Cristo comenzó su actuación pública a los 30 años como el Mesías, el enviado de Dios.
Cuando él actuaba la gente quedaba maravillada y confundida. En ciertos aspectos parecía un hombre como todos, pero a la vez dejaba perplejos a sus observadores, que exclamaban: “¿QUIÉN ES ESTE?” ¡Nadie ha hecho ni ha hablado como él lo hace!”
Algunos decían: “Es un profeta”, o “un hombre excepcional” o “un maestro”. Era distinto a los demás. Aún sus discípulos vez tras vez se preguntaban quién era.
SEÑOR SOBRE EL REINO DE LA NATURALEZA
Una vez, Jesús subió a un barco para cruzar el lago, junto con sus discípulos. Estaba cansado, así que se quedó dormido. De repente, el viento levantó una tempestad, y la barca comenzó a zozobrar. Las olas eran enormes. Los discípulos no podían controlarla, así que lo despertaron. Cristo se levantó y dijo al mar: “Enmudece y calla”. Al momento todo se aquietó y hubo bonanza. Los discípulos, asombrados, preguntaron: “¿Quién es éste que aún el viento y el mar le obedecen?…”
Es Jesús de Nazaret, el Verbo hecho carne, el Hijo del Dios viviente. Demostró ser Señor sobre el reino de la naturaleza. Tenía autoridad. La naturaleza misma se sujetó al Señor del universo.
SEÑOR SOBRE EL REINO DE LOS VIVIENTES
Los hombres, cuando lo oían predicar y enseñar, decían: “Nadie ha hablado como este. Habla como alguien que tiene autoridad”. Nadie podía refutar nada de lo que él decía.
En cierta ocasión vino un hombre lleno de lepra, con su cuerpo llagado, y postrándose le pidió que lo sanara. Cristo extendió la mano, lo tocó y le dijo:“Quiero. ¡Sé limpio!” Y la lepra lo dejó en el mismo instante. Todos quedaron maravillados.
¿Quién es este? Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, Señor sobre la totalidad del hombre.
En otra ocasión le trajeron a un paralítico. Él le dijo: “Tus pecados te son perdonados”. Los religiosos se enfurecieron: “¿Quién es éste que perdona pecados? Sólo Dios puede hacer eso”. Él respondió: “El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”. Nunca nadie pudo levantar su dedo para acusarlo de pecado.
En otra ocasión, dijo: “El que de vosotros esté sin pecado, tire contra ella la primera piedra”. Y nadie pudo. Todos se fueron maravillados.
Es el glorioso Jesucristo, el Hijo bendito del Padre, que vino a la tierra y demostró ser Señor sobre todos los seres vivientes en forma integral: cuerpo, alma y espíritu.
SEÑOR SOBRE EL REINO DE LOS DEMONIOS
En una ocasión, un hombre gadareno le salió al encuentro. Una legión de espíritus satánicos se habían posesionado de él. No lo podían contener ni con cadenas. Y Jesús se le acercó. Aún Cristo no había abierto su boca, cuando los espíritus comenzaron a temblar dentro de él y a gritar: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, hijo de David, hijo del Altísimo?”
Cristo dio la orden y la legión de demonios salió del hombre, entrando en un hato de puercos, que se precipitaron al mar y se ahogaron.
Toda la población salió a ver lo que había sucedido: “¿Quién es este, que aún los demonios le obedecen…?”
Es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, quien demostró en la tierra ser Señor sobre todos los demonios. En el comienzo de su ministerio, ya se había encontrado con el mismísimo Satanás, y le ordenó: “Vete de mí”. Y el diablo tuvo que huir avergonzado y vencido. Todos los demonios se sujetaron a él.
SEÑOR SOBRE EL REINO DE LOS MUERTOS
Jesús era amigo de Lázaro, de Betania. Un día le avisaron que estaba enfermo. Jesús se demoró en ir, y cuando llegó ya hacía cuatro días que había muerto.
Jesús se acercó al sepulcro, y pidió que corrieran la piedra. Y oró: “Padre, te doy gracias porque tú siempre me oyes…” Y ordenó: “¡Lázaro, ven fuera!”. ¡Y el muerto resucitó! (Juan 11:38-44).
¿Quién es este, que aún los muertos le obedecen…?
Es Jesús de Nazaret, Señor también sobre el reino de los muertos.
SEÑOR SOBRE EL REINO DE LOS GOBIERNOS HUMANOS
Finalmente, lo ataron y lo llevaron delante del Sumo Sacerdote. Luego, delante de Herodes y luego de Pilato:
—¿Eres tú el rey de los judíos?
—Tú lo dices.
Luego, siguió preguntando, pero Cristo ya no respondió. Pilato se enfadó.
—¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte… y para soltarte?
—Ninguna autoridad tendrías, si no te fuese dada de arriba —contestó Jesús con serenidad (Juan 19:10-11).
Pilato se preguntaba quién era este.
Jesús de Nazaret, Señor sobre todos los gobiernos, quien demostró vez tras vez su autoridad sobre los gobernantes, fueren políticos o religiosos.
En tres años y medio de ministerio público demostró que era Señor sobre todas las esferas del universo.
SEÑOR SOBRE EL REINO DE LOS ANGELES
Jesús estaba en el huerto de Getsemaní orando. Iba a ser entregado y lo sabía. Un ángel vino a reconfortarlo. Finalmente, dijo al Padre: “Sea hecha tu voluntad, no la mía”. Y bebió la copa amarga. Una multitud de hombres se acercaba con espadas, palos y antorchas. Venían a prenderlo. Cristo se adelantó hacia ellos y preguntó:
—¿A quién buscáis?
—A Jesús Nazareno —fue la respuesta.
—Yo soy —y al decir esto, todos sus perseguidores cayeron en tierra. Rápidamente, se incorporaron, y al ver su pasividad se acercaron, lo tomaron y lo ataron. Pedro sacó su espada y cortó la oreja de uno de ellos.
—Pedro, mete tu espada en la vaina —ordenó Cristo, mientras sanaba la oreja herida—. ¿Piensas que no puedo pedir doce legiones de ángeles que vengan a defenderme? (Mateo 26:51-54; Lucas 22:49-51).