(Bosquejo sobre Apuntes Bíblicos de Ministerio Social Cristiano – Pastor Roberto Beretta)
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.” (Lucas 4: 18-19)

Todo el ministerio del Señor Jesús fue de un claro y fuerte compromiso social, no en forma aislada o exclusiva, sino de manera integral con su enseñanza, milagros y plan de salvación.
Jesús comienza su ministerio haciendo suya la profecía de Isaías. La misma describe claramente las características de su servicio, por lo cual puede decir con total autoridad, «Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes».
Todo esto implica un tiempo agradable a los ojos del Señor.
Jesús define su ministerio en términos de servicio al necesitado. El evangelio apunta a las necesidades materiales (pobres), emocionales (corazón), espirituales (cautivos, ciegos) y sociales (oprimidos)
En Lucas 6:20-26 hay un contraste entre el trato dado a los pobres para quienes se dirigen bienaventuranzas y el trato para con los ricos para quienes son los ayes. En esta generalización Jesús condena la actitud de auto suficiencia y de egoísmo. No es “bienaventurado” por el hecho de ser pobre o padecer hambre (nadie es feliz por este hecho) sino porque Dios está pensando en ellos y los saciará.
[pullquote style=”left”]No es “bienaventurado” por el hecho de ser pobre o padecer hambre (nadie es feliz por este hecho) sino porque Dios está pensando en ellos y los saciará[/pullquote].
Debemos pensar como Jesús y obrar a favor del pobre, dejar de lado la actitud egoísta del que esta saciado y solo piensa para sí.
El concepto de amor al prójimo excede ampliamente el que tenía entonces el contexto judío y abarca aun al desconocido e incluso al enemigo. (Mateo 5:38-48, Mateo 7:12; Lucas 6:27-36, 10:25-37).
La medida de nuestras demandas es lo que estamos dispuestos a hacer por los demás. El trato que estimaríamos justo y deseable para nosotros mismo es el que tenemos que brindar a lo demás (Mateo 7:12; Lucas 6:31).
El amor y la misericordia no son una respuesta restringida a quienes nos aman y muestran misericordia, sino que debe alcanzar a quienes son indiferentes o aun nos aborrecen, maldicen o calumnian. Hay que dar sin esperar recibir a cambio, hay que dar sin distinciones, este es el ejemplo que Dios nos presenta (Mateo 5:38-48; Lucas 6:27-36).
[pullquote style=”right”]Hay que dar sin esperar recibir a cambio, hay que dar sin distinciones, este es el ejemplo que Dios nos presenta.[/pullquote]
La parábola del buen samaritano nos enseña que no podemos eludir la responsabilidad de considerar a todo hombre como nuestro prójimo y de amar de una manera práctica y concreta, dando respuestas a sus necesidades. El desafío es “Ve y haz tu lo mismo” (Lucas 10:25-37).
La fe genuina que nos relaciona con Jesús como Salvador, no es simplemente una “fe de palabras” sino que nos mueve a actuar y cumplir la voluntad del Padre. Aun hechos que aparentan ser milagrosos serán reprobados por Jesús si no cumplimos en hacer para bien y no para mal (Mateo 7:21-23).
Escuchar de la Palabra es el primer paso que se tiene que ser completado por hacer. Esto nos transforma en hombres sensatos y dichosos. Debemos poner por obra todo consejo del Jesús, esto incluye nuestro compromiso de servir al prójimo (Mateo 7:24-27; Lucas 6:46-49) .
Dos grandes mandamientos resumen la Ley y los Profetas (Mateo 22:35-40) . El primero es amar a Dios con todo nuestro ser. El segundo es de igual valor, de igual trascendencia, de la misma importancia, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El primero no puede ser genuino si no existe el segundo.

El deseo de prevalecer entre los demás, de dominar y exaltarse por sobre otros es una característica de la naturaleza humana y causa de discusiones, odios y guerras. Jesús enseñó con claridad su enseñanza al respecto (Lucas 22:24-27; Mateo 18:1-5, 20:20-28; Juan 13:12-17) :
Surge la misma situación anterior esta vez a través de la madre de dos de ellos. Jesús complementa la enseñanza dada diciendo que la grandeza y la primicia sirven para servir y son consecuencia del servicio, los creyentes no deben buscar señorear o ejercer potestad sobe los demás. El ejemplo supremo a imitar es el de Cristo quien se hizo hombre para servir a los hombres, aun a costa de su vida. Cristo se dio por nuestra necesidad (Mateo 20:20-28; Marcos 10:25-45).
Quizás en el momento en cual Jesús intenta imprimir en el recuerdo de sus discípulos el contenido central de la fe que programarían luego, en el marco de la ultima cena, junto con la imagen del pan y del vino queda una toalla y un lebrillo como señal de nuestro desafío de seguir el ejemplo de Jesús de humildad y servicio. Una vez más la bienaventuranza llega cuando ponemos en práctica lo que hemos aprendido (Juan 13:12-17).
El criterio del juicio será la respuesta que brindamos a las necesidades de nuestros prójimos. El servicio a cualquier persona es directamente un servicio a la persona de Cristo (Mateo 25:31-46).
Lo novedoso de este mandamiento no es el amor al prójimo pues ya era una demanda de la Ley sino la medida de este amor. “Como Yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34-35) . La disposición de darlo todo por el otro. Esta es una de las más eficaces maneras de dar testimonio: todos conocerán que somos sus discípulos.
Jesús fue partícipe de las vivencias de su pueblo. Los evangelios presentan varios resúmenes como este, donde lo vemos recorrer todas las ciudades y aldeas con una tarea integral: enseñaba, predicaba, sanaba toda dolencia. Jesús se identificaba con la gente en necesidad, sentía compasión por ellas, sentía con sus entrañas el dolor y el desamparo de sus compatriotas. (Mateo 9:35-36, 14: 13-21; Marcos 8: 1-10 y paralelos).
La alimentación de las multitudes y la actitud de preocupación de cubrir las necesidades básicas e inmediatas de quienes le habían seguido nos presentan a Jesús pensando en el hombre integral y el desafío de “darles vosotros de comer”. La actitud de los discípulos fue intentar evitar el problema, Jesús demandó de ellos presentar sus recursos disponibles y atender la necesidad. Cuando nos preocupamos por el otro y presentamos a Dios lo que tenemos, él multiplica nuestros recursos para dar respuestas (2º Corintios 9:8). (Mateo 15:29-39, 14: 13-21; Marcos 8:1-10 y paralelos)
Diez fueron sanados y solo uno volvió para agradecer. Sin duda que Jesús sabía esto de antemano pero igual actuó con misericordia con todos ellos. El servicio no puede brindarse poniendo como condición una respuesta positiva al evangelio. (Lucas 17:11-19)

Unos de los aspectos más significativos de esta oración que Jesús hizo por nosotros es que no pidió que seamos quitados o apartados del mundo sino que en medio de él seamos guardados del mal. En la misma manera en que su encarnación tuvo un propósito redentor, somos enviados para ser agentes de redención y transformación. (Juan 17:15-18)
Qué haría Jesús caminando por nuestras calles es la pregunta para plantearnos. Somos sus manos para acariciar al niño abandonado de la calle, sus labios para pronunciar la palabra cálida al solitario y marginado, sus pies para recorrer hasta el último rincón llevando las buenas nuevas y actuando en su nombre para transformar cada necesidad en una oportunidad de ministerio.