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Curso: Sanidad Integral - I
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El concepto cristiano de salud

DEFINICIÓN CRISTIANA DE SALUD Y SANIDAD

Ciertos cristianos encuentran que hay algunas dificultades en aceptar la sanidad física como sanidad divina o en entender la necesidad de un ministerio cristiano de sanidad física. En cierto sentido, toda sanidad es divina, pero a la luz de lo que la Biblia enseña en cuanto a la provisión de Dios para la salud física de la humanidad, hay abundantes testimonios escriturarios de intervenciones “sobrenaturales”, que resultaron en la sanidad física completa de aquellos que están afligidos por diversas enfermedades.

Además la Biblia sugiere que, en respuesta a lo que el apóstol Santiago denomina como la “oración de fe”, Dios interviene especialmente en ciertos momentos de una manera particular, más que esotros momentos o al menos lo hace de formas más evidentes.

El testimonio bíblico con respecto al ministerio de sanidad física que llevó a cabo Jesús, parece afirmar un evangelio de sanidad y salvación plenas y completas para todos los seres humanos. En el ministerio de Jesús, las sanidades físicas fueron una parte integral de la obra redentora que él vino a llevar a cabo en el mundo.

Uno de los aspectos llamativos del ministerio de Jesús es que él sanó a los enfermos sus dolencias físicas. Traer plenitud física a las personas en necesidad fue una parte importante de su tarea redentora y poderosa (Mateo 4:23-25). La sanidad del cuerpo fue un elemento esencial de su misión y vocación.

Fue una función ministerial que recibió tanta atención de parte de él como su enseñanza y predicación. Los milagros de sanidad no fueron meras obras circunstanciales de piedad, sino el fruto de la fuerte convicción que tenía de Jesús de que él había venido al mundo a redimir nuestra vida humana en todos sus aspectos, los físicos tanto como los espirituales.

De modo que, cualquier conclusión a la que lleguemos sobre la cuestión del ministerio cristiano de sanidad física debe estar sólidamente fundado en la Biblia y en el ministerio de sanidad física de Jesús, según lo tenemos registrado en los evangelios. Nuestros interrogantes básicos tienen que desarrollarse, entonces, en torno al propósito de Dios para nosotros y su manera de tratar con nosotros como sus criaturas.

La sanidad física de los enfermos es una parte integral de la textura misma del registro evangélico y una parte de la misión terrenal de nuestro Señor. La salud en términos cristianos es un todo: es un estado completo de bienestar físico, mental, espiritual y social.

La salud es la expresión de una vida plena e incluye lo físico así como lo mental, lo social y lo espiritual. Nosotros creemos que la iglesia, a través de organismos de servicio, debe comprometerse con la promoción de la salud.

Salud y salvación son términos complementarios en lo que hace a la vida abundante que Cristo trae al ser humano.

La salud significa la correcta relación con el mundo natural, con nosotros mismos, con los demás, y fundamentalmente con Dios.

Desde el punto de vista cristiano, la salud es una lucha continua y victoriosa contra los poderes que niegan la existencia de la bondad de Dios.

La enfermedad es inevitable de este lado de la eternidad en la experiencia humana: es parte de nuestra condición y limitación humana como seres que sufren las conse­cuencias del pecado.

Jesús no curó a todos los enfermos en el mundo de su tiem­po, aunque sí murió para la salvación de todos.

La sanidad cristiana busca reestablecer la armonía total del ser humano, que le permita alcanzar un estado de salud completo.

Las curaciones practicadas por Jesús fueron un signo de la irrupción de los poderes del reino de Dios en la vida humana y el destronamiento de los poderes del mal. Lucas 7.18-23.

La sanidad física tiene que ver con traer de vuelta al cuerpo humano afectado por una dolencia física a sus fuerzas y funcionamiento normal, conforme al diseño original de Dios para su creación. Este tipo de sanidad apunta a todas las enfermedades causadas por factores orgánicos o químicos dentro del cuerpo, como también a todos los traumas y discapacidades que resulten de agresiones desde afuera del mismo.

En lugar de hacer del cuerpo físico la expresión de nuestro ser espiritual, hemos reducido lo espiritual a lo físico. El amor es un valor que ha sido limitado a una experiencia fisiológica, al punto que “hacer el amor” para muchas personas no es más que una función orgánica del cuerpo, como lo es la digestión.

El ministerio de sanidad es la acción sacramental de la iglesia orientada a la restauración de la integridad física, que se lleva a cabo como una expresión del amor de Dios, en el nombre de Jesús y a través del poder del espíritu Santo. En los últimos años el ministerio de sanidad física o de sanidad de los enfermos ha recibido un énfasis renovado entre los cristianos en América Latina. Muchas iglesias evangélicas llevan a cabo hoy cultos especiales de sanidad o han incorporado la oración para la sanidad de los enfermos en liturgias regulares. El propósito de este ministerio es ayudarnos a vivir la vida en abundancia que Jesús prometió (Juan 10:10).

Necesitamos de cuerpos saludables para que podamos vivir la vida a plenitud, como es la voluntad de Dios en Cristo. Nuestro cuerpo es la parte más visible y obvia de nuestro ser. Él es el medio por el cual afectamos al mundo físico a nuestro alrededor y el medio por el que el mundo físico que nos rodea nos afecta a nosotros.

 

¿Por qué es importante un ministerio de sanidad física?

Dios es el creador y sustentador de nuestro cuerpo. Él no nos creó para que nos enfermemos y muramos. Su voluntad es que tengamos vida y vida eterna. Ahora, ¿por qué Dios nos creó un cuerpo? Necesitamos de un cuerpo para expresarnos y comunicarnos. El cuerpo es la expresión de nuestro espíritu y de lo que nosotros somos. En realidad, no tenemos un cuerpo sino que somos un cuerpo. Es decir, el cuerpo no es algo externo o ajeno a nosotros, a lo que somos como personas.

 

Nuestro cuerpo es creación de Dios

Él nos creó a su imagen y semejanza, y sopló su Espíritu en nuestro cuerpo para darnos vida y para que podamos entrar en comunión con él. Es por esto que nuestro cuerpo como creación divina es espiritualmente adecuado. No hay contradicción entre cuerpo y espíritu en el propósito creador original de Dios. Él nos ha creado en unidad y armonía,. Cuerpo y espíritu se complementan el uno al otro.

Si hay alguna contradicción, esta es el resultado del pecado y la desobediencia humanos a la voluntad del Creador. Las necesidades espirituales no pueden ser satisfechas con el cuerpo, porque son de carácter trascendente. Nuestro espíritu sobrevive a nuestro cuerpo y debe tener prioridad sobre él. Como expresa Santiago:”el cuerpo sin espíritu está muerto” (Santiago 2:26).

 

Nuestro cuerpo es un don de Dios

La Biblia afirma que nuestro cuerpo es un don de Dios.

Primero, nuestro cuerpo es un don de la gracia divina. En consecuencia, no nos pertenece a nosotros, porque es Dios quien nos lo ha dado y no fuimos nosotros los que lo generamos a voluntad.

Segundo, nuestro cuerpo es también un don singular, único. No hay dos cuerpos humanos iguales.

Tercero, nuestro cuerpo es un don con un propósito. Dios nos da el cuerpo que necesitamos para cumplir su propósito y voluntad en nuestra vida (1 Corintios 6:20).

Cuarto, nuestro cuerpo es un don que debe ser administrado. Somos responsables por nuestros cuerpos (1 Corintios 6:12-14). Esto significa que debo utilizar mi cuerpo conforme a la voluntad de Dios.

 

Nuestro cuerpo es el templo de Dios

Desde el punto de vista bíblico, lo más importante a tener en cuenta es que nuestro cuerpo, si somos creyentes, es templo de Dios (1 Corintios 6:19-20). Dios a través del espíritu Santo, viene a vivir plenamente en el cuerpo del creyente. El cuerpo debe ser puro (1 Tesalonicenses 4:2-8), lo cual significa que debemos tomar distancia del pecado y de cualquier cosa que contamine al cuerpo. Nuestro cuerpo tiene que honrar al Señor en todo lo que hacemos, vemos, decimos, andamos y oímos.

Una comprensión cristiana auténtica del ministerio de sanidad física extenderá la idea de sanidad más allá de lo físico. Al igual que lo que ocurrió con las sanidades que llevó a cabo Jesús, la sanidad cristiana es para la persona humana total. Relaciones, actitudes y emociones están también involucradas en el proceso terapéutico, así como las dolencias y los traumas.

 

¿Cómo tener un concepto saludable del ministerio de sanidad física?

Por un lado, es necesario tener un concepto balanceado en cuanto a nuestro cuerpo.

 

¿Qué podemos hacer con nuestro cuerpo?

Debemos hacer lo que enseñó el apóstol Pablo:”Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2). Esto es precisamente lo que Jesús hizo con su propio cuerpo. Él lo ofreció como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios por amor a nosotros (Lucas 22:19; Hebreos 10:10).

Por otro lado, es importante considerar a la ciencia y la tecnología médicas y farmacológicas como aliadas y no como enemigas. La medicina moderna tiene sus fallas y limitaciones, pero cualquier acercamiento al ministerio de sanidad divina que la ignore está equivocado y es más fuente de problemas que de bendición. En última instancia, la medicina es parte de la gracia general de Dios.

Además, es necesario practicar un cuidado permanente y continuado de aquellos que han recibido sanidad. Cualquier acercamiento al ministerio de sanidad divina que sugiere que toda persona que tiene fe va a ser sanada automáticamente está simplemente equivocado. Este planteo significa hacer de la fe no la oportunidad para la sanidad sino su causa, lo cual transforma a la fe en una obra meritoria. No podemos entender plenamente por qué a veces la oración por sanidad tiene respuesta y por qué otras veces no, pero un ministerio de sanidad cristiana auténtico estará siempre saturado de amor y de gracia, cualquiera sea el resultado.

No podemos detener los resultados inevitables de vivir en un mundo pecaminoso. El sufrimiento y la muerte son inexorables de este lado de la eternidad. Esto significa que el ministerio de sanidad cristiana debe llevarse a cabo con una clara conciencia de que el sufrimiento y la muerte son parte inevitable de la experiencia humana, aunque no son parte del propósito original y final de Dios para la humanidad. La realidad es que incluso las personas que han sido sanadas de manera milagrosa o han vuelto a la vida, de todos modos pueden volver a enfermarse y seguramente va a morir. No hay casos registrados en la Biblia o en la historia de la humanidad de personas que hayan resucitado dos veces o no hayan muerto jamás. Las sanidades son una señal aquí y ahora de que Jesús puede y quiere recrear al ser humano y al mundo, de modo que el pecado, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte no ejerzan más poder y dominio en el orden de su creación. Ahora podemos ver un pantallazo de su poder, gloria y amor en anticipo y expectación de su plenitud.

 

LA SALUD EN LA BIBLIA

Vemos desde el Antiguo Testamento como Dios cura a los seres humanos. Ex. 15.26; Dt. 7.15; Jer.30.17. No cura solamente a los israelitas, sino también a los gentiles: Naamán, jefe del ejército sirio. 2 R. 5

Dios cura o no conforme a su propósito de amor. No todos los que pidieron ser curados, lo fueron. Otros que pidieron ser curados, lo fueron inmediatamente.

En el Nuevo Testamento Jesús se presenta con poder para curar todo tipo de enfermedades. Mt. 4.23; 9.35; 15.30; 21.14; Mr. 1.34; Le. 7.21.

Jesús no cura solamente a los judíos, sino también a los gentiles. Los apóstoles curaban a cristianos y a otras personas no comprendidas en el nuevo pacto con Dios.

En el cuerpo de Cristo, el poder de Cristo para curar se manifiesta a través del ejercicio de los dones de sanidades. Todo creyente tiene el deber y el privilegio de orar por la sanidad de los enfermos.