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Curso: Sanidad Integral - I
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El ministerio de sanidad de Jesús

¿ES LA VOLUNTAD DE DIOS SANAR A TODOS LOS ENFERMOS?

 

Jesús vivió entre los hombres para poder, por medio de sus palabras y obras, revelamos la voluntad de Dios para nuestras vidas. El ministerio de Jesús entre los seres humanos testifica de su lucha ince­sante contra la enfermedad y el mal.

Jesús sanó a todos los enfermos entre las mul­titudes que le seguían. El dijo que había venido para cumplir la voluntad del Padre, y ocupó todo su ministerio en sanar a todos los que venían a él con sus enfermedades.

Su misión fue una misión de reconciliación (2 Corintios 5:19), y la acción de esta reconciliación se manifestó a través de sus obras poderosas (Mateo 9:5)

Lo que Dios hizo a través de Cristo lo quiere hacer hoy a través del cuerpo de Cristo, que es la iglesia. El propósito de Dios no ha cambiado: Él sigue sanando y salvando.

Jesús jamás consideró la enfermedad y la dolencia como “la voluntad de Dios” o como una disciplina impuesta por el Padre, sino como una agresión destructiva del diablo. En el mundo de Dios, Jesús siempre consideró al sufrimiento humano como un intruso, como una experiencia que no era nativa del reino de Dios. El dolor y el sufrimiento eran ajenos y extraños, y tenían que ser atacados y destruidos, en cumplimiento del designio final de Dios.

Cristo es Dios viniendo del cielo porque las cosas andaban mal en la tierra. De este modo, Dios mismo presente en nuestra realidad humana para desafiar a las cosas ajenas a su voluntad para nosotros e intrusas a su propósito eterno, y corregir lo que está mal en el mundo. Jesús utilizó sus milagros de sanidad para ilustrar el quebrantamiento del reino de Satanás y su propósito de robar, matar y destruir la corona de la creación divina, que es el ser humano.

La enfermedad (al igual que el pecado) es la obra del diablo y no la voluntad de Dios. Que Dios permita una enfermedad no quiere decir que Él la quiera.

La enfermedad y el pecado tienen un origen común, que es la obra del maligno. Esta es la razón por la que Jesús sanó al lisiado y le perdonó sus pecados. Se trató de una misma acción u operación (Lucas 5:21-25).

Tanto para la salvación como para la sanidad hace falta fe. La fe que recibe sanidad es básica para la operación de la sanidad. No sólo se trata de la fe del enfermo, sino también de la fe de la iglesia. Ejemplo del paralítico y sus amigos (Marcos 2:3). Hay un caso en que Jesús no pudo sanar, y fue en razón de la falta de fe de la gente (Marcos 6:5-6).

La fe, de la persona enferma, en Jesús y a través de Jesús en Dios, es esencial para la sanidad. El Señor está esperando hacer posible lo imposible (Lucas 7:1-10). En el ministerio de sanidad de Jesús las curaciones eran inmediatas y en consecuencia más impresionantes. Nota que esto no solo tiene que ver con la fe del enfermo, sino también con la fe de la iglesia.

La enfermedad jamás fue considerada por Jesús como ninguna otra cosa que algo malo, y Él nunca trató con la enfermedad de otra manera que no fuese intentar curarla. En ningún lugar de las Escrituras Jesús sanciona la enfermedad como algo deseable o conveniente por ninguna razón. Él jamás aconsejó a nadie que aceptara la enfermedad como algo inevitable o provechoso, y mucho menos como la voluntad de Dios con un supuesto fin disciplinario, didáctico o edificante.

Jesús dejó bien en claro que la enfermedad es un enemigo de la raza humana, y no un amigo o benefactor. Para Él, cualquier tipo de enfermedad o dolencia era algo para ser sanado y no una condición que debía ser aceptada.

No hay un solo caso de alguna persona enferma que haya sido rechazado por Jesús o de alguien a quién él indicara la bondad de una enfermedad. No hay una sola bienaventuranza registrada para los enfermos y débiles. Jesús jamás hizo una apología de la enfermedad y el dolor. Las obras de sanidad de Jesús expresan su compasión por todas las cosas que no están en armonía con la voluntad soberana del Padre y por todos los que sufren las consecuencias de ello. El motivo gobernante en las acciones poderosas de sanidad de Jesús fue siempre y en todas partes la compasión (Mateo 4:14; 9:35; 35:36; Marcos 1:40-41; 8:1-2; Lucas 7:13)

Jesús actúo de esta manera para dar evidencias de la presencia del reino de Dios en y a través de él. Esta fue su respuesta a las dudas de Juan el Bautista. A través de sus obras de sanidad, Jesús dio evidencias de que todo el reino del mal y las tinieblas junto con su príncipe Satanás fue sacudido hasta sus cimientos, y que el reino de la bondad y la luz con su rey Dios estaba por fin viniendo a los suyos (Lucas 11:20). De aquí que sus milagros de sanidad fuesen ilustraciones del gran tema de las enseñanzas de Jesús en cuanto al reino de Dios se había acercado. La realidad concreta de la venida del reino se hizo evidente en la derrota y la expulsión de la enfermedad.

Jesús actuó de esta manera  para no atraer la atención de la gente sobre sí mismo. Jesús no sanó a los enfermos tratando de probar de ese modo su divinidad, y forzándolos así a aceptar su enseñanza y generar fe. Los Evangelios nos presentan a un Cristo que huyó de la fama y pidió a aquellos que habían sido curados que no le contaran a nadie lo que había sucedido (Mateo 8:4; Marcos 8:26; Lucas 8:56).

Pero Jesús creyó firmemente que otro, personas ordinarias como tú y yo, podemos compartir ese poder e incluso hacer obras mayores que las que él hizo. Los milagros no producen ni producirán jamás fe, al menos no una fe salvadora (Lucas 16:31)

Las acciones de sanidad de Jesús son una revelación no solo de la voluntad redentora de Dios para la eternidad, sino también de la voluntad sanadora de Dios para nuestra vida humana de este lado de la eternidad. Su voluntad para el ser humano es una redención total, perfecta e integral. Él vino para traernos vida en abundancia, una vida plena (Juan 10:10)

Jesús declaró explícitamente que la sanidad de los enfermos era una parte integral de su misión (Isaías 61:1; Lucas 4:18). Sus obras de sanidad demostraron el cumplimiento de su misión mesiánica. El propósito primario de sus sanidades fue el de servir como señal a  Israel de que él, Jesús de Nazaret, no era otro que el Mesías prometido y largamente esperado (Lucas 7:19-23). Sus “obras poderosas” presentaron un testimonio evidente de quien era él y de cuál era el propósito por el que había venido al mundo.

Los apóstoles dijeron que había venido al mundo a sanar a los enfermos (Hechos 10:38). Su ministerio fue un ministerio de sanidad para todos y de todo tipo de enfermedad y dolencia (Mateo 4:23; 9:35). El poder de Dios para sanar estaba con él (Lucas 5:17). La gente lo buscaba con ese propósito (Lucas 6:17-18).

La voluntad de Dios para nosotros no ha cambiado. Lo que Dios hizo a través de Cristo, él quiere hacerlo hoy a través del cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo (2 Corintios 5:19), y esta tarea continúa hoy a través de la iglesia y en la iglesia. La iglesia es la agencia del reino para el cumplimiento del propósito eterno de Dios de una redención integral. La obra redentora que comenzó en y con Cristo continúa con la redención física como parte de la salvación integral del ser humano que él logró. El propósito de Dios no ha cambiado: él continúa salvando y sanando, y ha escogido hacerlo a través de la iglesia.

 

¿QUÉ HIZO JESÚS FRENTE A LOS ENFERMOS?

Primero, Jesús alentó la auto-aceptación por parte del enfermo. Algunas personas sienten que su enfermedad es un castigo por algo que han hecho o han dejado de hacer. Es necesario entender que incluso cuando Dios quiere que seamos perfectos (Mateo 5:48), él le da a cada persona individual muchas oportunidades para su desarrollo y es tolerante hacia sus errores. Dios siempre nos acepta en Cristo tal como somos, para poder llegar a ser en Cristo lo que él quiere que seamos. Él nos da la posibilidad de comenzar todo de nuevo y de vivir una vida abundante, no importa cuál sea nuestra situación presente.

Segundo, Jesús despertó la voluntad de estar bien y de estar completo. La restauración en cada persona que Jesús sanó fue completa, de modo que la pregunta preparatoria que muchas veces Jesús utilizó tuvo una importancia especial. Jesús preguntó al invalido en el estanque de Betzatá:”¿Quieres quedar sano?” (Juan 5:6). Parece obvio que una persona enferma quiera estar bien, pero no siempre es así. Detrás de la enfermedad pueden haber motivos diversos de carácter sicológico, económico, emocional o afectivo, que hace que la persona desee seguir utilizando su enfermedad o manipulando a otros con ella. Además, hay personas que no quieren la sanidad de otros, y esto también por diversos motivos.

Tercero, Jesús demandó fe en él. Una fe sanadora es la confianza dinámica en el poder de Dios que puede hacer posible lo imposible y nuevas las cosas que ya existen. Los milagros de sanidad de nuestro Señor regularmente evocaron la fe de parte de la persona que fue sanada y de algunos de los que estaban siendo testigos del acto de sanidad. Además una fe sanadora no se agota con la recuperación de la persona enferma, sino que continúa operando hasta la recuperación total o integral de la persona. Una fe sanadora no solo tendrá resultados físicos sino también un resultado espiritual, conforme al propósito eterno de Dios.

 

¿POR QUÉ PUDO Y PUEDE JESÚS CURAR?

Porque Él es el Señor. Creer que él puede perdonar nuestros pecados como Salvador, es también creer que él puede curar nuestras enfermedades. Mr. 2.1-12.

Nada ocurre en el universo fuera de su soberanía. La enfermedad y la muerte son el resultado de una naturaleza deteriorada por el pecado, y son causadas por el maligno. En razón del pecado originario de Adán, todos nosotros nacemos en el reino falso de Satanás y tenemos una parte de su rebelión y desobediencia contra el Creador. Todos nosotros somos súbditos de este seudo-reino, que se ha transformado en el mundo espurio, el engaño total, y la imagen falsa y negativa del mundo perfecto que salió de la mano creadora de Dios. La pecaminosidad en todas sus expresiones es característica de este reino de las tinieblas.

Cuando consideramos los muchos actos de sanidad del Señor, particularmente cuando los relacionamos con otros milagros en el Antiguo y Nuevo Testamentos, podemos ver que él pudo actuar de manera soberana en todos los casos y en cualquier ocasión. Es decir, ninguno de sus milagros fue contingente a alguna circunstancia terrenal o temporal.

Porque Él es el Salvador.  Jesús tiene poder para salvar o sanar de manera integral: cuerpo y espíritu.

La fe que sana es fe en Cristo como Salvador. El perdón de pecados sin sanidad olvida la calidad integral de la salvación que Cristo opera y reduce la experiencia de la salvación a un proceso pura y exclusivamente espiritual. Este concepto dualista no es cristiano. La gracia de Dios en Cristo salva al espíritu humano de la condenación del pecado, pero también redime al cuerpo de la enfermedad y la muerte.

Porque Él es el Sanador.  Jesús curó como un signo de quién era y de su compasión. Jesús hoy sigue siendo Dios y persiste en amarnos, y en querer salvarnos y sanarnos; Él es el mismo de siempre. El era Dios con nosotros, y el poder sanador de Dios se manifestó en él con plenitud para sanar. Él era amor de Dios por nosotros, y su compasión por los enfermos sufrientes lo llevó a actuar de manera redentora en su favor.

Se dice repetidamente en los evangelios que nuestro Señor “tuvo compasión de ellos” cuando él sanó a los enfermos (Mateo 14:14). Esto no fue solo por causa del pecado y la incredulidad humanos, si bien esto lo perturbó grandemente, sino también por causa del sufrimiento físico de los hombres y mujeres que él vio. Jesús continúa hoy siendo Dios y él persiste en amarnos y en querer salvarnos y sanarnos. Él sigue siendo el mismo.