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Curso: Sanidad Integral - I
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¿Qué entendemos por sanidad cristiana?

La sanidad cristiana procura la restauración de esa armonía total en el ser humano, que le permita alcanzar un estado de salud. El propósito de la sanidad cristiana es producir shalom en el ser humano. El término bíblico shalom, como ya hemos indicado, significa un estado de total bienestar con la naturaleza, con uno mismo, con los demás y con Dios.

 

La sanidad cristiana o divina debe ser distinguida de otros tipos de sanidades.

 

Sanidad milagrosa: es aquella que se atribuye a la intervención de factores sobrenaturales, que no pueden ser explicados mediante leyes naturales conocidas. La debilidad de esta expresión está en que Satanás y los demonios también son capaces de operar milagros, pero con fines destructivos y de muerte (Deuteronomio 13:1-3; Hechos 8:9-25; Apocalipsis 13:13; 16:14; 19:20).

Sanidad de fe: es aquella que se fundamenta en el ejercicio de la fe por parte del enfermo o del que sana. La debilidad de esta expresión está en que transforma la fe en un especie de obra meritoria y no reconoce al Señor como la única fuente de sanidad ni a ésta como expresión de su gracia.

Sanidad sobrenatural: al igual que en el primer caso, es aquel tipo de sanidad que se atribuye a una causa sobrenatural. Ahora, sobrenatural no es sinónimo de divino. Algo puede ser no natural, o no responder a los procesos naturales, o no tener una causa o explicación natural, pero esto no significa que tenga un origen o responda a una causa divina.

Sanidad síquica: es aquella que involucra prácticas propias del ocultismo, como la sicometría (la adivinación de hechos en cuanto a un objeto o su propietario a través del contacto con ese objeto o la proximidad al mismo), el diagnóstico espiritual generalmente llevado a cabo a través de un médium que apela a espíritus guías, o los fenómenos extrasensoriales y parasicológicos. Todo esto está prohibido en la Biblia. (Deuteronomio 18:9-13).

Sanidad espiritual: es aquella que se lleva a cabo tomando en cuenta la importancia de la esfera espiritual en el proceso de sanidad. Pero este tipo de sanidad espiritual es el que practican los espiritistas y otros representantes del ocultismo. Desde fines del siglo XIX ha sido la sanidad enseñada por Mary Baker Eddy y el movimiento de la Ciencia Cristiana que ella fundó. Hoy es muy popular gracias a su impulso por movimientos como la Nueva Era.

Sanidad médica: es la que depende de la aplicación de todo tipo de terapias, que resultan de la ciencia y la tecnología humanas. Se incluyen aquí los tratamientos farmacológicos, las técnicas quirúrgicas y no quirúrgicas, y los tratamientos homeopáticos o naturalistas. Según algunos cristianos, la sanidad cristiana incluye la sanidad médica, dado que esta es la que utilizan para sanar a los enfermos en el nombre de Jesús, utilizando tanto los medios de la ciencia médica como la oración.

De hecho, debemos ser cuidadosos en no rechazar la sanidad médica y los recursos que nos ofrece la tecnología médica y farmacéutica moderna en razón de nuestra fe en el poder de Dios para sanar. No hay contradicción entre fe y medicina, o entre orar a Dios por sanidad e ir al médico, tomar los medicamentos o seguir el tratamiento prescrito.

Sanidad cristiana o divina: es la intervención redentora de Dios, de manera directa y poderosa a través del Espíritu Santo, en la vida de una persona, con el fin de traer a ese individuo de vuelta a vivir y experimentar su propósito original y eterno de plenitud, según se ha revelado en Cristo Jesús.

 

La misión de sanidad de la iglesia hoy

El siglo XIX fue testigo de un despertar extraordinario del ministerio de sanidad divina en todo el mundo. Especialmente en los campos misioneros, las experiencias de milagros, sanidades de todo tipo y expulsión de demonios parecían multiplicarse en grado creciente, a medida que el evangelio iba entrando en nuevos territorios.

Con el surgimiento del pentecostalismo a comienzos del siglo XX, se dio un nuevo énfasis sobre la misión de sanidad de la iglesia. La sanidad divina fue uno de los énfasis más fuertes que acompañaron la evangelización pentecostal desde entonces. A lo largo del siglo XX, numerosísimos evangelistas pentecostales hicieron de la sanidad divina y la expulsión de demonios los elementos integradores de laq proclamación del evangelio.

En el protestantismo histórico o troncal no se dio el mismo énfasis que en los movimientos de santidad del siglo XIX y en el pentecostalismo del siglo XX.

El interés popular en la sanidad divina sigue en escalada y cada vez son más las iglesias y los creyentes alrededor del mundo que están tomando este ministerio con toda seriedad.

 

Necesitamos de un evangelio pos-individualista

El individualismo ha hecho estragos en nuestra comprensión y aplicación del evangelio. Cuando las personas se vuelcan sobre sí mismas y en grado creciente se tornan más preocupadas por sí mismos y sus propios intereses, aumenta de manera proporcional la indiferencia hacia los deberes sociales y la responsabilidad por el bienestar de otros.

El centro del evangelio es la noticia de la entrega abnegada y sacrificada de Cristo por amor a todas las personas, sin ningún tipo de distinción. En cambio, el individualismo representa el espíritu egoísta que animó y dominó a Caín, cuando cínicamente preguntó:”¿Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano?” (Génesis 4:9)

Una y otra vez en la Biblia, Dios llama a su pueblo a participar voluntariamente en asumir la carga por el prójimo en necesidad. Una comunidad de fe, que se siente representante y agencia del reino de Dios en la tierra, no puede volcarse sobre sí misma con una actitud de indiferencia hacia el mundo y las personas en necesidad que la rodean.

 

Necesitamos de un evangelio pos-racionalista

La manera en que la mayoría de nosotros hemos sido educados está fundada en una aproximación racionalista a la realidad. Nuestras mentalidades occidentales, influidas como están por la lógica griega, y formateadas en el método científico, intentan instintivamente reducir la proclamación del evangelio del reino a unas pocas “leyes” o “principios” básicos que son invariables e inexorables.

En nuestro estudio de la teología como en nuestra práctica de métodos evangelizadores y misioneros, nos suele ocurrir que “descubrimos” leyes y principios en la Biblia que son puro invento nuestro, porque en verdad no existen por más “textos de prueba” que utilicemos. Un análisis crítico de nuestra fe y práctica muestra con claridad que hay más racionalismo y elaboración abstracta en nuestras conclusiones, que una auténtica vivencia de una fe bíblica y una práctica guiada por el Espíritu Santo.

Bajo el control del racionalismo y en el paradigma de la modernidad, parece como que la “vida de la mente” es más importante que la “vida en el Espíritu.” Por supuesto que nuestros pensamientos, las verdades que creemos y las afirmaciones que hacemos son importantes. Pero todo esto debe ser probado por las Escrituras y la guía del Espíritu Santo. Cuando hacemos esto, descubrimos que la santidad y la fe, la vida y la acción cristianas son realidades y experiencias mucho más amplias y profundas que lo que el racionalismo nos permite admitir.

 

El impacto de la posmodernidad

Con el surgimiento de la posmodernidad, muchos médicos y otros especialistas en el cuidado integral del ser humano han llegado a entender la importancia de la fe en la vida de sus pacientes. En uno de los varios estudios llevados a cabo por el Dr. Harold Koenig en la Universidad de Duke, el 40% de los pacientes a quienes se les pidió que clasificaran los factores más importantes que los ayudaron a confrontar sus problemas de salud, colocaron en primer lugar respuestas como “fe”, “el Señor”, o “Dios”.

Es interesante que estas respuestas estuvieron por arriba de dinero, trabajo, amigos y todo lo demás, es decir, cuatro de cada diez consultados indicaron que un factor ligado a la fe religiosa era el número uno a la hora de enfrentar dificultades con la salud. Esto de por sí hace de esta respuesta algo relevante tanto para la medicina como para la fe. Los sufrientes están demandando a médicos, enfermeras, pastores y creyentes cristianos que los consideren como personas completas, en las que los elementos espirituales de su ser son fundamentales.

Cada vez más los científicos están reconociendo el valor de la espiritualidad para la obtención y el mantenimiento de una buena salud, y como recurso fundamental para una respuesta relajada a la crisis de la enfermedad y el sufrimiento.

 

Nuevos desafíos en el cumplimiento de la misión

Como iglesias en Cristo, hoy enfrentamos nuevos y grandes desafíos en el cumplimiento de nuestra misión. La misión de sanidad de la iglesia está basada en la vida y misión de Jesucristo. Su meta es el desarrollo de relaciones de amor, justicia, armonía con uno mismo, con el prójimo, con la naturaleza y con Dios. Cuando la iglesia sirve como agencia para la sanidad y recuperación de las personas y la sociedad, entonces se transforma en una manifestación viviente del nuevo reino de integridad y shalom que Jesucristo proclamó y vivió.

En la iglesia, como el cuerpo de Cristo, nos pertenecemos los unos a los otros. De esta manera, la iglesia tiene la capacidad específica de demandar a sus miembros que cuiden los unos de los otros y que hagan lo mismo con todo el pueblo de Dios en el mundo.

Como un cuerpo con partes interdependientes, no podemos vivir en una comunidad verdadera a menos que cada uno coloque sus dones al servicio de los demás. Cuando uno sufre, todos sufren. Cuando uno recibe honor, todos se regocijan juntos. Cuando un sector de la comunidad sufre dolor, todo el cuerpo se lamenta. Cuando alguien es sanado, todo el cuerpo es renovado.

Algo anda mal cuando algunas partes del cuerpo están bien mientras que otras partes del mismo cuerpo están sufriendo. La iglesia debe ser responsable por tener cuidado de todos los aspectos de la vida humana. Nada que sea humano debe ser indiferente para una iglesia que quiere cumplir con la misión cristiana en el mundo.

 

El objetivo principal del ministerio pastoral es la sanidad de los individuos en todas las áreas de su vida y relaciones

El evangelio se experimenta como buena noticia siempre que sane a las personas para que vivan el propósito de Dios para ellas. Jn. 10.10. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

La sanidad tiene que ver con aquellas fuerzas opresoras y destructoras que bloquean en la persona el desarrollo de todas las potencialidades que le fueron otorgadas por Dios.

Toda persona tiene derecho a descubrir y desarrollar al máximo sus potencialidades físicas, espirituales, emocionales, mentales, y relacionales.

La tarea central del ministerio pastoral es ayudar a las personas a ser sanas, a fin de poder alcanzar su completa condición humana según el propósito de Dios para sus vidas.

El ministerio pastoral es el servicio pastoral cristiano orientado a la nutrición integral de las personas a lo largo de sus ciclos de vida, en medio de la comunidad cristiana.

La iglesia es una comunidad terapéutica de cuidado mutuo, de modo que el ministe­rio pastoral es la tarea de toda la iglesia.

 

Dimensiones de la sanidad en el ministerio pastoral

 

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a. Sanidad física: ministerio de sanación.

b. Sanidad espiritual: ministerio de liberación.

c. Sanidad interior: ministerio de restauración.

d. Sanidad mental: ministerio de integración.

e. Sanidad psico-social: ministerio de consolación.

f. Sanidad social: ministerio de reconciliación.

 

Sanidad física – Ministerio de sanación

Introducción

En el año 1945, en la Naciones Unidas, se proclamó que: “promover el progreso social” y “elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de liber­tad.”

 En el Art. 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene así mismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes a su voluntad.”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud como “un estado de com­pleto bienestar físico, mental y social, y no simplemente como la ausencia de enferme­dad o invalidez.”

La polución del aire, la contaminación de los ríos, la destrucción del medio ambiente natural, el calentamiento del planeta, y la aniquilación de los eco-sistemas, que estamos llevando a cabo los seres humanos hace que vivamos en un mundo cada vez más enfermo.

Cuando hablamos de enfermedad física es necesario afirmar que las enfermedades parasitarias y gastrointestinales, los síndromes diarreicos, la tuberculosis y otras dolencias son básicamente trastornos propios de continentes pobres. Esto no es un hecho accidental sino una realidad causal. Las causas de todo esto se encuentran objetivamente dentro del marco económico y social del mundo pobre.

Las corporaciones transnacionales y globalizadas, con sus sistemas de producción al servicio de sus intereses mezquinos, están causando la polución del aire, la contaminación de los ríos, la destrucción del medio ambiente natural, el calentamiento del planeta, entre otros factores generadores de enfermedades. Todo esto está llevando a un nuevo fenómeno mundial, que es la socialización y globalización de la enfermedad. Vivimos en un mundo que está cada vez más enfermo físicamente.

Esta realidad levanta varias preguntas, que debemos responder:

¿Cuál es el concepto cristiano de salud?

¿Cómo respondió Jesús al problema de la salud?

¿Cómo debemos responder nosotros hoy al problema de la salud?