Encontramos aquí el desarrollo del ministerio cristiano, por medio de la obra del Espíritu Santo en la vida de los apóstoles, de los creyentes y de la Iglesia primitiva en general. También estos relatos encierran inseparablemente a la extensión del Reino un profundo compromiso con las necesidades de las personas, que se expresa en distintas formas:
Algunas consecuencias prácticas del avivamiento y la presencia del Espíritu Santo fueron (Hechos 2:44-47, 4:32-35):
La iglesia continuó creciendo en número pero mantuvo su cuidado de cada uno de manera que no había entre ellos ningún necesitado (Hechos 4:32-35).

Las cualidades necesarias para la realización de las tareas de servicio “diakonía” eran: buen testimonio, llenura del Espíritu Santo y sabiduría. El ministerio de atención a las necesidades es un ministerio del Espíritu Santo. El servicio a los más necesitados no es opcional sino fundamental para la vida de una Iglesia sana y comprometida (Hechos 6:1-6).
Jesús es presentado en la memoria de Pedro como el que anduvo haciendo bienes. El ministerio de la Iglesia primitiva fue moldeado bajo la memoria del andar de Jesús entre los hombres, por ello desde el principio las personas mismas identificaban su continuidad a través de los apóstoles y al sumarse a la Iglesia también lo vivían de la misma forma (Hechos 10:37-38).