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Curso: Los Dones del Espíritu Santo
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Introducción y Cuestiones fundamentales

Introducción

 

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Se están viviendo tiempos de renovación en todo el continente americano y en otros lugares del mundo. Como nunca antes, Dios está dotando a su iglesia de todos los dones y ministerios que ésta necesita para el cumplimiento de su misión.

El pastor Pablo A. Deiros comienza su libro Los dones del Espíritu Santo, en la Presentación señalando:

“Cada vez son más los cristianos que están buscando sinceramente y esperando la renovación espiritual que el Señor está obrando a través de su Espíritu Santo en estos últimos tiempos latinoamericano. En consecuencia, es imperativo que la iglesia comprenda cabalmente la obra capacitadora y poderosa del Espíritu. Quizás como nunca antes en la historia del testimonio cristiano en el mundo, Dios está dotando a su iglesia de todos los dones y ministerios que ésta necesita para el cumplimiento de su misión. El Espíritu Santo, quien es él mismo el don más precioso de Dios a los creyentes, es también el encargado de dar a estos los dones y ministerios que ellos necesitan para servir a su Señor. Son estos carismas divinos los que nos permiten como cristianos servir también a la iglesia de Cristo.” (Deiros, P.A. Ibíd. Pág. 11).

En el presente  curso se van a considerar como dones del Espíritu Santo a la totalidad de los dones que se mencionan en la Biblia, explícita e implícitamente. Por supuesto, no se va a agotar el tema y posiblemente quedarán  muchas cuestiones a la espera de un estudio posterior. El objetivo básico no es adquirir solo más información sobre el tema, sino que se pueda aprender a identificar los dones en la propia vida y en la iglesia, y se los ejerza para la edificación del cuerpo de Cristo y de las personas a las que se sirve.

“El creciente interés en las manifestaciones poderosas de la acción del Espíritu Santo en medio y a través del pueblo de Dios, impone la necesidad de un estudio cuidadoso de las mismas, a fin de entenderlas y aplicarlas con efectividad en el desarrollo de la misión. El potencial extraordinario de los dones del Espíritu, como recursos sobrenaturales para el cumplimiento de la tarea que el Señor ha confiado a la iglesia demanda no sólo nuestra atención, sino también nuestro estudio y apropiación. El Señor no nos ha dejado huérfanos ni desprovistos de poder y autoridad para cumplir la misión que ha puesto en nuestras manos. Con la demanda de ser testigos hasta lo último de la tierra, él también da el poder y las herramientas necesarios para cumplirlas. (Hechos 1:8: Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.)”

 

CUESTIONES FUNDAMENTALES

 

            Hay tres cuestiones fundamentales a tener en cuenta en relación con los dones y ministerios que el Espíritu Santo reparte en la iglesia:

 

A. El Señorío de Cristo

La confesión Jesús es Señor, es frecuente en el Nuevo Testamento (Romanos 10.9, 2 Corintios 4.5, Filipenses 2.11).  Ésta confesión resume la esencia del evangelio cristiano y expresa el compromiso fundamental del creyente con el reino de Dios. “Por eso les advierto que nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; ni nadie puede decir Jesús es el Señor sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12.3). Esta es la clave.

“El apóstol habla de los dones extraordinarios del Espíritu y lo hace sobre la base de la presuposición de que hay dones reales del Espíritu. Pablo declara que si alguien tiene estos dones, de ningún modo puede blasfemar y que, si alguien confiesa a Jesús como Señor, eso debe ser en todo caso la obra del Espíritu Santo.” (Grosheide, F.W. 1964, Commentary on the First Epistle to the Corinthians, Eerdmans, Gran Rapids. Pág. 281.)

Una comunidad de fe verdaderamente carismática, es decir, una comunidad que cree y practica los dones espirituales, no estará centrada en el Espíritu Santo, sino en Cristo. Será una iglesia cristocéntrica.

Una comunidad así no estará replegada ni centrada sobre si misma, ni sobre el Espíritu Santo, que obra en medio de ella, sino vuelta a su Señor y sujeta bajo el señorío de Cristo, quien es exaltado sobre todas las cosas. Cristo mismo es el primer don y el más importante que el Padre ya ha dado a todo el que lo recibió. (Ver Romanos 6.23).

Cristo, a través del Espíritu Santo, es quien otorga los dones y ministerios espirituales. Él es quien, si hemos confiado en él como Señor, ya nos ha dado el Espíritu Santo. Esto fue lo anticipado por Juan el Bautista (Marcos 1.8, Mateo 3.11). Esto fue lo confirmado por Jesús. El prometió enviar a su Espíritu Santo para morar en los creyentes. (Juan 14.16-17, 7:37-39, 20.21-22)

Cristo sólo puede obrar en una comunidad que de veras lo reconoce como único Señor. Una comunidad que proclama su señorío y que espera su manifestación y acción poderosa es el marco adecuado para la operación de los dones y ministerios del Espíritu Santo. Seguramente hay otras manifestaciones de la presencia, señorío y poder de Cristo. Pero los dones y ministerios son una demostración extraordinaria de que él vive, es Señor y está en medio de su pueblo.

B. La manifestación del Espíritu

La segunda cuestión fundamental, tiene que ver con el agente adecuado para la comprensión y ejercicio de los dones del Espíritu Santo. Con relación a esto hay varias cuestiones a tomar en cuenta:

  • Los dones del Espíritu Santo son del Espíritu Santo. Si bien los dones derivan del Señor Jesucristo, ellos son la manifestación u operación propia del Espíritu Santo. (Ver 1 Corintios 12.7). Éste a quien Cristo ha enviado, es el canal y agente para la operación de los dones.

  • Los dones del Espíritu son dones. Esto enfatiza sobre el carácter de aquello que se recibe como don del Espíritu. No se trata de talentos latentes, pericias escondidas o aptitudes que se despiertan. Los dones vienen de Dios, no están en cada persona.  Se trata de dación y no de educación, de capacidades que Dios da por su gracia y poder, y no de habilidades que la persona desarrolle.

  • Los dones del Espíritu Santo son dones sobrenaturales. Esto tiene que ver con la naturaleza de lo que es dado por el Espíritu. Los dones son todos sobrenaturales aunque aparezcan ordinarios o extraordinarios, llamativos o poco notorios, de ejercicio privado o público.  No es una capacidad humana mejorada, desarrollada o transformada.

  • Los dones del Espíritu Santo son expresión de gracia. Esto tiene que ver sobre el alcance de aquello que se recibe como don del Espíritu y las condiciones para su recepción.  Dios da los dones no sobre la base de merecimientos ni valor personal; ellos resultan del amor de Dios, que no se merecen. Una manifestación del Espíritu Santo puede ocurrir a través de alguien sin consideración de su trasfondo, experiencia o educación. Los dones son gratuitos y sin costo. No son trofeos otorgados como premio por ser fieles o guardar la sana doctrina.

  • Los dones del Espíritu Santo son dones de la voluntad soberana de Dios.  Ver 1 Corintios 12.11. El Dr. John R. W. Stott señalaba “la distribución de dones no está en nuestra voluntad sino en la voluntad soberana del mismo Espíritu Santo,… Así es que los charismata se originan en la benigna voluntad de Dios, y son otorgados por él a través del Espíritu Santo”. (Stott, J.R.W. 1977, Sed llenos del Espíritu Santo, Editorial Caribe, Miami. Pág. 100).

  • Los dones del Espíritu Santo son de carácter transitorio. Esto tiene que ver con la duración en el tiempo de lo que es recibido del Espíritu y su temporalidad. Según Pablo “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu” (ver 1 Corintios 12.7) en relación con todos los dones espirituales. Con esto indica que cada don es una actividad presente, actual y momentánea del Espíritu Santo.

  • Los dones del Espíritu Santo son instrumentales. Esto señala al propósito por el cual el Espíritu Santo los entrega al creyente. Se trata de medios y no de fines. Cuando se convierten los dones del Espíritu Santo en fines, se cae en el peligro de su cosificación, idolatrización, absolutización, manipuleo y abuso. Los dones son herramientas de trabajo, que ayudan a cumplir con mayor efectividad la tarea de servicio que cada creyente tiene por delante en el reino.

C. El bien común

La tercera cuestión fundamental a tomar en cuenta es el bien común (ver 1 Corintios 12.7). Esto tiene que ver con el propósito adecuado para la comprensión y ejercicio de los dones del Espíritu Santo.  Hay que tener en cuenta cuatro realidades:

  • Los dones del Espíritu Santo son dados al cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo presente en la iglesia es el que reparte a cada uno los dones según su voluntad (ver 1 Corintios 12.11). La riqueza de los dones se ve en el conjunto y no en la individualidad. Es en la variedad y diversidad del cuerpo donde los dones adquieren su verdadero valor y dimensión, y no en la particularidad y  singularidad de los miembros individuales. Además, no son dados para usufructo individual ni para un ejercicio privado. El contexto para la operación más efectiva de los dones del Espíritu es la vida y el servicio del cuerpo de Cristo.

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  • Los dones del Espíritu Santo son dados a un solo cuerpo de Cristo.  Pablo afirma la unidad esencial de la iglesia, como la condición óptima para el ejercicio de los dones. Una comunidad de fe unida es el contexto más adecuado para que los dones se expresen (ver 1 Corintios 12.12).

  • Los dones del Espíritu Santo son dados para ser usados en el cuerpo. Cada manifestación del Espíritu Santo, cualquiera que sea, es para el bien común, Pablo declara que los dones son dados “para el bien de los demás” (ver 1 Corintios 12.7).

  • Los dones del Espíritu Santo son dados a cada miembro del cuerpo. En relación con el ministerio común en el cuerpo de Cristo, cada persona tiene un rol distintivo que cumplir, Pablo señala que “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu” (ver 1 Corintios 12.7).