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Curso: El Señorío de Cristo
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La esperanza victoriosa de la iglesia

Estamos viviendo el momento histórico de espera hasta que el Padre ponga a todos sus enemigos bajo los pies de Cristo.

El Padre tomó a algunos príncipes de la potestad de los aires y los puso bajo los pies de Jesús. Y lo seguirá haciendo hasta que no quede ninguno. Todo lo pondrá bajo los pies de Cristo, para que él tenga pleno dominio.

Como Cristo es la Cabeza, todo lo que ponga bajo sus pies estará bajo la iglesia.

¡Levántate, iglesia! Toma conciencia de la hora de Dios. ¡Ríndete a Jesucristo! Comienza a brillar. “Todo lo que pisare la planta de vuestros pies será vuestro”.

Isaías vio la visión de este reino de Dios: “y lo dilatado de su imperio no tendrá límite” (Isaías 9:1-7).

El reino de Dios está en plena expansión. Él está preparando a su pueblo, a través del cual extenderá su reino a todas las naciones.

Vivimos en el momento de la culminación del propósito de Dios. Y la iglesia es el agente que Dios ha escogido para extender su reino a pueblos, ciudades y naciones.

Durante toda la historia, los reyes lucharon entre sí. En la actualidad, muchas naciones se enfrentan, procurando tener la supremacía. ¿Quién vencerá? ¿Quién logrará el dominio del mundo?

Aquel que ya ha vencido: JESUCRISTO. ¡Él es el Señor! Y un día aparecerá con poder y gloria, y será proclamado Rey y Señor del mundo entero.

“Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos(Apocalipsis 11:15).

Cristo gobernará sobre toda la tierra. Su venida se acerca. Pero antes de que él vuelva, su reino se va a extender con poder y gloria. Él vendrá a buscar a su iglesia santa, sin mancha ni arruga. Y los muertos en Cristo resucitarán primero, y todos los que estén en la tierra serán arrebatados para estar junto con él. Entonces, establecerá su reino aquí en la tierra.

Aquel día final, cuando el Hijo del hombre se siente en el tribunal de juicio, los libros se abrirán y todos compareceremos ante él.

A su izquierda habrá una multitud de millones y millones, vestidos con harapos, y con el rostro demacrado, escondiéndose del esplendor de la gloria del que está sentado en el trono. Serán los que no reconocieron a Jesucristo como Señor.

A su derecha, otra multitud, vestida con ropas blancas y coronas en sus cabezas. La luz y la gloria del que está sentado en el trono los cubrirá.

Frente al trono estarán también todos los ángeles y arcángeles. Y al otro lado, Satanás y todos sus demonios.

Ese día toda rodilla se doblará. Todos se inclinarán ante el Señor, los ángeles y los demonios, y aún ¡el mismo Satanás! Y todo el universo confesará que ¡JESUCRISTO ES EL SEÑOR! (Filipenses 2:10,11).

Todos estaremos frente a ese trono. Solo habrá dos clases de personas: los que vivieron como el Rey manda y los que vivieron como ellos quisieron. Los que hayan confesado a Cristo como su Señor aquí en la tierra estarán a la derecha. ¿Dónde estarás tú?

En aquél día, los de la izquierda, junto Satanás y todos sus demonios, serán lanzados al lago de fuego y azufre por toda la eternidad. Y los de la derecha, junto con todos los ángeles, escucharán la invitación: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).

 

Cristo entregará el reino al Padre. Y comenzará una nueva era: la historia de la gloria plena de Dios, junto con sus escogidos. Y reinaremos con él por los siglos de los siglos.