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Curso: Sanidad Integral - I
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Visión integral del ministerio

Hay un imperativo bíblico para cada cristiano que trabaja con personas, ya sea desde el púlpito o en el aula o en la oficina de consejería, y es el de moverse con una comprensión del ser humano que sea lo más comprehensiva y totalizadora posible.

Esta visión integral presupone la integración de todas las dimensiones de la vida personal: física, afectiva e intuitiva así como cognitiva, y sobre todo, espiritual. La visión integral o totalizadora presupone también una conciencia de la conexión indeleble y delicada de lo que está más allá de nosotros mismos, y en la que nuestra existencia personal está imbricada y de la que se nutre. Este reino más amplio incluye a la “naturaleza” (el ecosistema) e involucra a la comunidad de seres humanos en la que participamos.

La preocupación por el bienestar general parece crecer de manera proporcional al aumento de la expectativa de vida y; consiguientemente, el deseo de conservar la juventud y la vitalidad. En los países desarrollados, donde el promedio de expectativa de vida supera los setenta años y donde morir a los cincuenta es morir prematuramente, la ansiedad por la salud parece mayor.

No obstante, si bien en los países desarrollados la mortalidad infantil es mucho menor o casi nula, hay otros factores que atentan no solo contra la integridad física del ser humano, sino también contra su armonía y plenitud en todas las demás esferas de su vida y relaciones.

 

¿Qué entendemos por salud?

Desde tiempos inmemoriales han existido teorías en cuanto a la naturaleza, causas y tratamientos de la enfermedad. Algunas de estas teorías dependían de la conjunción de las estrellas y los planetas, el enojo de los espíritus y demonios, o la retribución vengativa de los dioses por los actos inórales de individuos y comunidades.

Las curas dependían de las oraciones o los sacrificios que se hacían en orden a aplacar a la deidad ofendida o de la conformidad con las costumbres y tabúes de la tribu o la sociedad.

 

Salud y medicina

Hoy, cuando hablamos de salud, nos referimos más probablemente al modelo médico, es decir, a la medicina o el cuidado médico. La medicina es la provisión de ciertos servicios por un amplio margen de profesionales, que se ofrecen (generalmente por un pago u honorario) a aquellos que en razón de una enfermedad real o imaginada buscan ayuda.

En general, los profesionales de la medicina operan bajo un sistema en el que hay dos componentes mayores: por un lado, la enfermedad; y por el otro, la ingeniería o técnica aplicada para curarla. La enfermedad se manifiesta a través de señales o síntomas, que pueden ser diagnosticados para descubrir su causa. Una vez que se “conoce” la causa de la dolencia, el tratamiento es mayormente técnico, descansando básicamente en el uso de drogas o la cirugía (las causas y orígenes de las enfermedades o las condiciones subnormales) específica e individual, lo cual resulta en una cura particular con una tendencia a concentrarse sobre la enfermedad en lugar de hacerlo sobre la persona total que la padece.

El cuidado o tratamiento médico descansa cada vez más sobre tecnologías sumamente costosas, que solo pueden aplicarse en instituciones altamente especializadas, como un hospital.

El resultado de todo esto es que la salud se transforma en el privilegio de una élite que puede pagar por la tecnología médica más avanzada. De este modo, lo mejor de la tecnología médica termina siendo solo para quienes tienen capacidad de pagarla.

Sin embargo, si entendemos la salud como un derecho humano inalienable y la equiparamos con el cuidado médico, entonces tenemos algo que es imposible de satisfacer. La medicina en todas sus formas (pública, privada, socializada, etc.) no puede garantizar una debida atención de la salud a todas las personas, sin importar cuál sea su condición social o económica.

Si bien puede parecer apropiado que se garantice a todo el mundo el derecho de acceso al cuidado y tratamiento médico, el derecho a la salud solo puede ser garantizado por el ejercicio de una responsabilidad personal. Decir que la salud es un derecho humano fundamental tiene tanto sentido como pretender que el conocimiento y la fortaleza son derechos humanos. Sería más correcto decir que la salud es una responsabilidad, que debe ser asumida por todos: el individuo y la sociedad.

Una aproximación a la salud humana que se enfoca en la medicina sin consideración alguna de los factores espirituales en la vida humana, limitará seriamente las posibilidades de un bienestar y salud integral. La medicina tradicional ha tenido virtualmente un monopolio completo sobre la sanidad, con exclusión de cualquier otro acercamiento o aporte.

Más recientemente, comenzando con los pentecostales y otros grupos evangélicos, el papel de la religión en la sanidad ha comenzado a reaparecer, y la idea de que la fe puede tener algo que ver con la sanidad real de las enfermedades corporales ha resurgido como un elemento importante en el cristianismo.