“El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.
Lucas 4: 18 – 19
Tal como lo consideramos en el módulo anterior, el Señor Jesús inicia su ministerio con una clara definición de la forma en que lo llevaría adelante.
Esta plataforma ministerial es como una especie de guía de su encarnación en un tiempo y contexto dado, en que el reino de Dios se manifiesta en la tierra por medio de acciones concretas.
La intención de este módulo es introducir algunos conceptos claves que nos ayuden a contextualizar el ministerio social cristiano, no como actividades o tareas puntuales y aisladas, sino como parte integral de la misión de la Iglesia y como instrumento para la encarnación de la misma en su contexto social y cultural. Para ello debemos tener en cuenta algunas definiciones.
La sociedad es mucho más que un barrio o una vecindad, aunque como veremos más adelante es desde allí donde la iglesia local debe partir. Sin embargo, la misión es mucho más amplia, si pensamos en términos de transformación.
La sociedad está determinada por la cultura, pero a su vez la sociedad determina la cultura.
Es por eso que el evangelio se encarna en una cultura determinada, en una sociedad dada y en una comunidad específica, para transformar, las vidas, las familias y las comunidades trastornando inevitablemente las causas condicionantes de situaciones que van en contra del propósito y los valores del reino de Dios.

Bob Moffitt plantea las siguientes cuatro premisas como sustanciales en la comprensión de cualquier proceso de transformación.
Premisa 1: El mundo está seriamente herido. La sabiduría humana y los recursos materiales no pueden sanarlo.
Premisa 2: La sanidad para una nación o sociedad llega en la medida que Dios interviene sobrenaturalmente en la historia y su pueblo responde en obediencia, viviendo como él indica.
Premisa 3: La Biblia es la revelación de Dios para nuestra sanidad.
Premisa 4: La Iglesia es la principal entidad de Dios para lograr su propósito de sanar todo lo que se dañó en la caída. (Si Jesús fuese alcalde – Como transformar tu comunidad, Bob Moffitt– Editorial Peniel, 2009).
Si entendemos que el vértigo de estos tiempos va moviendo a la sociedad en forma casi compulsiva y con un marco cultural variante, las preguntas que deberíamos hacernos entonces son: ¿Por dónde comenzar? ¿Desde qué lugar intervenir?
Dentro del marco conceptual que estamos tratando de analizar, es importante reconocer dónde nos situamos en relación a nuestro contexto (barrio, paraje, ciudad, etc.) a la hora de llevar adelante la misión.
Robert Linthincum en su libro “El empoderamiento de los pobres” señala tres posibles respuestas que la Iglesia puede darle a su ciudad según desde donde se posicione. (Robert Linthincum)
Es básicamente cuando la Iglesia alcanza a verse a sí misma ubicada dentro de la ciudad, sin sentir particularmente un vínculo con la misma.
Esta segunda opción generalmente surge de una evolución del estado anterior y hace que la Iglesia comience a ver a la comunidad como su campo de misión. El concepto que subyace a esta modalidad es la suposición de que al conocer el evangelio, ya sabemos qué es lo mejor para la comunidad; entonces la Iglesia decide que es lo mejor para la misma, interviniendo sin tomar en cuenta sus necesidades sentidas.
De esta forma la Iglesia se identifica con la comunidad, desarrolla lo que conocemos como empatía, para luchar con los problemas que ella misma ha identificado.
Otra cuestión conceptual fundamental para la tarea es reconocer nuestra interpretación de la misión, porque sin lugar a dudas ella determinará nuestra forma de actuar. En tal sentido quisiera subrayar los siguientes aspectos:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:5-11)
Este proceso encarnacional implica en primer término una “inculturación” (en términos misionológicos y antropológicos) que es el proceso evolutivo interno a la cultura en respuesta a la proclamación del evangelio, donde éste actúa como factor endógeno y como guía del proceso: o una “inserción” (en términos de las ciencias sociales). “Como el padre me envió, así yo los envío” (Juan 20:21) No es solo ir, sino cómo ir.
[pullquote style=”left”]En ocasiones, en este proceso, la Iglesia se constituye como un modelo de sociedad alternativa. Un claro ejemplo de ello es la Iglesia primitiva, como muestra Hechos capítulos 2 y 4.[/pullquote]
En ocasiones, en este proceso, la Iglesia se constituye como un modelo de sociedad alternativa. Un claro ejemplo de ello es la Iglesia primitiva, como muestra Hechos capítulos 2 y 4.
Esto marca un proceso evolutivo interno. La Iglesia funciona y se interrelaciona dentro de un contexto social y comunitario contrario a los valores del Reino de Dios, pero con contrastes que sirven como ciudades de refugio para quienes se sienten atraídos a ella observando claros contrastes.
Nuestra mirada del hombre/mujer determina nuestra forma de llevar adelante la misión. Si nuestro enfoque es fraccionario, así será también nuestra misión, por lo tanto, deficiente e incompleta.
“La Biblia ordena que la iglesia ministre a la persona como un todo. Esto quiere decir que se debe atender tanto a las necesidades físicas como a las espirituales, que están inseparablemente relacionadas, pero funcionalmente separadas. Observamos esta idea en las tres formas comunes de ministerio en el Antiguo Testamento: las funciones de juez, profeta y sacerdote.” (Tetsunao Yamamori. “Servir con los pobres en América Latina – Bases Bíblicas y Estratégicas”. Ediciones Kairós, 1997).

El hombre está formado por:
Esto no significa que es la suma de tres partes distintas. El hombre es una totalidad. Las tres partes integran un todo.
Perdemos muchas oportunidades y vidas que pueden ser transformadas, por especular en qué aspecto de la persona debemos servirle, si sólo en su espíritu, aunque su necesidad manifiesta sea emocional o material, o viceversa si sólo en lo material cuando en el fondo siempre tendrá una necesidad espiritual por satisfacer.
En una Consulta sobre evangelización y responsabilidad social que se realizó en Estados Unidos (Grand Rapids, Michigan 1982 – con el auspicio del Comité de Laussana) en 1982, se sugirió que las responsabilidades evangelizadoras y sociales de la Iglesia se relacionan entre sí de tres maneras:
La acción social acompaña a la evangelización como su compañera, puesto que ambas surgen igualmente del señorío de Jesús, porque él nos envía al mundo tanto a predicar como a servir (“El evangelismo y la responsabilidad social“– Publicaciones Cristianas Evangélicas Ecuatorianas).
En su artículo “Hacia una evaluación teológica del ministerio integral”, el Dr. René Padilla destaca, sin embargo, que ambas cuestiones están tan vinculadas entre sí que sería más apropiado describirlas como dos formas de testimonio cristiano en relación simbiótica o complementaria. Ya que en última instancia no hay evangelización genuina sin una dimensión social, no hay responsabilidad social cabalmente cristiana sin una dimensión evangelizadora.
“Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” Hechos 17:6 Cuando la misión se desarrolla en forma integral se produce una inevitable tensión entre la intención estrictamente evangelizadora y la acción para producir cambios en el orden social (legislaciones, derechos humanos, niños, mujeres, etc.). Cuando comenzamos a trabajar decidida y comprometidamente sobre las consecuencias de los problemas sociales no estamos lejos de involucrarnos en las causas.
Refiere el Pr. Samuel Escobar que “La misión cristiana es la irrupción del reino de Dios en medio de la historia“ (en “Servir con los pobres en América Latina”).