Tomemos en cuenta los fundamentos bíblicos y las cuestiones conceptuales trabajadas en los módulos anteriores.
En este caso consideraremos tres niveles de abordaje de las problemáticas o necesidades sociales, que el trabajo social profesional ha desarrollado metodológicamente y que utilizaremos como modelo para el involucramiento ministerial de la Iglesia.
Cada nivel tiene sus particularidades, pero ninguno es necesariamente excluyente del otro; por el contrario, cuanto mayor sea el compromiso social de una iglesia, probablemente más integral y complementarios sean los tres niveles.
Las necesidades de las personas son siempre una oportunidad de ministerio, esta es una de las enseñanzas más claras que el Señor Jesús nos dejó con su propio ejemplo. Cuando pensamos en las personas como ser integral, también debemos concebirlas como parte de un sistema familiar sea cual sea su característica, que lo determina, al igual que sus problemáticas y necesidades.
La Biblia nos enseña cómo la Iglesia primitiva abordaba cada una de las necesidades sociales que se le presentaban a partir de la diversidad de personas que iban conociendo el evangelio, las cuales van a encontrar en el seno de la congregación no solo la satisfacción momentánea de alguna demanda, sino una verdadera dignidad y una oportunidad de servir con sus propios dones a otros necesitados.
Sería útil hacer un listado de todas las situaciones que la naciente iglesia comenzó a incluir a partir de los nuevos creyentes: esclavos, viudas, mujeres, pobres, extranjeros, perseguidos, huérfanos, etc. El libro de Hechos nos muestra cómo la Iglesia de Jerusalén respondía comunitariamente a sus demandas (Hechos 2:43-47; 4.32-35; 6:1-7). Y más adelante se verá como este mismo principio se extiende y se aplica entre las Iglesias (2º Corintios caps. 8 y 9).
En algún momento todos vamos a estar de un lado o del otro de esta relación.
Es fundamental tener en cuenta que todo ser humano tiene necesidades básicas que debemos respetar. Por esta misma razón es que el servicio en el reino de Dios implica una actitud de siervo o literalmente sirviente.
No es la actitud de alguien que desde una condición superior (porque tiene los recursos, o las capacidades) ayuda a otro que está en una inferior (porque carece de los mismos) sino, por el contrario, es la actitud de alguien que no solo se coloca a la misma altura de las circunstancias, sino que se hace sirviente.
“Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto,
y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?
Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies,
vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho,
vosotros también hagáis.
En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor,
ni un enviado es mayor que el que lo envió.
Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis” Juan 13:12-18
Muchos otros pasajes del Nuevo Testamento abonan este concepto. Solo compartiré algunos para que podamos profundizar en su lectura:
-Lucas 22:24-27 -Mateo 18:1-5 -Mateo 20:20-28 -Juan 13:12-17 -Romanos 12:10 -Marcos 10:35-45
No existe una “receta” para atender las necesidades de las personas, pero sí es importante tener en cuenta ciertos derechos inherentes a las mismas que determinan principios para nuestra acción.
El antiguo CU.CA.DI. (Curso de Capacitación a Distancia del Área de Acción Comunitaria de la Convención Evangélica Bautista) enlistaba una serie de derechos propios de cada persona y que debemos considerar a la hora de asistir o trabajar con las mismas, en forma individual.

En el trabajo con las necesidades de las personas y las familias, se establece una relación directa entre una persona que necesita ser ayudada y una persona interesada en ayudar.
Esto no significa necesariamente que voy a “querer” a la persona, ni que todas las personas me van a resultar agradables. Pero nuestra responsabilidad es aceptarla como ser humano total, en cuerpo y alma, creado y amado por Dios, que dentro de sí además tiene la capacidad de manejar su propia vida, tomar sus propias decisiones y que dentro de esa relación tendrá la oportunidad de conocer a Jesús como su salvador y Señor.
La familia entendida como sistema implica pensar en un conjunto interrelacionado de elementos que tiene dinámica propia, hace al crecimiento, estancamiento o al colapso y desaparición del sistema.
Es decir, cuando un sujeto cambia de conducta y con tal cambio afecta a los otros del sistema, los mensajes de los afectados también cambian, ya sea de manera positiva o negativa.
La familia nuclear, concebida en sus distintas formas, se ve atravesada en la actualidad por los grandes problemas estructurales que modifican constantemente los òrdenes sociales.
Pensado particularmente desde nuestra realidad nacional, encontramos cambios en la estructura social tradicional, el crecimiento explosivo de los nuevos pobres y la pauperización de amplios sectores devenidos en pobres estructurales. La crisis laboral cristalizada en desocupación. subocupación y explotación (particularmente de menores y mujeres).
En el ámbito de la Red de contención familiar más íntima, también encontramos diversos factores que podemos denominar extravinculares e intravinculares que llevan en forma permanente al desmembramiento y readaptación del grupo familiar.

Esta crisis del sistema familiar y la consecuente ruptura de la red social de contención primaria lleva a un creciente proceso de intervención institucional, desde terrenos de asistencia, apoyo o contención, como el caso de los comedores, guarderías, etc.
Hasta involucramientos más amplios y complejos como el caso de los pequeños hogares, institutos de menores, juzgados, etc.
Todo proceso serio de transformación comienza por un diagnóstico. Y todo diagnóstico expresa su mayor claridad y crudeza en los eslabones más débiles. Allí es donde los desequilibrios se revelan más nítidamente.
En el caso de la familia esto se puede observar en las niñas, niños y adolescentes, en los ancianos y en las mujeres en condiciones de vulnerabilidad social y emocional.
Un diagnóstico profundo debe ser, tridimensional. Es decir, debe contemplar en forma simultánea y no excluyente:
Toda situación conflictiva en el seno de una familia puede ser considerada como una situación de crisis. Esto se entiende como un proceso de transición que denota profundos cambios que pueden devenir en oportunidades o bien retrocesos, empobrecimiento o ruptura.
En este caso un diagnóstico tridimensional conforme a las características citadas anteriormente, nos lleva a formular objetivos en las siguientes tres dimensiones:
Si consideramos la familia como el plan original de Dios para establecer la base de toda sociedad, necesitamos fortalecerla. Es decir trabajar directamente sobre aquellas cuestiones (extravinculares e intravinculares) frente a las cuales este modelo se ve debilitado.
Las redes de contención inmediata existen, aunque muchas veces poco visibles o inconexas. El objetivo debe ser darles mayor visibilidad e interconexión. Es decir, reparar los nodos.
Las instituciones que trabajan sobre la capilaridad de los problemas sociales, especialmente las iglesias, tenemos la posibilidad de reaccionar rápidamente para asistir las múltiples problemáticas que resultan a partir de los problemas estructurales. Así es como trabajamos con comedores, niños en riesgo, adicciones, familias rotas, etc.
Pero las iglesias e instituciones que trabajan con familias deben atreverse también a formular proyectos de ley a proponer políticas de estado, a trabajar sobre reglamentaciones, a presionar sobre el cumplimiento de leyes existentes, a instalar el tema o los temas referentes a la familia en las distintas “agendas” no solo de los gobiernos: municipales, provinciales, nacionales, sino también en los medios masivos de comunicación, en las empresas y fundaciones del sector privado con fines de lucro, e incluso en los organismos internacionales.
Claro está que para ello es fundamental que puedan nuclearse y llevar adelante estrategias conjuntas de “lobby”: participar y promover audiencias públicas, generar movilizaciones y estrategias creativas de visibilidad y participar de los espacios públicos existentes.