“Maestro, ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”
(Mateo 22:37-40)
El fundamento de toda visión ministerial se encuentra claramente desarrollado en la Biblia, y encierra una verdad central que es el corazón del propósito de Dios para la humanidad: amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; tal cual como lo resume el Señor Jesús al ser interpelado por los fariseos sobre el asunto.
Por ello antes de arribar a algunos conceptos y de reflexionar sobre distintas modalidades de acción relacionadas al compromiso social cristiano en relación a la Misión, necesitamos reconocer los fundamentos que encontramos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Y seguirlos como un camino de guía ministerial sobre el cual deberán apoyarse todo el resto de las definiciones y prácticas que desarrollemos.
A continuación solo mencionaremos una selección de textos bíblicos que nos ayudarán para reconocer esta base de fundamentos; sin embargo, la Biblia es un manual completo que abarca muchos más aspectos de los que alcanzaremos a mencionar en este escrito.
(Bosquejo sobre apuntes Bíblicos de Ministerio Social Cristiano – Pastor Roberto Beretta)
“Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan”. (Salmo 24:1)
Podemos tomar como punto de partida, la cosmovisión judeo-cristiana, en contraste con cualquier otra forma de interpretar el mundo.
[pullquote style=”right”]Dios no está ajeno, ni lejano, sino que se relaciona con el mundo como creador, sustentador, juez y redentor.[/pullquote]
Este texto nos revela varios aspectos fundamentales. En primer lugar, Dios es el creador y el dueño de todo lo que existe. Esto incluye especialmente al ser humano.
La tierra tiene un orden establecido y sostenido por el mismo creador.
Dios no está ajeno, ni lejano, sino que se relaciona con el mundo como creador, sustentador, juez y redentor.
En este contexto el ser humano recibe una función trascendente: ser el mayordomo (administrador) de este sistema, que además lo incluye a sí mismo.
Partir de esta concepción nos coloca en la posición correcta, tanto en relación a Dios como en nuestro vínculo con la naturaleza y con los otros seres humanos.
“Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente”. (Génesis 2.7)
El hombre fue creado como un ser integral. Sus componentes: cuerpo, alma y espíritu son complementarios e interdependientes. Tener es cuenta este aspecto resulta fundamental a la hora de llevar adelante el ministerio. Las necesidades humanas siempre son multifacéticas por más que se expresen particularmente en una de sus formas. Por ello, detrás de cada necesidad existe una variedad de oportunidades por medio de las cuales Dios puede llegar a manifestarse.
“Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó”. (Génesis 1:27)
Este texto nos muestra otras tres condiciones esenciales del ser humano

La imposibilidad del ser humano de nacer, crecer y desarrollarse en forma aislada, revela desde su origen su condición de ser social.
Esto significa además que en buena medida su contexto, relación y vínculos determinan sus características, oportunidades y formas de resolver los problemas.
Incluso su forma de valorar, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, etc.
Diferenciados en distintas formas desde su génesis pero en igualdad de derechos y condiciones. Complementarios en sus funciones de administración de la creación, empezando por la familia.
En el diseño y propósito original, no existe supremacía ni competencia. Este aspecto resulta muy importante en contextos donde predomina el machismo, la opresión hacia las mujeres, la reacción extrema del feminismo o cualquier otra posición que apunte a eliminar la sana diferenciación y complementariedad diseñada por Dios desde la creación.
Esta característica es central para valorar a cada persona, sin ningún tipo de acepción. Por más que el pecado y las circunstancias de la vida hayan deformado esta imagen, la misma permanece como un sello y garantía de la creación divina. Por ello, cada vez que alguna persona se acerca a nosotros con cualquiera que sea el tipo de necesidad, nuestro compromiso es reconocer en ella esa imagen misma de Dios que nos lleve a valorarla, respetarla y actuar en amor hacia su vida.
Esta mirada nos ayuda a comprender con mayor facilidad el relato del Señor Jesús en Mateo 25 al decir: “… en cuanto lo hicisteis a uno de éstos mis hermanos más pequeños a mí lo hicisteis”
Cuando Jehová constituyó un pueblo, lo hizo a partir de la descendencia de Abraham como modelo de Reino de Dios para el resto de las naciones. También les dio leyes para regirse en todos los aspectos de la vida: Familiar, comunitaria, social, espiritual y de relación con los demás pueblos.
Estas leyes encierran profundos principios que siguen vigentes y cobran un valor mucho más profundo a partir de la revelación en Cristo.
A continuación trabajaremos algunos conceptos.
Éxodo 3:9 Dios obra contra la opresión.
Éxodo 20: 12-17 Dios establece leyes de relación.
Desde un principio la Biblia deja en claro que más allá del libre albedrío que el hombre tiene sobre las relaciones humanas, para el creador es una prioridad que no admite opresión, discriminación ni injusticia.
La incapacidad de la humanidad caída para establecer condiciones justas para con el prójimo deviene en explotación, esclavitud, difamación y guerras. Por lo cual la ley divina establece parámetros claros, para volver una y otra vez por medio de acciones concretas, la protección a los que quedan marginados o expuestos a estas condiciones, que más allá de los sistemas sociales imperantes siempre se repiten.
Deuteronomio 19: 13-14 Dios condena la malicia contra el prójimo, violencia física, estafa, testimonio falso.
Deuteronomio 15: 1-6 Dios regula el endeudamiento.
Deuteronomio 24: 15 Dios reclama pago correcto.
Éxodo 22: 21-27; Deuteronomio 10: 17-18 Dios protege a los marginados sociales: extranjeros, huérfanos, viudas, pobres.
Deuteronomio 15: 7-11 Dios demanda cuidado sobre los pobres y generosidad a su pueblo a la hora de compartir sus bienes con los más necesitados. Aclara también que ellos pueden acudir a Él en reclamo.
Salmos 140: 12 Dios defiende al necesitado y hace justicia al pobre.
Los Salmos expresan de diversas formas una unidad de sentido y propósito, entre las distintas expresiones de adoración a Dios y su coherencia para con el compromiso con el prójimo.
Salmos 15 Condiciones para la adoración: integridad, justicia.
Salmos 41:1-5 Condiciones para la protección: pensar en el pobre.
Salmos 82:2-3 Condiciones para la justicia: defender a los huérfanos y a los oprimidos.