Sanidad es un proceso que lleva a la condición de bienestar pleno en el cuerpo, la mente, el espíritu y las relaciones. Un concepto integral de sanidad involucra más que sanidad física. Sanidad tiene que ver con todas las esferas de la vida humana. Sanidad no es meramente medicina.
La medicina occidental en el mejor de los casos está en crisis, en razón de que lo que aflige al mundo en grado creciente hoy son enfermedades crónicas, tales como presión arterial, dolores de espalda, enfermedades cardiovasculares, artritis, depresión y enfermedades agudas que se tornan crónicas, tales como cáncer y SIDA. En la mayor parte de estos casos, el estrés, el estilo de vida, y los factores emocionales y espirituales juegan un papel sumamente importante.
Desde una perspectiva cristiana integral, la sanidad es obra de Dios a través de instrumentos y maneras que Él escoge, para traer salud a personas enfermas física, emocional, espiritual y relacionalmente. La meta central del ministerio de la iglesia es la sanidad de los individuos en todas las esferas de sus vidas y relaciones.
Ministrar es demostrar el amor de Dios a los demás llenando sus necesidades y curando sus heridas en todas las áreas de sus vidas. Toda vez que un cristiano alcanza a otros en amor, les está ministrando sanidad.
La sanidad debe ser la meta central de la vida y misión cristiana
La sanidad debe ser la meta central de la vida y misión cristiana. Esto no significa que el sufrimiento no juegue un papel importante en la vida del cristiano individual y de la iglesia. Sin embargo, no hay indicación en la Biblia de que debemos buscar o provocar el sufrimiento para crecer como seres humanos.
Por el contrario, debemos evitar el dolor, resistir al mal en todas sus manifestaciones, y procurar shalom (armonía) conforme a la voluntad final de Dios para el ser humano. Quizás lo que mejor exprese la voluntad de Dios para sus hijos es que el sufrimiento debe ser aceptado y la sanidad debe ser buscada.
Por otro lado, el evangelio es experimentado como buenas nuevas toda vez que sana a las personas, a fin de que vivan conforme al propósito de Dios para sus vidas. El propósito de la vida y misión cristiana es sanar a las personas para que ellas desarrollen sus vidas en toda su plenitud y con todo su potencial. El evangelio las sana para una vida abundante o plena (Juan 10:10).
Durante los pasados cuarenta años en prácticamente todo el mundo cristiano ha habido un renovado interés en la iglesia como comunidad terapéutica o sanadora.
Para expresar su fe de maneras más concretas, estas comunidades han desarrollado ministerios orientados a traer salud, sanidad y plenitud a las personas en necesidad, en el nombre del Señor Jesucristo. Esto ha resultado en un viaje hacia el interior de la propia vida personal con Dios y los demás, como en un viaje hacia el exterior que lleva al discípulo cristiano a un servicio activo o misión comprometida en respuesta al dolor y sufrimientos humanos.
La iglesia debe recuperar su credibilidad como comunidad terapéutica o sanadora
La iglesia debe recuperar su credibilidad como comunidad terapéutica o sanadora, y llevar a cabo un ministerio de sanidad que el Señor le ha confiado. La iglesia debe encontrar dentro de sí misma esa comunión sanadora que hace posible el verdadero cuidado y promoción de las personas, y que vigoriza a aquellos que deben aprender a tomar la salud en sus propias manos y hacerse responsable por ella.
La iglesia no debe renunciar a su ministerio de sanidad dado por Dios y dejarlo irresponsablemente en manos de la ciencia médica ignorando o pasando por alto a aquellos seres humanos que se hunden en la enfermedad, el dolor y la desesperación.
Cristo proclamó que Dios reina y que su gobierno se pone en evidencia toda vez que ocurre la sanidad y toda vez que los enfermos son sanados, los oprimidos son liberados, los quebrantados son consolados y los pecadores son perdonados. Todos estos elementos son parte constitutiva de la misión de la iglesia en el mundo.
Cristo proclamó vida eterna, una vida en la que la muerte es solo una etapa transitoria a una nueva vida abundante con Dios. La iglesia ha experimentado dificultades en hacer plenamente creíble este mensaje y esperanza, ya que la medicina mira a la muerte como un fracaso terapéutico o como el enemigo que debe ser frustrado, y mira a la vida como algo que tiene que ser preservado y prolongado sin importar el costo, el dolor o la falta de significado. La iglesia debe creer y proclamar que el propósito final de Dios para sus criatura es la vida, y la vida en abundancia, y no la enfermedad y la muerte.
La iglesia debe recuperar la práctica de los dones de sanidad para cumplir con la tarea que le ha sido confiada por su Señor
La iglesia debe recuperar la práctica de los dones de sanidad para cumplir con la tarea que le ha sido confiada por su Señor. El ministerio de sanidad de la iglesia tiene que ser una expresión de una verdadera comprensión de la salud y sanidad, arrancándola de los límites estrechos de la medicina, en los que al presente se encuentran atrapadas.
Lo que la gente en el mundo hoy necesita no es que la iglesia construya más hospitales o duplique los programas de cuidado médico típicos del mundo occidental, sino que en el nombre de Jesús haga lo que puede y sabe hacer, y lo que nadie hace: sanar a los enfermos y echara fuera demonios.