La iglesia tiene un papel importante que cumplir en relación con la sanidad, ya que esta está ligada con principios bíblicos fundamentales, que la iglesia es llamada a sostener y manifestar en el mundo.
Sanidad es una cuestión de justicia. Es decir, está directamente ligada a la justicia que reclama la Biblia en razón de que la pobreza es la causa número uno de la enfermedad. La pobreza misma es el resultado de la opresión, la explotación y la guerra, de modo que la pobreza crea las condiciones que producen la enfermedad.
Sanidad es una cuestión de paz. En razón de que muchas muertes y discapacidades físicas y mentales que se producen en el mundo son el resultado de los conflictos armados y otros tipos de violencia política, el logro y preservación de la paz es fundamental para que haya sanidad.
Sanidad es una cuestión moral. La sanidad plena está ligada con la integridad de la creación y la relación armoniosa con ella. En las naciones industrializadas, donde la modernización ha introducido drogas adictivas, nuevas dietas y el desdén por el trabajo manual, casi el 80% de las enfermedades y la muerte se deben a estilos de vida auto-destructivos. En los países pobres o subdesarrollados, la explotación, el abuso, la marginación y la opresión generan situaciones traumáticas que afectan a la totalidad de la persona humana en grado superlativo.
Sanidad es una cuestión espiritual. Las personas que viven en una armonía amorosa con Dios y con el prójimo no solo sobreviven mejor a las tragedias y contradicciones de la vida, cualquiera sea su situación económica, política y social, sino que también se hacen fuertes y maduran en el proceso. El evangelio cristiano no solo habla directamente a la realidad espiritual de la salud, sino que la salvación a través de Cristo resulta en la sanidad plena o total de la persona humana.