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Curso: SERVICIO SOCIAL CRISTIANO
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Nuestra forma de inserción

A. Nuestra forma de inserción. ¿Cómo llevamos adelante este tipo de misión?

Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas *nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia.  Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos—.  Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo”. (Mateo 9: 35-38, NVI)

Siguiendo el ejemplo del Señor Jesús, y entendiendo que la Iglesia es el cuerpo de Cristo moviéndose en medio de las personas, comunidades, culturas, sociedades, quisiera describir a modo de conclusión algunos verbos propios de una misión verdaderamente comprometida con la realidad.

1. Ver

En primer lugar resulta fundamental poder ver con ojos espirituales, es decir, con discernimiento, como lo hacía el Señor Jesús.

A las personas, como individuos, con situaciones diferentes, producto de historias, causas y consecuencias particulares y, por lo tanto,  individualizar también su ministración, su servicio. No todos los ciegos se curaron con la misma práctica, la mujer con flujo de sangre necesitaba algo más que una sanidad física, merecía un reconocimiento social, etc.

A las necesidades, no como problemas, sino como oportunidades. Cuando las necesidades de las personas se transforman en un problema para la Iglesia es porque estamos tratando de convertirnos en “solucionadores” en lugar de acompañantes o ministradores. Entonces se vuelven una carga que no estamos dispuestos a llevar y nos volvemos impotentes.

¿A quién enviará Dios a los necesitados si no es a su Iglesia? Pero debemos aprender a ver en esto una oportunidad de ministerios para que la gloria y las obras de Dios se manifiesten.

Los tiempos. Somos protagonistas de un tiempo particular, que no es igual a otro tiempo pasado. Una de las exhortaciones de Jesús a los fariseos es que no sabían mirar o interpretar el tiempo que estaban viviendo. Dios nos ha escogido para este tiempo, no fue obra del azar. Por lo tanto, para ser protagonistas debemos pedirle al Señor discernimiento del mismo. No podemos decir que estamos desorientados, tener temor o huir de las responsabilidades que nos corresponden contextualmente.

2. Recorrer

 

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La fama del Señor Jesús era suficiente para quedarse anclado en un solo lugar y que acudieran diariamente multitudes para oírle. Sin embargo, él hacía un esfuerzo denodado y explícito por recorrer, por acercarse a distintas localidades y contextos, en ocasiones incluso huyendo de la multitud que le esperaba. Simplemente porque le era necesario pasar por ejemplo, por Samaria, por Gadara, por Betania, o Jerusalén.

El desafío ministerial nos lleva a romper permanentemente  el impulso natural, y añadiría también contextual, de encerrarnos, en nosotros mismos, en nuestras casas con  internet, o por la inseguridad, en nuestros templos, etc.

La actitud deliberada de salir, caminar, recorrer nos lleva a  vincularnos, a aprender nuevas cosas sobre las vidas, las familias, las comunidades, etc. E incluso a  desaprender muchas que tenemos incorporadas ya sea por formación o por preconceptos.

3. Sentir

El sentimiento es mucho más profundo y persistente que las emociones.  Estas últimas aparecen cuando alguna imagen o alguna palabra nos sensibiliza, pero desaparece rápidamente.

Sin embargo, cuando experimentamos el contacto y el vínculo directo, tal como el Señor nos enseñó, entonces aparece un sentimiento mucho más genuino, profundo y duradero, como la compasión.

4. Orar

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Reconocer la realidad, tomar contacto con ella y sentir compasión por las multitudes, sin lugar a dudas nos lleva a una clara situación de impotencia humana, que es la antesala para una oración genuina buscando la manifestación del  poder de Dios y la necesidad de muchos más obreros para trabajar.

Este es un buen punto de partida también para reconocer a los otros que también sirven en el reino de Dios, o que aun sin saberlo sirven para el reino de Dios y crean redes, puentes, vínculos, que nos den una visión más amplia que la que tenemos en forma individual o como iglesia local o como denominación.

5. Ministrar (Manifiesto misionológico y unción transformadora)

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos;

a poner en libertad a los oprimidos;

a predicar el año agradable del Señor”.                                                                                                   

Lucas 4:18-19

Tal como empezamos este módulo con el manifiesto misionológico que nos enseñó el Señor Jesús, es necesario remarcar que entretanto que vemos, que vamos, que sentimos y que oramos, también ministramos. Por medio de la unción transformadora del Espíritu Santo que mora en cada uno de nosotros y que además se manifiesta corporativamente en la Iglesia.

Para finalizar es importante repasar cada uno de los conceptos citados, para analizarlos, para  dejar que los mismos analicen nuestra praxis ministerial y para luego poner por obras los desafíos que el Señor de antemano preparó para que anduviéramos en ellos.

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