3. Los resultados o consecuencias de pecado:
(Ver: Juan 44.4; Daniel 9.5-6, 11; Romanos 8.7; 1 Juan 3.4; Mateo 15.18; Romanos 14.23; Hebreos 3.13; Santiago 4.17; 1 Juan 2.16; Romanos 6.6, 7.17, 23; Juan 3.3; 1 Corintio 2.14.)
—Alienación con Dios:
Definición de alienar. (Del lat. alienāre). enajenar. Producir alienación: proceso de transformación de la conciencia. (Del lat. alienatĭo, -ōnis). Acción y efecto de alienar. Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.
Alienación con Dios porque el hombre al contradecir la expresa voluntad de Dios, se pierde la comunión. (Génesis 3.22-24; Isaías 59.2; Romanos 3.19, 5.10.) Toda la desgracia del pecado consiste en el hecho de que el pecado separa al hombre de Dios, “de quien fluyen todas las bendiciones”. La maldición de nuestra época es que se ha perdido la conciencia de Dios. Sin embargo, por la misericordia divina, el hombre puede seguir comunicándose con su Creador, mediante la reconciliación a través de Jesucristo.

—Alienación con el prójimo: Porque el hombre, por el pecado compite y no tiene empatía y está inhabilitado para amar. El pecado es también la raíz y la causa del desorden y del desquiciamiento social. Estar en desacuerdo con Dios conduce a estar en desacuerdo con el prójimo, produce odios y resentimientos entre los hombres. (Ver Efesios 2.11). También como, la competición, la falta de empatía y amor hacia otros.
—Alienación con sí mismo: No sabe vivir en paz con él mismo. Se expresa en muchos trastornos personales como consecuencia del pecado: sentido de culpa, fracaso, al no poder alcanzar sus metas; desorientación, escapismo de la realidad, autoengaño, insensibilidad, egocentrismo, impaciencia, autonegación del pecado. El pecado contra Dios acarrea también ceguera moral y espiritual, impotencia y degradación. Dios es la fuente de toda vida y de toda luz.
—Alineación de lo creado, naturaleza. El pecado es un hecho que se dio en la esfera del espíritu humano, pero que ha repercutido en toda la creación. (Ver Génesis 3:17).
El pecado por naturaleza es destructor, y trajo consigo la destrucción para toda la humanidad (Romanos 5.12). El apóstol Pablo dice: que la muerte se extendió
a todos los hombres, lo que indica que el pecado de Adán tuvo en la humanidad un efecto progresivo, no simultáneo.
Al pecado de Adán se le llama correctamente una transgresión, ya que se traspasó una ley declarada, un mandamiento expreso que Dios le había dado. Cuando Adán pecó, lo hizo por decisión propia, en calidad de ser humano perfecto, que no padecía incapacidad alguna, una condición de la que su prole obviamente nunca ha disfrutado.
El concepto pecado es un tema central en la fe cristiana. La muerte de Cristo tiene una relación directa con este tema. Para la salvación del hombre es fundamental la comprensión correcta de qué es pecado. La ignorancia en este tema, expone al creyente a la indulgencia de libertades que Dios no da o cargas que Él no impone. (Recopilado por Carlos Salazar, disponible en: (copiado en marzo de 2014) http://csalazar.org/2010/12/11/hamarteologa/#more-1542)
En Romanos 5.12 dice: que “por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado”. El apóstol Pablo dice: que la muerte se extendió a todos los hombres, lo que indica que el pecado de Adán tuvo en la humanidad un efecto progresivo, no simultáneo. El apóstol continúa diciendo que la muerte había gobernado como rey desde Adán hasta Moisés, “aun sobre los que no habían pecado a la semejanza de la transgresión de Adán”. (Romanos 5.14.)
Las consecuencias para la creación “Maldita será la tierra por tu causa…” (Génesis 3.17). El pecado es un hecho que se dio en la esfera del espíritu humano, pero que ha repercutido en toda la creación.
En conclusión: El pecado hizo que el hombre ya no estuviera en armonía con su Creador. No solo dañó sus relaciones con Dios, sino también sus relaciones con el resto de la creación, e incluso se dañó a sí mismo, a su mente, corazón y cuerpo.
En Génesis 3.7, 8 indica como desde el comienzo el pecado introdujo los sentimientos de culpabilidad, ansiedad, inseguridad y vergüenza. Este hecho ilustra la idea que el apóstol destacó en Romanos 2.15, donde dijo que la ley de Dios está ‘escrita en el corazón del hombre’, de modo que su violación trastocaría el interior del hombre y su conciencia le acusaría de haber actuado mal.
El poder del pecado: Al pecado no solo se le considera la comisión u omisión de ciertas acciones, sino también una ley, principio gobernante o fuerza que actúa en los humanos, a saber, la inclinación innata a cometer el mal que han heredado de Adán. El pecado está en la raíz del comportamiento, en el núcleo central de la persona, en lo que la Biblia llama corazón. (Salmos 14.2-3; Isaías 53.6; Romanos 3.10; Gálatas 3.10; Juan 8.44).
La aparición de la muerte: La muerte es consecuencia del castigo que merece el pecado. Esta fue la advertencia que acompañó a la prohibición en el Edén, y es expresión directa de la maldición de Dios sobre el hombre pecador. A causa del pecado la muerte provoca temor y terror en el hombre. (Génesis 2.17, 3.19; Lucas 12.5; Hebreos 2.15).
La depravación:
En la actualidad se vive en una total depravación de la raza humana, se ve ciertos actos que ofenden la moral y los principios de la sociedad misma. Pero desde el punto de vista bíblico, un acto pecaminoso es la expresión de un corazón pecaminoso. El pecado siempre ha de incluir, por lo tanto, la perversidad del corazón, la mente, la disposición, y la voluntad. El testimonio de la Escritura con respecto a la capacidad de penetración de dicha depravación es explícito. (Por ejemplo: Génesis 6.5; Marcos 7.20–23; Proverbios 4.23, 23.7.)
En la difundida Confesión de Westminster (La forma original es del año 1647, la que se menciona abajo es la forma adoptada por la Iglesia Presbiteriana en el siglo XIX), afirma con relación al pecado:

Nuestros primeros padres, seducidos por la sutileza y tentación de Satanás, pecaron al comer del fruto prohibido. (Génesis 3.13; 2 Corintios 11.3) Quiso Dios, conforme a su sabio y santo propósito, permitir este pecado habiendo propuesto ordenarlo para su propia gloria. (Romanos 11.32) …
Por este pecado cayeron de su rectitud original y perdieron la comunión con Dios, (Génesis 3.6-8; Eclesiastés 7.29; Romanos 3.23) y por tanto quedaron muertos en el pecado, (Génesis 2.17; Efesios 2.1) y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo. (Tito 1.15; Génesis 6.5; Jeremías 17.9; Romanos 3.10-18) …
III. Siendo ellos el tronco de la raza humana, la culpa de este pecado les fue imputada, (Hechos 17.26 con Romanos 5.12, 15-19 y 1 Corintios 15.21, 22, 49; Génesis 1.27, 28; Génesis 2.16, 17) y la misma muerte en el pecado y la naturaleza corrompida se transmitieron a la posteridad que desciende de ellos según la generación ordinaria. (Salmos 51.5; Génesis 5.3; Job 14.4 y 15.14) …
De esta corrupción original, por la cual estamos completamente impedidos, incapaces y opuestos a todo bien, (Romanos 5.6, 8.7 y 7.18; Colosenses 1.21) y enteramente inclinados a todo mal, (Génesis 6.5; Génesis 8.21; Romanos 3.10-12) proceden todas nuestras transgresiones actuales. (Santiago 1.14, 15; Mateo 15.19; Efesios 2.2, 3).
Esta corrupción de naturaleza permanece durante esta vida en aquellos que son regenerados; (1 Juan 1.8, 10; Romanos 7.14, 17, 18, 23; Santiago 3.2; Proverbios 20.9; Eclesiastés 7.20) y, aun cuando sea perdonada y amortiguada por medio de la fe en Cristo, sin embargo, ella, y todos los efectos de ella, son verdadera y propiamente pecado. (Romanos 7.5, 7, 8, 25; Gálatas 5.17)
Todo pecado, ya sea original o actual, siendo una transgresión de la justa ley de Dios y contrario a ella, (1 Juan 3.4) por su propia naturaleza trae culpabilidad sobre el pecador, (Romanos 2.15; Romanos 3.9,19) por lo que este queda bajo la ira de Dios, (Efesios 2.3) y de la maldición de la ley, (Gálatas 3.10) y por lo tanto sujeto a la muerte, (Romanos 6.23) con todas las miserias espirituales, (Efesios 4.18) temporales (Lamentaciones 3.39; Romanos 7.20) y eternas. (Mateo 25.41; 2 Tesalonicenses 1.9). (Confesión de Westminster, de la Iglesia Reformada: Capitulo 6: “De la caída del hombre, del pecado y de su castigo”. Disponible en: (copiado en marzo de 2014) http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster)
Resumiendo:
El pecado es una abierta rebelión contra Dios, tan extendida que no queda nadie libre de culpa y tan terrible que nadie puede por sí mismo el librarse de ella. (El término se usa para indicar el estudio de la significación de Cristo para la fe).
Toda discusión que incluya al hombre en su relación con Dios, resulta incompleta si no tiene en cuenta el hecho del pecado. Al ignorar o interpretar incorrectamente al pecado, gran parte de la discusión sobre el asunto se aleja del punto. Se trata la doctrina del pecado como una preparación al estudio de la doctrina de la salvación.