Filipenses 2:5-11 es una revelación de Dios para nosotros, y el v. 11 su parte central: “y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
La palabra clave es SEÑOR.
Tenemos un pasaje base, un texto central y una palabra clave. Todo este estudio girará en torno a la palabra clave. Y para entenderla bien debemos comprender el texto dentro del pasaje.
SE HUMILLÓ A SI MISMO
Pablo dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Luego, procede a describirlo: “… el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”.
Antes de nacer, Cristo ya era Dios (Juan 1:1). Sin embargo, no se aferró a esa posición, sino que se desprendió de ella, y vino al mundo como hombre.
Este sentir que hubo en Cristo es el que debe haber en nosotros.
Como seres humanos deseamos superarnos, evolucionar. Nadie querría transformarse en una hormiga. No estaríamos dispuestos a rebajar nuestra condición.
Sin embargo, Dios se hizo hombre. Su humillación fue mayor que la del hombre volviéndose hormiga, porque ambos son seres creados, mientras que el Creador debió hacerse criatura.
Además, siendo hombre, se humilló aún al nivel de siervo (Ej: lavó los pies de sus discípulos, tarea del esclavo más indigno). Toda su vida fue de servicio.
Y aún descendió un escalón más: siendo siervo, se hizo obediente hasta la muerte de cruz. Descendió al lugar más bajo. Cargó en el Calvario la maldición sobre sí; fue hecho pecado por nosotros.
DIOS LO EXALTÓ
“Por lo cual (por este sentir de humillarse hasta lo más bajo) Dios también lo exaltó hasta lo sumo”.
¡Qué diferente de nosotros que siempre buscamos ascender!
El Padre exaltó a Cristo por su humillación, y le dio:
1. El lugar “sumo”. Significa la suma de todas las sumas, el lugar más elevado.
2. Un nombre que es sobre todo nombre, frente al cual se doblará toda rodilla de los que están en los cielos (ángeles y redimidos), en la tierra (hombres, creyentes, pecadores y aun ateos) y debajo de la tierra (muertos, demonios y todos los seres del universo, seres de los infiernos y de los aires). Y toda lengua confesará que ¡JESUCRISTO ES EL SEÑOR! para la gloria de Dios Padre.
EL NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE
Cristo tiene muchos nombres, sin embargo SEÑOR es el más importante. Es el título que el Padre le confirió en el momento en que fue exaltado y lo sentó en el trono de la majestad en las alturas.
Hoy en día a cualquiera se le dice “señor”. Sin embargo, antiguamente era un título que solo se le daba a las personas importantes.
En el griego (idioma original del N.T.), la palabra Señor es KYRIOS. En los manuscritos dice: “Jesucristo es el Kyrios“. Y es necesario la suma de varias palabras para llegar a su significado pleno:
Jefe
+ Dueño
+ Amo
+ Soberano
+ Máxima autoridad
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KYRIOS = SEÑOR
Cuando alguien confiesa: “Jesucristo es mi KYRIOS” está diciendo: “Es el que manda en mi vida; mi dueño, mi amo. Todo lo que soy y tengo le pertenece”.
En tiempos antiguos, el amo era el dueño de la vida de su siervo. Tenía la facultad hasta de quitarle la vida. Y Jesús es nuestro amo.
Señor también significa soberano, el que está sobre todo. Nada escapa a su control. Él gobierna y es la máxima autoridad.
Al decir “Cristo es el Señor” estamos diciendo muchísimo.
En los días del Imperio Romano, la palabra kyrios tenía dos acepciones.
En el sentido corriente se la usaba para designar a toda persona rica, con muchas propiedades, que tenía esclavos bajo su autoridad. No podía haber un kyrios sin un esclavo, quien vivía para dar fiel cumplimiento a las palabras que salían de la boca de su señor.
ESCLAVOS DE JESUCRISTO
Pablo declaró: “Tengo un kyrios; soy esclavo de Jesucristo, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura. Él es mi Señor”. Y se comportaba como un fiel esclavo frente a su kyrios.
En esa época, cuando un esclavo escribía una carta debía firmarla con su nombre y agregar, “esclavo de…”, colocando allí el nombre de su amo. Notemos cómo firmaba Pablo sus cartas:
“Pablo y Timoteo, siervos (en griego, ‘esclavos’) de Jesucristo…” (Filipenses 1:1).
EL CÉSAR ES EL KYRIOS
Segundo significado: en todo el Imperio Romano había una sola persona digna de poseer el título de Kyrios: el César, el emperador. Él era el jefe y dueño de todo. Aún cuando la gente tuviera propiedades o terrenos todo le pertenecía y, si él lo requería, debían entregárselos sin recibir ningún pago. Se había constituido en el amo de todas las almas que vivían bajo su dominio.
En aquellos días, Pablo vislumbró otro imperio que comenzaba a tomar fuerza y a extenderse sobre la tierra, el cual permanecería para siempre: el de Jesucristo. Dondequiera que él establecía iglesias lo hacía sobre este fundamento, y cada persona que se convertía reconocía a Cristo como el Señor de su vida.