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Curso: TEOLOGÍA CRISTIANA II
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Unidad 2: CRISTOLOGÍA (b)

2. La humanidad de Jesús

(Conner, W.T, La Doctrina Cristiana. Págs. 61-66). 

Es muy importante sostener la realidad e integridad de la humanidad de Jesús, admitiendo su desarrollo humano. El Nuevo Testamento anuncia su nacimiento, su relación familiar, su vida. (Ver: Juan 1.14, 4.6-7; Juan 8.40; Hechos 2.22; Romanos 5.15.)

Una doctrina contraria, que negaba la humanidad de Jesús, fue el docetismo (La herejía docética toma este nombre de la raíz griega dokéō, δοκέω) que significa parecer o parecerle a uno. Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo solo era aparente y no real, aparecida en los principios del cristianismo. Sostuvo que el cuerpo de Jesús no era real; que él no era un hombre real, sino solo Dios apareciendo en forma humana. Esto constituyó una herejía fatal que apareció muy temprano en la iglesia primitiva.

El Nuevo Testamento nos cuenta acerca del nacimiento de Jesús, de sus relaciones familiares, de cómo vivió en su hogar de Nazaret, cómo estaba sujeto a sus padres, que tuvo gozo, que fue tentado, que oraba, que tuvo un cuerpo, una mente y un alma, que sufrió y murió.

El libro de los Hebreos hace hincapié especial en la humanidad de Jesús: tomó la naturaleza humana porque vino a salvar al hombre. Él puede sentir compasión a causa de nuestras flaquezas, porque fue tentado en todo, como nosotros, aunque sin pecado. Él dirigió su oración a Dios con fuerte clamor y lágrimas. Aunque era Hijo, sintió temor y aprendió obediencia. (Hebreos 2.14, 4.15, 5.7-8). 

La designación favorita que Jesús usó para referirse a sí mismo fue el término “Hijo del Hombre”. Cualquier otra cosa que esto signifique, implica que él es humano, que es uno con la humanidad. (Juan 1.14; 1 Juan 1.1-3; 4.2, 3; Colosenses 2.20-23)

II 14

Obra de Miguel Ángel, La Piedad.

3. La divinidad de Jesús

(Hammond, T. Cómo comprender la Doctrina Cristiana)

La manifestación personal de la divinidad, igual con el Padre. Así como algunos negaban la humanidad de Jesús, había quienes que negaban la divinidad, por ejemplo, las ebonitas (secta judeo cristiana que afirmaban que Jesús fue solo un hombre, afirmaban que Jesús era el Mesías, pero negaban su preexistencia y que su nacimiento hubiera sido virginal).

No obstante, Jesús mismo afirma: “Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.” (Juan 10.30-33)

Desde los tiempos del Nuevo Testamento, el pueblo cristiano ha adorado y rendido reverencia a Cristo Jesús como divino. Todo lo que se ha dicho acerca de su señorío, tiene que ver con este punto. El hecho de que Jesús hiciera tales demandas es una indicación de que en su propia mente él era más que humano.

Si vemos el cuarto Evangelio, la evidencia resulta clara. En el prólogo (Juan 1.1-18) se habla de Jesús existiendo desde el principio; existiendo (cara a cara) con Dios; y siendo Dios. Él es eterno; personalmente es distinto de Dios Padre y, sin embargo, es Dios en su naturaleza.

Los judíos buscaban cómo matarlo porque decían que había blasfemado al hacerse igual a Dios. Entonces, ellos deben haber entendido a Jesús haciéndose el Hijo de Dios en un sentido único.

Uno de los pasajes sobresalientes de Pablo sobre la cristología es el de Filipenses 2.5-11:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

Pablo dice que Cristo preexistió en la forma de Dios y en un plano de igualdad con Dios. Es evidente que “forma de Dios” no significa una mera forma o estado del ser que se distingue de la sustancia o de la realidad que le pertenece. Porque él prosigue diciéndonos que Cristo tomó la “forma de siervo”, hecho semejante a los hombres.

Los conceptos de la humanidad y la divinidad de Jesucristo fueron expresados en su conjunto recién en el Concilio de Calcedonia (451 d.C.): totalmente hombre – totalmente Dios.

“Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado” [Hebreos 4.15] (Disponible en:<http://doctrinacristiana.org/doctrina/calcedonia.htm>. Copiado en marzo de 2014).

4. La preexistencia de Cristo

(Hendricks, W. (1986), ¿Quién es Jesucristo? Trad. José Luis Martínez. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones)

Las Escrituras afirman que Cristo estaba y era Dios desde el principio. Esto es algo que tiene amplio sustento bíblico. (Filipenses 2; Efesios 1; Juan 17; Hebreos 1.1-3)

En los relatos de la creación del mundo aparece la presencia de Cristo. Por ejemplo: Génesis 1.26, cuando Dios está hablando en plural (es una de las interpretaciones, aunque hay otras). Pero en pasajes como Filipenses 2, Efesios 1, Juan 17 y Hebreos 1.1-3, Cristo estaba y era con Dios desde el principio.

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1.15-17).