natural, con nosotros mismos, con nuestros prójimos y básicamente con Dios.
La salud no debe ser confundida con la medicina. No es una cuestión primariamente médica. La mayor parte de los problemas de salud en el mundo no pueden ser abordados a través de los recursos que aporta la creciente y sofisticada industria médica y farmacéutica.
Las iglesias son llamadas a reconocer que las causas de las enfermedades son socio-económicas y espirituales tanto como bio-médicas y orgánicas. Esto significa que las iglesias deben responder descubriendo y ofreciendo su contribución única y singular a la promoción de la salud y el bienestar humanos.
La enfermedad es inevitable de este lado de la eternidad en la experiencia humana. Ella es parte de nuestra condición y limitación humana, como seres que sufrimos las consecuencias inevitables del pecado. Es interesante notar que Jesús no sanó a todas las personas enfermas en el mundo de sus días, si bien Él murió por la salvación de todos. La enfermedad del cuerpo tiene el potencial de transformarse en sanidad mediante el poder redentor de Dios.
Médicos y científicos están encontrando evidencias clínicas de que la fe sana. La religión y la medicina parecen estar relacionadas de manera muy estrecha. No se trata solamente de que la religión organizada da a algunos pacientes fortaleza y estímulo para sobrellevar su dolencia. Los procesos terapéuticos observados parecen tener más que ver con una cuestión de espiritualidad y con un incremento de la misma en la cultura posmoderna prevaleciente.
La conexión entre el espíritu y el cuerpo puede ser muy antigua, pero a medida que la sanidad se fue transformando en ciencia, los médicos occidentales modernos se fueron alejando de la espiritualidad y de la fe religiosa. Pero ahora las cosas están cambiando. Ahora la demanda de los pacientes, junto con los estudios científicos que relacionan la fe con una buena salud, están convirtiendo lentamente a la escéptica comunidad médica a la consideración de la fe como un factor terapéutico importante.
Hay una conciencia creciente en cuanto a la importancia de la espiritualidad y la religión en el campo de la salud y los servicios humanos. Hay también una conciencia mayor en cuanto al papel de la fe, la espiritualidad y el apoyo congregacional en las vidas de las personas que viven con discapacidades y sus familias.
Cada vez más vemos desarrollarse en muchas partes exploración interconfesional e interdisciplinaria de la importancia de la religión y la espiritualidad en el tratamiento de las discapacidades y los servicios clínicos. Se está haciendo cada vez más frecuente la reflexión y el apoyo al diálogo creciente entre las perspectivas religioso-espiritual y clínica-científica, en apoyo de personas enfermas y sus familias.
El puente entre los agentes ministeriales religiosos, capellanes y consejeros pastorales, educadores religiosos y teólogos con los profesionales del cuidado de la salud y los investigadores, en su trabajo con personas enfermas y sus familias parece ser más fuerte que nunca. Esto permite el desarrollo de estrategias más holísticas y comunidades más inclusivas y terapéuticas.