Podemos decir en última instancia que este plano de involucramiento apunta a trabajar más bien sobre las causas de los problemas sociales y nos solo sobre las consecuencias.
En las últimas décadas las iglesias han sido convocados a formar parte de diversos consejos consultivos, Asambleas barriales permanentes, comisiones comunales, etc. para abordar temas de profunda preocupación para la sociedad: el hambre, la seguridad, los planes y las políticas públicas, los presupuestos y la administración de las comunas o municipios, la promulgación o reglamentación de leyes, el monitoreo y evaluación de los planes sociales del gobierno, etc.

Este escenario es una posibilidad para que la voz del Señor (por medio de su Iglesia) se haga oír, no para alcanzar una nueva forma de Poder humano, sino para desarrollar la autoridad que Dios nos ha conferido. No para militar (necesariamente) en algún movimiento político partidario, sino para ejercer su función social como Iglesia (representante del reino de Dios en la tierra). En síntesis, para ser sal y luz, en medio de un tiempo de corrupción y oscuridad.
Ahora bien, cuando llegamos a esas instancias, ya sean barriales, comunales, nacionales, etc., podemos caer fácilmente en los mismos errores que durante años hemos criticado; por ejemplo tener manejos clientelistas, buscar beneficios solo para los hermanos de mi iglesia (aun cuando quizás no reúnan los requisitos), usar el espacio de incidencia exclusivamente como una plataforma que proyecte a un pastor o iglesia a un cargo de poder, guardarse información en lugar de transmitirla, acomodar principios a cuestiones de intereses momentáneos, etc.
Nuestra misión en estos espacios no es solo conducirnos correctamente, con principios del reino de Dios, sino hacer que estos valores y hábitos, guíen e iluminen al resto de organismos e instituciones con quienes interactuamos, a fin de que los cambios que se produzcan sean conforme a la voluntad de Dios.
Para respondernos ordenadamente esta pregunta, trataremos de abordar algunos aspectos y términos que sirvan de orientadores al accionar que en definitiva el Señor marque en cada ciudad.

En los últimos años esta modalidad de participación e influencia de las organizaciones sociales en todo el mundo, se ha definido por medio de la palabra “advocacy”. El significado de esta palabra que viene del latín advocare, significa abogar, defender. En nuestro idioma el vocablo preciso sería abogacía, cuya acción es la de abogar por una causa.
Algunas acciones características de la incidencia son: llamar la atención sobre problemas públicos, analizar esos problemas y sugerir soluciones, movilizar a la comunidad, insertar temas en las agendas de los gobiernos, diseñar, implementar y monitorear políticas públicas, llevar causas de interés público ante los tribunales, entre otras.
Está íntimamente ligado a los aspectos anteriores, por lo cual alcanza con hacer una simple mención de algunas de las metas que una iglesia o grupos de iglesias deben perseguir para alcanzar una verdadera incidencia.
Evidentemente estas metas demandan un conocimiento por parte de las iglesias en primer lugar de sus propios potenciales y debilidades y, en segundo lugar, cual es la dinámica en la cual se generan los procesos decisorios de las políticas públicas (no partidarias) para saber en qué momentos y con qué características intervenir.
Según el grado de organización de las iglesias se puede incidir sobre distintas instancias:
| Ámbitos | Actores/ Instituciones |
| Estado/gobiernos | Poder Ejecutivo
Poder Legislativo Poder Judicial Medios de comunicación públicos |
| Sociedad civil | Ciudadanos
OSC Partidos políticos Sindicatos Medios de comunicación comunitarios |
| Sector privado | Empresas locales
Empresas multinacionales Cámaras empresariales Medios de comunicación privados |
| Sistema internacional | ONU – OEA
Otros organismos bilaterales y multilaterales de cooperación internacional Instituciones financieras internacionales.
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Para ello es necesario comenzar por reconocer qué son las políticas públicas y cuál es el proceso que se da en el camino a la toma de decisiones.
Las redes son un potencial extraordinario para la incidencia “advocacy”, en los distintos escenarios de la sociedad. Dado su potencial representativo, tienen una amplia capacidad de trabajar directamente sobre los distintos sectores de toma de decisiones, tanto en el ámbito del sector público, en sus distintos poderes y estados, como en el sector privado con fines de lucro, empresas y grandes corporaciones.
Del mismo modo si una red se lo propone, puede alcanzar a incidir en la toma de decisiones de distintos organismos internacionales, que desde los estados o desde el sector privado – con o sin fines de lucro – trabajan para el bien común.
Merece también una mención particular el tema de los medios de comunicación, si bien los mismos son una expresión distinta de algunos de los sectores mencionados.
El siguiente cuadro ilustra el proceso de vinculación que lleva a una organización desde su entramado con la comunidad inmediata, hasta la incidencia en los diversos sectores de la sociedad en general.

Para hablar de los vínculos que se construyen a partir de estas relaciones generalmente solidarias e interinstitucionales y sectoriales se utiliza comúnmente el término de capital social, tanto en el plano económico como en el político.
Hoy se habla mucho de capital social, tanto en el léxico económico cuanto político. En general capital social significa leyes de confianza y tiene diferentes interpretaciones.

El politólogo americano Robert Putman desarrolló dos conceptos de capital social:
El profesor Zamagni en una conferencia dictada hace unos años atrás en Buenos Aires, desarrolló un tercer tipo de capital social: de tipo linking, que significa “hacer redes”. El enfoque de estas redes y vínculos está puesto en la necesidad de establecer relaciones de confianza entre los tres sectores que mencioné al principio: la sociedad civil, la sociedad política y la sociedad económica. También conocidos como primer, segundo y tercer sector.
En la misma conferencia el economista utilizó el concepto de minoría profética y compartió la siguiente frase con la que quiero cerrar este tema:
“La única manera de cortar este círculo vicioso es a través de una minoría profética, compuesta por aquellas personas que insisten en una actitud prosocial aunque saben que en el corto plazo los otros no la van a imitar. En el pasado esta minoría profética podía ser representada por una sola persona, como Teresa de Calcuta, etc. Hoy la minoría profética tiene un papel de grupo”.