Currículum
Curso: Los Dones del Espíritu Santo
Acceso
Text lesson

Los dones de inspiración

Pablo introduce su maravilloso discurso sobre el don de amor en 1 Corintios 13, con las siguientes palabras, que hacen referencia a algunos de los más apreciados dones de inspiración. (1 Corintios 13.1-2).

Los dones de inspiración comprenden el don de profecía, el don de lenguas y el de interpretación de lenguas. A todos estos también se los denomina dones de expresión o dones orales. Lo que hace posible que se puedan agrupar estos dones es el hecho de que todos ellos involucran el poder para decir algo acerca del Señor, que no se podría decir, de no ser por la operación sobrenatural del Espíritu Santo. Estos dones no son otorgados para guiar nuestras vidas, sino para ayudarnos a conocer a Dios con mayor profundidad. Hay que notar que estos dones son sobrenaturales, y no meramente el resultado de capacidades o talentos naturales desarrollados. Todos ellos están más allá de los límites de las aptitudes naturales y son independientes de cualquier conocimiento o habilidad que el individuo tenga o pueda tener sin ellos. Esto es lo que los distingue del fruto del Espíritu (Gálatas 5.22-23). El fruto del Espíritu es lo que el Espíritu produce en cada creyente, mientras que los dones del Espíritu son lo que el Espíritu hace a través del creyente.

Los dones de inspiración en posesión de los creyentes son tan necesarios como los dones residentes, los dones de revelación o los dones de poder. El hecho de que haya hermanos en la fe que exageren, sobrenfaticen o ejerzan mal los dones de inspiración, no significa que los mismos sean descartados de la vida de la iglesia o que se les excluya usando cualquier argumento o razón aparentemente convincentes. Si se cree en la autoridad del Nuevo Testamento y se tiene la convicción de que el Espíritu ha dotado al cuerpo de Cristo de todos los recursos necesarios para su buen funcionamiento y el cumplimiento de su misión en la tierra, se debeaceptar también la vigencia y necesidad de los dones de inspiración.

1)  El don de profecía

Es una declaración sobrenatural de la Palabra de Dios en una lengua conocida.

Es uno de los más mencionado en las páginas de la Biblia. Pablo hace referencia al mismo de manera bien específica en Romanos 12.6 y en 1 Corintios 12.10. Ya se han hecho algunas consideraciones de la profecía al hablar de los profetas como uno de los dones residentes.

Dones-IV9

  • El don de profecía en tiempos bíblicos

Cuando se considera cuidadosamente el testimonio bíblico, aparece que la profecía no es predicción del futuro, si bien esto puede ser parte del mensaje del profeta. Un profeta es alguien que declara ciertas cosas. El sentido principal de la palabra profetizar es proferir. Profetizar es hablar en nombre de otro.

En el Antiguo Testamento es el que habla por Dios, tiene un mensaje de Dios para su pueblo. El profeta recibía una revelación de Dios por medio de un sueño, visión o comunicación verbal, y luego declaraba esa revelación como mensajero de Dios. Los profetas del Antiguo Testamento analizaban la situación imperante, llamaban al arrepentimiento, y declaraban el juicio divino. Aunque el futuro era a veces parte de su mensaje, el énfasis era histórico y práctico, y tenía que ver con la situación contemporánea.

Al considerar la profecía en el Nuevo Testamento se encuentra una primera mención en un contexto cristiano. “Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquia. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio” (Hechos 11.27-28). Ágabo aparece otra vez en Hechos 21.10-11. Aunque el elemento predictivo es prominente en Ágabo, la mayoría de las referencias a profetas en el Nuevo Testamento no lo mencionan ni lo tienen en cuenta.

Hay otros ejemplos neotestamentarios, que merecen ser recordados.

–La iglesia de Antioquia, por ejemplo, tenía profetas. Lucas dice que “en la iglesia de Antioquia eran profetas y maestros,” entre otros, hombres como Bernabé y Saulo (Hechos 13.1).

–De Judas y Silas se dice que “también eran profetas, [y] hablaron extensamente para animarlos y fortalecerlos” a los hermanos de Antioquía (Hechos 15.32).

–Las hijas de Felipe eran profetizas. Se dice que el gran evangelista “tenía cuatro hijas solteras que profetizaban” (Hechos 21.9).

–En Corinto consideraban la profecía como la presentación de un mensaje inspirado o revelado por Dios, con el propósito de edificar. Según les escribe Pablo: “el que profetiza habla a los demás para edificarlos, animarlos y consolarlos,” y agrega, “el que profetiza edifica a la iglesia” (1 Corintios 14.3-4).

–Pablo dice que la iglesia se edifica sobre el ministerio profético (Efesios 2.20; 3.5; 4.11), y exhorta a los creyentes a no menospreciar las profecías (1 Tesalonicenses 5.20).

  • El don de profecía en los días actuales

Hay básicamente dos posiciones, aparentemente contradictorias, en cuanto a la interpretación del don de profecía en este tiempo.

1.  La profecía como predicación y enseñanza de la Biblia de manera exclusiva

Los estudiosos que sostienen esta comprensión de la profecía dicen que la inspiración respecto a la entrega de la Escritura infalible (algunos agregan, inerrante) también llegó a su fin al completarse el canon. Cualquier profecía hoy debe ser necesariamente la revelación del significado del mensaje ya contenido en la Biblia. El don de profecía no incluye una nueva revelación, sino una comprensión clara o una amplificación de la verdad ya revelada.

“Concluimos que el don neotestamentario de la profecía es la capacidad inspirada por el Espíritu para percibir correctamente a voluntad divina, así como ésta es revelada en su Palabra, y para declarar el mensaje de Dios con claridad para que los salvos sean edificados en su fe y los perdidos sean traídos a la conversión.” (Crane, J, D. El Espíritu Santo en la experiencia cristiana. Pág. 61)

Para quienes así interpretan, profetizar significa la proclamación clara de la Palabra escrita de Dios con la sabiduría y el poder del Espíritu Santo (2 Pedro 1.19). El don de profecía hace que la Palabra de Dios sea aplicable a una situación particular en un contexto concreto. Las profecías aplican la Escritura eterna a las situaciones presentes.

Según esta interpretación, se puede definir el don de profecía como la capacidad dada por el Espíritu para proclamar la Palabra escrita de Dios con claridad y aplicarla a una situación particular, con miras a la corrección, la exhortación o la edificación. Esta comprensión de la profecía es bíblica, evangélica y acertada en sus afirmaciones, pero no es completa, como veremos más adelante.

2.  La profecía como comunicación de un mensaje actual de Dios para su iglesia ó individuo

Por otro lado, están quienes interpretan las profecías como un don sobrenatural del Espíritu Santo, que consiste en la habilidad especial dada por Dios a miembros del cuerpo de Cristo, para recibir y comunicar un mensaje directo de Dios a la congregación, a un grupo de ella o a un individuo, mediante una transmisión ungida por Dios.

Es necesario que notar

  • El concepto paulino acerca del don. Para Pablo, este don de profecía era muy importante. Dice: “Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas, pero mucho más que profetizaran. El que profetiza aventaja al que habla en lenguas, a menos que este también interprete, para que la iglesia reciba edificación.” (1 Corintios 14.6). Pablo argumenta que si un incrédulo viene a la iglesia cuando se está profetizando, la persona será convencida de que se está diciendo la verdad y puede descubrir a Dios allí (1 Corintios 14.24-25).
  • La naturaleza del don. Esta palabra profética no es un mensaje preparado de antemano o una pericia aprendida o natural (una especie de intuición). No tiene que ver con la pedagogía, la didáctica, la homilética, la oratoria, o cualquier otra pericia humana desarrollada. Tampoco tiene la misma autoridad que la Biblia, ni se refiere a cuestiones fundamentales de la fe.

El don de profecía es simplemente el informe inmediato de alguna revelación del Espíritu en relación con alguna situación contemporánea (1 Corintios 14.29-30). En este sentido, la profecía funciona como un don de revelación. Es generalmente un mensaje de consuelo, aliento o fortaleza (1 Corintios 14.3), que edifica a la iglesia (v. 4). La profecía es una palabra inspirada por Dios, de valor para un momento específico, en el lenguaje común, y que se la puede presentar diciendo: «Ahora, oye esto… oye lo que dice el Señor.” Es un mensaje divino que tiene como fin llenar una necesidad humana inmediata y sentida.

El rechazo del don. La idea de que Dios hable de esta manera atemoriza a algunos cristianos, porque involucra una experiencia subjetiva y emocional. También la enseñanza, predicación, testimonio y estudio bíblico, también están afectadas por el elemento más subjetivo y emocional de la obra del Espíritu Santo en los corazones, tanto del que habla como del que oye. Además, si bien todos están de acuerdo con la autoridad de la Biblia, no todos la interpretan de la misma manera.

Algunos creyentes sostienen que creen que algunas expresiones subjetivas de la comunicación de Dios abren la puerta al engaño emocional o peor, al engaño satánico. Como consecuencia de este temor, se protegen señalando que la Biblia es la única fuente de revelación hoy.

La Biblia enseña que Dios habla de la misma manera hoy, porque sigue siendo el mismo. No obstante, ¿Cómo evitar los peligros de una revelación subjetiva? ¿Cómo podemos saber si un mensaje profético viene verdaderamente de Dios?

“La profecía no es equivalente a la Escritura. La profecía es una palaba específica, para una congregación específica, en un momento específico, pronunciada por una persona específica. La Escritura es para todos los cristianos, en todos lados y en todos los tiempos. Esa es la diferencia.” (Green, M. 1982, To Corinth with Love.  Hodder & Stoughton, Londres. Pág, 75.)

 Dones-IV10

3. ¿Cómo se ejerce el don de profecía?

Si profecía, sueños, visiones y otras formas de revelación son bíblicos, es necesario seguir las indicaciones de la Biblia para su ejercicio y para probar su autenticidad. La profecía personal debe glorificar a la Palabra de Dios encarnada: Jesucristo. La misión primordial del Espíritu Santo es traer gloria al Hijo (Juan 16.14). Cualquier profecía, sueño o visión debe señalar a Jesús y tenerlo como centro del mensaje. Si no resulta en mayor gloria para Cristo, la profecía no es de Dios.

Hay dos preguntas de prueba que podemos utilizar para evaluar cualquier mensaje profético.

  • ¿De quién habla el profeta: de sí mismo o de Jesús? ¿De su ministerio y experiencia, o de Jesús y su experiencia con él? ¿De su ministerio y experiencia, o de Jesús y su experiencia con él?
  • ¿De quién dependemos nosotros: del profeta o del Señor? ¿Ocupa el profeta el lugar de la Biblia y del Espíritu Santo en nuestra vida?

Los mensajes proféticos debe conformase con la Palabra de Dios escrita: la Biblia. Es necesario tener en cuenta el consejo de Pablo: el líder de la iglesia tiene que ser alguien que sepa ‘apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza recibió, de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina  refutar a los que se opongan’ (Tito 1.9). El contenido de toda revelación extra-bíblica debe siempre someterse y concordar con la Biblia. Una palabra que anima a cometer algún pecado o a cambiar alguna doctrina bíblica no es de Dios. Algunas profecías abordan cuestiones no consideradas en la Biblia. Tales profecías personales pueden o no ser auténticas. Por eso, en todos los casos hay que someterlas a prueba, siempre.

La profecía debe cumplir ciertos requisitos:

  • debe glorificar a Jesús
  • no debe “tapar” a Cristo ni exaltar al profeta
  • debe ser sometida a prueba
  • debe ser armónica con la Biblia
  • deben ser evaluada por la Biblia (como hacían los de Berea)
  • no puede establecer doctrina
  • profecía precisa no es igual a interpretación adecuada

Los profetas deben cumplir ciertos requisitos:

  • carácter moral aprobado
  • sometido al señorío de Cristo
  • fruto del Espíritu Santo evidente
  • dispuesto a ser examinado
  • sujeto a la autoridad de la iglesia
  • respaldados con profecías cumplidas

2)  El don de interpretación de lenguas

Es extraño que este don que se supone debiera acompañar el ejercicio del don de lenguas, no goza de la misma popularidad que éste. Pablo lo menciona en un contexto y a una congregación que tenía una estima exagerada del don de lenguas, y que aparentemente había dejado de lado la interpretación de las mismas. 1 Corintios 12.10 y 14.30 cita el vocablo hermeneía glosson. El primer vocablo significa interpretación.

  • Su naturaleza

Este don es dependiente del don de lenguas. No se puede interpretar lo que no existe o no se produce. Las lenguas corresponden a un primer movimiento, ya que le siguen por necesidad. Las lenguas pueden ejercitarse sin interpretación. Pero no puede haber interpretación si no hay lenguas.

Hay que aclarar que el don de interpretación no es una traducción. No es una operación de la mente del intérprete, sino una operación sobrenatural del Espíritu Santo, cuando la lengua que se habla no se ajusta a los cánones del habla humana. Interpretación es poder expresar bajo la inspiración del Espíritu Santo lo que se está orando o hablando en lenguas desconocidas o angelicales. El intérprete no entiende la lengua que interpreta. La interpretación es tan sobrenatural como el hablar en lenguas.

  • Su propósito

El don de interpretación es dado por el Señor para hacer que el mensaje comunicado a través del don de lenguas sea inteligible a otros, de modo que toda la iglesia, como también el poseedor del don puedan ser edificados (1 Corintios 14.27, 5). A la luz de la evidencia bíblica, parece que este don se ejerce solo en la congregación. No hace falta interpretación cuando las lenguas se ejercen para la edificación personal, como por ejemplo en la alabanza. 1 Corintios 14.13-14.

1 Corintios 14.28: “Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.”

  • Su ejercicio

Se reafirma que no es una traducción. En cambio, una interpretación es una declaración del significado, y puede expresarse de manera muy diferente a la forma original. La interpretación conlleva una carga de sentido, que no está presente en la mera traducción.