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Curso: El Señorío de Cristo
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Cuatro Principios

Hay cuatro principios en el reino de Dios para la familia, que debemos permitir que se arraiguen muy profundamente en nuestra vida.

¿Qué significa que el reino de Dios entre en el hogar?

En cada hogar hay un trono, un lugar de preeminencia, y en él debe estar sentado Jesucristo. Cuando todos los miembros responden a las órdenes de Cristo, el reino de Dios ha llegado a ese hogar.

La estructura de la familia está formada por dos relaciones básicas: marido-mujer, y padres-hijos. Los principios de Dios para cada uno de ellos son esenciales para el desenvolvimiento del núcleo familiar.

 

1) PARA LAS CASADAS

“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efesios 5:22).

¿Por qué Pablo siempre empieza por las casadas? Porque la primera en subordinarse debe ser la que sigue inmediatamente a la autoridad principal.

En un batallón del ejército hay soldados rasos, luego cabos, un teniente y un capitán. Para que haya orden, el primero en demostrar sujeción debe ser el teniente. Si él no lo hace tampoco sus subordinados obedecerán cuando él les dé una orden. Así la autoridad se resquebraja y comienza a reinar la anarquía.

Lo mismo ocurre en el hogar. Si la mujer no se sujeta a su marido, los hijos se sienten libres para desobedecer a los padres; la autoridad ya no existe y reina la rebelión.

La mujer debe mostrar con su conducta una imagen de respeto y sujeción. Debe sujetarse a su marido para que Cristo reine en su hogar.

 

2) PARA LOS MARIDOS

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25).

“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

El principio del Rey para el marido es que ame a su esposa y la trate como a un vaso frágil, dándole un honor especial. Debe asistirla con ternura y delicadeza. Si el marido no la trata como a un vaso frágil Cristo no puede reinar en ese hogar.

¡Sabemos de memoria estos textos! Pero los aprendimos al revés. Cada uno le reclama al otro que cumpla su parte.

La Biblia le dice a cada uno cuál es su responsabilidad. No dice: “Maridos, sujetad a vuestras mujeres”. Expresiones como: “Me vas a obedecer…” o  “Acá mando yo…” evidencian que Cristo no reina en ese hogar.

El comportamiento del marido no debe ser una respuesta a la conducta de su mujer, sino al Señor de su vida.

La mujer debe sujetarse a su esposo aunque se trate de un incrédulo. Y aunque él no la trate como corresponde, debe sujetarse para mostrar que Dios reina en su vida y en el hogar.

Las discusiones en un hogar se terminan cuando cada uno asume su responsabilidad frente al Señor.

Cada vez que haya un conflicto, pregúntate: ¿Cuál es el mandamiento de Dios para mí? ¿Cuál es la parte que a mí me toca hacer?

Muchos de los problemas que tenemos en nuestra casa se solucionarían si respetáramos los principios del reino de Dios.

 

3) PARA LOS HIJOS

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa” (Efesios 6:1-2).

Los hijos deben obedecer a sus padres si Cristo reina y es el Señor de sus vidas. Es un mandamiento.

En el mundo reina un espíritu de rebeldía, desprecio y menoscabo de los hijos hacia sus padres. Por eso, la obediencia a los padres es el principio del reino de Dios para ellos.

Y no sólo dice obedecer sino también honrar. Honrar significa reverenciar, respetar. Se debe dar especial honra a los padres.

Y se debe obedecer con alegría, amor y respeto, aunque sean injustos o nos den una orden equivocada. Lo más importante es que Cristo reine.

 

4) PARA LOS PADRES

“Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).

Se debe enseñar y corregir a los hijos, y mostrarles el camino a seguir, no ser blandos ni tolerantes con sus caprichos. Si le das una orden a tu hijo, haz que la cumpla, aunque te tome tiempo y requiera de tu paciencia. Él debe saber que quien manda eres tú. Debes mostrarte firme. Que tu sí sea sí y tu no, no.

El principio del reino de Dios para los padres es que si Cristo reina en el hogar, deben criar a sus hijos “en la disciplina y amonestación del Señor”.

Pero ten cuidado de no abusar de tu autoridad. “No provoquéis a ir a vuestros hijos”. No seas rígido e intransigente en lo que no corresponde. Esto produce ira y rebelión.

La función del padre es enseñar al hijo a vivir, guiarlo a desarrollar su personalidad para que luego se valga por sí mismo, y no aplastarlo y subyugarlo hasta hacer de él un rebelde o un ser temeroso, incapaz de enfrentar la vida.

Dios va a transformar nuestros hogares en la medida en que vivamos estos cuatro principios fundamentales.

Maridos, esposas, padres, hijos, sujetémonos al Señor. Recibamos su mandamiento para vivirlo.

 

Comencemos a practicar estos cuatro principios y Cristo reinará en nuestro hogar.