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Curso: COMPRENSIÓN BÍBLICA I
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Unidad 2: LA BIBLIA COMO REVELACIÓN ESPECIAL

Sin la Biblia no se podría saber lo que Dios ha ido revelando a lo largo del tiempo. La Biblia es el testimonio escrito de la revelación, la contiene y es la revelación especial de Dios. No significa que en la Biblia está todo lo que Dios reveló, ni todo lo que Jesucristo hizo y dijo, pero sí lo que el Señor consideró que las generaciones posteriores necesitarían para guiarlos a su relación. Véase, por ejemplo:  Juan 21:25, Jesús hizo también muchas otras cosas, tantas que, si se escribiera cada una de ellas, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo entero. Se entiende que la Biblia contiene lo esencial que se necesita saber acerca de la voluntad de Dios para la humanidad y para cada persona en particular. (Martínez, J. op. cit., p. 46).

Todo libro comienza con ideas y propósitos de parte del autor; lo mismo ocurre en este caso. Si fuera posible encontrar el punto de origen de la Biblia, este sería el deseo de parte de Dios de comunicarse con el hombre. Quiso revelar ciertas verdades acerca de sí mismo y de su voluntad para la vida del hombre.

Se pueden mencionar por lo menos seis aspectos principales que Dios revela por medio de la Biblia:

1.- Dios se revela a sí mismo: Éxodo 3.13-15; 1 Juan 4.8, Hebreos 1.1-2, Romanos 5.8, Isaías 6.1-3.

2.- Dios revela su voluntad para el hombre: Juan 3.17; Efesios 1.3-4; 1 Timoteo 2.3-4, 2 Pedro 3.9.

3.- Dios revela el camino de la salvación: Juan 3.16, Romanos 6.23; Efesios 2.8-9, Tito 3.3-7.

4.- Dios revela la manera de vivir para su pueblo: Éxodo 20.1-17; Mateo 5.1-10, 10.38-39, 22.35-40, 1 Cor 13.

5.- Dios revela cómo buscar y encontrar ayuda en nuestros problemas: Salmo 37.5, 32.8, 146.3-7; Proverbios 3.5; Isaías 40.26-31; Mateo 7.12, 11.28-30; Santiago 1.5-6; 1 Juan 1.9.

6.- Dios revela la victoria final de su Reino: 1 Corintios 15.24-28, Apocalipsis 11.15, 21.1-8, 22.1-5.

La inspiración y las Escrituras

En 2 Timoteo 3:16-17 se indica que toda Escritura ha sido inspirada por Dios, literalmente, que intervino el «soplo de Dios«. Es algo que procede de Dios: Hechos 4:24-25; 28:25, Hebreos 3:7ss, 10:15, 2 Pedro 1:20-21.

En el texto bíblico aparece el término ‘inspirar’. Etimológicamente, proviene del griego theopneustos (theos = Dios, pnein = soplo), por lo tanto, “soplo de Dios”. (Véase Génesis 2.7; 2 Timoteo 3:16 y 2 Pedro 1:20-2). Hay una frase que se repite en el texto bíblico: “Hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (Mateo 22:43, Marcos 12:36, 1 Corintios 2:13, Hebreos 3:7, etc.).

Muchos de los autores del AT afirmaron: «Así ha dicho Jehová», «Dice el Señor» (Isaías 1.24; Jeremías 17.24; Amós 2.1; Sofonías 1.3; Zacarías 1.4; Malaquías 1.2; etc.), «Jehová me dijo…» (Isaías 8.11), «Vino a mí palabra de Jehová» (Ezequiel 6.1, 7.1, 14.2, etc.).

La definición de inspiración, por lo tanto: «Es la acción divina por medio de la cual el Espíritu Santo capacita y guía a las personas para comunicarles su revelación. Es Dios mismo hablando por medio de los seres humanos”. Parte del resultado de la inspiración son las Escrituras que se encuentran en la Biblia. (Weldon Viertel. 1985, La Biblia y su interpretación. CBP, El Paso, Texas, p. 37.)

Se recuerda que la revelación es la acción divina por la cual Dios se da a conocer al ser humano. La inspiración se vincula a los modos y métodos que el Espíritu empleó para transmitir esa revelación, especialmente cuando queda por escrito.

La Biblia, como registro inspirado de la revelación de Dios, incluye tanto actividades divinas como actividades humanas.  El Espíritu Santo guía al hombre para recibir, interpretar, preservar y transmitir la revelación de Dios.

Es adecuado preguntarse cómo se produce esa inspiración. Hay diferentes teorías:

  1. La revelación natural

Hay quienes creen que la inspiración que tuvieron los escritores bíblicos fue similar a la que tiene cualquier escritor. Se niega que haya algo sobrenatural, misterioso o especial del Espíritu Santo. Se saca a la Escritura de su origen divino y se la considera como un libro más.

Es claro que no se puede aceptar que este tipo de inspiración es la que actuó en la confección de la Biblia. La inspiración recibida es diferente y superior. “…porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20). Por lo tanto, el texto bíblico no resulta del trabajo creativo de los hombres.

 

  1. La teoría de la Iluminación

Cree que los escritores trabajaron bajo la iluminación divina y ésta es una influencia del Espíritu Santo común a todos los cristianos.  Afirman que cualquier cristiano hoy es tan inspirado como lo fue el apóstol Pablo, por ejemplo.  Entonces, cualquier cristiano en la actualidad podría seguir escribiendo la Biblia o libros con el mismo nivel de credibilidad. (Evans, W. 1983, Las grandes doctrinas de la Biblia. Moody, Los Ángeles, págs. 189-194.)

Muchos cristianos creen que, si bien la inspiración de Dios sigue en la actualidad para todos los cristianos, es diferente en la confección de las Escrituras a través de los siglos, los (diferentes) hombres que fueron utilizados como instrumentos han experimentado una inspiración especial de Dios. Por lo tanto, se sostiene que el canon bíblico está cerrado.

  1. La teoría mecánica o dictado

Los escritores fueron instrumentos pasivos de Dios, como si el Espíritu les hubiera dictado palabra por palabra cada uno de los libros de las Escrituras. Si fuera totalmente así, ¿cómo se explican las diferencias de estilos entre los autores?  Se encuentran variados ejemplos de que, a veces, un mismo hecho relatado por distintos autores no se expresa con idénticas palabras. (Martínez, J. op. cit., págs. 49-50.)

De cualquier manera, se reconoce que hay partes de las Escrituras que podrían haber sido dictadas por el Señor, pero eso no significa que todo haya sido construido de la misma manera. (Éxodo 34.27, Isaías 8.1; Jeremías 36.2 y otros.)

  1. La teoría de la inspiración verbal o plenaria

Propone que la influencia del Espíritu Santo se extiende más allá del pensamiento, llegando hasta la selección de cada palabra que Dios quería utilizar para expresar su mensaje. Quienes la sostienen, insisten en que el Espíritu Santo no solo inspiró conceptos y pensamientos, sino que tuvo el cuidado de que cada escritor seleccionara las palabras correctas y precisas para transmitir la palabra de Dios. (Parker, J. 1958, Fundamentalism and the word of God. Eerdmans, Gran Rapids, p. 79.) Dicen que esto no implica que el Espíritu Santo dictara el texto palabra por palabra de forma mecánica, pues respeta la personalidad de los autores humanos al reconocer que sus características como escritores son preservadas con respecto a su estilo y vocabulario, pero sin intromisión de errores. (Buswell, O. 1979, Teología Sistemática, Logoi, Miami, p. 167).

  1. La teoría dinámica

Considera que hay una combinación de elementos divinos y humanos en la producción de la Escritura. Es Dios quien dirige al escritor en sus pensamientos o conceptos y éste los expresa con sus palabras y de acuerdo con su personalidad y en su situación. (Strong, A., Systematic Theology. Revell, Westwood, p. 907). (Ver: Isaías 8:11-12, Jeremías 1:7, Lucas 1:1-4, Éxodo 32:16).

Los escritores inspirados concibieron su obra y la escribieron conforme a la intención divina, conservaron su personalidad, sus aptitudes personales e incluso algunas deficiencias humanas, a las cuales Dios se acomodaba. Cada uno tiene su estilo y vocabulario individual, y unos son escritores más capaces que otros.

Hay quienes sostienen esta teoría con algunas variaciones, como la que plantea que solo la idea principal de un párrafo o de un capítulo está inspirada por el Espíritu Santo, y el escritor sagrado imprime su estilo y forma al resto de lo que escribe, que resulta así un producto directo de la intervención divina y humana, e implica la posibilidad de los llamados ‘errores escriturales’. Por lo tanto, concluyen que esta teoría convierte a la Biblia en un producto enteramente humano.

  1. La teoría parcial

Sostiene que solo ciertas partes de la Biblia están inspiradas. Los escritores fueron preservados del error en cuestiones referidas a la salvación, pero no en materias como historia, ciencia, cronología y otras cosas. De manera que, según este pensamiento, sería más correcto decir que la Biblia contiene la palabra de Dios, en lugar de decir que es la palabra de Dios.

Aunque hay en la Biblia palabras, dichos y cosas que vinieron de fuentes no divinas (como Satanás o los seres humanos pecadores), sin embargo, sí es inspirado que hayan quedado escritas en la Biblia, porque “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15:4). Otro ejemplo sería la lectura del libro de Job en la intervención de los amigos: si bien reflejaban algunos conceptos de la ley, también lo hacían mezclado con conceptos de sus tradiciones, su cultura, etc. Entonces, no todo lo que ellos indican son principios de Dios a tener en cuenta. (John Stott. Video acerca de la naturaleza de la Biblia. Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=-dAc13JnLL8).