2.- EL DON DE FE
Definición
El Nuevo Testamento describe cuatro tipos de fe. Los cuatro tipos de fe son de la misma sustancia. (Hebreos 11.1)
Pero la operación de cada tipo es diferente:
(1), Está la fe que es necesaria para la salvación: confianza. Efesios 2.8. Es anterior a la salvación.
(2), Está la fe que es parte del fruto del Espíritu: fidelidad. Gálatas 5.22
(3), Está la fe que es la doctrina que profesamos: creencia o credo. Judas 3
(4), Está la fe que es un don sobrenatural del Espíritu Santo: convicción. 1 Corintios 12.9
Lo que es el don de fe, es la facultad de confiar en Dios, aun cuando todo parece estar en contra. El don de fe es la capacidad sobrenatural dada por el Espíritu, que habilita al creyente a mover montañas. Es la capacidad de aferrarse a Dios en oración rogando durante años por la conversión de algún ser amado. Es la certidumbre de haber percibido la voluntad de Dios de tal manera que uno actúa como su el hecho ya hubiese ocurrido. El don de fe es una capacidad sobrenatural dada por el Espíritu por la cual se tiene la seguridad, no sólo de que Dios puede hacer lo que le pedimos, o que lo hará, sino que en el sentido más profundo él ya lo ha hecho (Marcos 11.24).
Características: La Biblia pone de manifiesta ciertas características interesantes del don de fe.
(a), El don de fe es milagroso. Por un lado, la fe del don de fe hace cosas sobrenaturales. Y esto es así, porque la fe es un don divino que opera en un momento específico en el tiempo, y libera el poder de Dios para llevar a cabo un hecho sobrenatural.
Además, la fe es un don de poder, que opera junto con otros dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Esto se ve especialmente en relación con los dones de sanidades, el de hacer milagros, profecía y el discernimiento de espíritus.
Por el otro lado, la fe del don de fe hace cosas milagrosas. Presenta la fe como el elemento catalizador de grandes milagros. No obstante, no siempre una fe poderosa nos libera de las dificultades u opera los milagros que esperamos. La fe también puede proveer el coraje y la paciencia para sobrellevar el sufrimiento por amor a Cristo. (Hebreos 11.35b-38).
Además, la fe del don de fe hace cosas poderosas. Se trata de una fe en tiempo presente, que percibe que Dios hará que algo especial ocurra, sabiendo que nada es imposible para él (Mateo 17.20). El don de fe hace que el poder de Dios se torne real.
(b), El don de fe debe expresarse.
Este don se puede expresar de múltiples maneras.
–En lo que decimos. El modelo bíblico, comienza con la creación: Génesis 1.3. La fe de Dios se expresa a través a través de las palabras que él habla (Hebreos 11.3). Cuando él habla, sus palabras se hacen realidad (Ezequiel 12.25). Cuando operamos con el don de fe, nosotros también debemos hablar. También hablando al Señor intercediendo a favor de otros. También incluye cuando debemos hablar a otra persona u objeto de parte del Señor, hablamos por el Señor a otros.
–En lo que sentimos. El don de fe nos da calma, aun en medio de una atmósfera de conflicto, tensión, oposición o desastre. Porque el Espíritu Santo infunde un sentido de calma. Además de revelar su voluntad inmediata a través de una visión o voz interior. Dios da también una infusión de tranquilidad, poder y confianza. Es diferente a cuando una persona decide que quiere que ocurra algo y habla en consonancia con ese deseo. En el caso del don de fe, Dios es quien toma la iniciativa, quien comienza la acción.
–En lo que hacemos. Nuestras acciones son la expresión concreta de nuestra voluntad. Si nuestra voluntad está rendida en obediencia al señorío de Cristo y está controlada por el Espíritu Santo, hará aquello que Dios quiere que haga. Si Dios da el don de fe, esta convicción profunda se traducirá en una acción sobrenatural que irá más allá de todo esfuerzo de la voluntad. (Ver: Mateo 14.28-31, Hechos 3.4-8).
(c), El don de fe demanda obediencia
Notar dos aspectos en cuanto al don de fe:
–El trasfondo bíblico para el don de fe es la promesa de Jesús de darnos el Espíritu Santo (Juan 14.12-16). Como creyentes, la clave para operar en el don de fe es nuestra relación con el Espíritu Santo. Involucra tres cosas básicas:
** Obediencia a su voz, la disposición de hacer su voluntad revelada. Mateo 25.21
** Quebrantamiento, un sentido de asombro por lo que Dios hace.
** Humildad, esa actitud de parte nuestra que garantiza que sólo Dios recibirá la gloria por lo que pase.
–El propósito del don de fe, nos es dado para que podamos cumplir la Gran Comisión, antes de la venida del Señor. En anticipación a su retorno inminente, el Espíritu Santo está preparando a la esposa de Cristo, la iglesia. El Espíritu Santo está levantando un ejército de hombres y mujeres, que se mueven bajo su unción para hacer las obras de Jesús. Muchos son llamados a cumplir con tareas especiales y para ello, reciben el don de fe que necesitan para poder llevarlas a cabo.
3.- EL DON DE LIBERACIÓN
Acerca del don de liberación no todos los autores coinciden en considerar seriamente la responsabilidad que tienen los creyentes de echar fuera demonios como parte de la Gran Comisión dada por el Señor a la iglesia. Su mandato en Marcos 16.15-18 es para todos los que nos consideramos sus discípulos. Si bien cada una de estas tareas redentoras es parte de la responsabilidad de todo creyente lleno del Espíritu, hay ciertos miembros del cuerpo que reciben dones especiales para cumplirlas de manera específica. Tal es el caso de los que tiene el don de evangelista, o dones de sanidades, o el don de liberación. Hay que hacer ciertas consideraciones.
En el lenguaje evangélico corriente, se entiende por liberación el acto de echar fuera demonios en el nombre de Jesús, el rompimiento de cadenas de opresión espiritual, ataduras y yugos espirituales. El vocablo liberación, que denota la idea de traer a la libertad y redimir, se aplica en términos espirituales a la acción de poner fin a o deshacer la obra del diablo en las vidas de las personas. Esta práctica es un elemento importante del trabajo pastoral y requiere del mayor conocimiento posible de las circunstancias personales de la persona que es ministrada.
En este sentido liberar es sacar de debajo del yugo, de la opresión espiritual y de la cautividad del diablo a personas que están atadas, oprimidas o demonizadas de manera total o parcial. Dios ama al ser humano y desea que sea libre (Isaías 58.6-12, Lucas 4.18-19, 1 Juan 3.8) y ha confiado a la iglesia el ministerio de liberación a fin de que este deseo suyo se cumpla.
“Algunas enfermedades psíquicas, físicas o mentales son el resultado de actividades demoníacas. La palabra griega daimonizomai se traduce mejor endemoniado. Muchas de las sanidades que se mencionan en el Nuevo Testamento se relacionan con liberación de demonios. Hay distintos niveles de demonización, desde opresión hasta control… La enfermedad causada por una influencia demoníaca puede tener todos o algunos de los síntomas de cualquier enfermedad espiritual, física o emocional. En tales casos, la sanidad debe incluir la expulsión o liberación de cualquier influencia demoníaca que pudiera ser causa de la enfermedad. (Pytches, David. Manual para ministrar en el Espíritu. Buenos Aires, Editorial Certeza. Pág. 127.)
La Iglesia por ser apostólica, ha recibido del Señor el mismo ministerio apostólico de liberación espiritual que Jesús confió a sus discípulos. Como indicamos, Jesús comisionó a los Doce para que echaran fuera demonios. (Ver: Mateo 10.1, Marcos 3.15, 6.7, Lucas 9.1). Luego Jesús comisionó a los Setenta para que echaran fuera demonios (Lucas 10.9, 17). Pero también es cierto, según el testimonio bíblico, que Jesús comisionó a todos los creyentes que echaran fuera demonios (Marcos 16.17).
Si bien todos los creyentes tienen la responsabilidad de proclamar el evangelio del reino, sanar a los enfermos y echar fuera demonios, hay un don especial del Espíritu Santo en el área de la liberación espiritual: el don de liberación. Este don permite a creyentes especialmente dotados por el Espíritu Santo ayudar a personas que sufren diversos tipos de opresiones satánicas, para que experimenten la libertad y la vida abundante que hay en Cristo. El don de liberación es una herramienta imprescindible para traer a las personas tanto dentro como fuera de la iglesia.
Algunos llaman a este don el “don de exorcismo”, sin embargo es necesario marcar la diferencia entre liberación y exorcismo. El vocablo exorcismo viene del griego exorkizo, que significa atar con un juramento o conjuro, adjurar. El vocablo se utiliza en relación con la práctica de echar fuera demonios en otras religiones distintas a la cristiana, y especialmente en los cultos animistas, a través de conjuros, encantamiento, magia y otras técnicas. El exorcismo, en estos casos, tiene que ver con la remoción del pecado, enfermedad, impureza, muerte o cualquier otro mal, particularmente un espíritu malo en posesión de alguien, mediante la oración o una acción ritual determinada. Los exorcismos son característicos de la religiosidad de pueblos primitivos y generalmente son llevados a cabo por los shamanes, curanderos, brujos o sacerdotes.
En los Evangelios, el verbo que se utiliza para la expulsión de demonios no es exorkizo sino ekballo, que significa: arrojar, echar, expulsar por la fuerza. La palabra solo adquiere un matiz teológico especial en conexión con las expulsiones de demonios llevadas a cabo de Jesús. (Ver: Mateo 7.22, 8.16-17, 9.34, 13.26, 17.19-21, Lucas 12.32, etc. )
La Iglesia Católica Apostólica Romana no usa el vocablo liberación sino exorcismo, para referirse a la práctica de echar fuera demonio. Para esto, tiene definido un procedimiento ritual para el exorcismo y sólo permite que sacerdotes ordenados lo lleven a cabo.
La expulsión de demonios es llevada a cabo por los cristianos en el nombre de Jesús, utilizando su nombre no como fórmula para el exorcismo, sino como indicación de que es con la autoridad de Jesús que ordenan a los espíritus impuros terminar con la opresión de la persona afectada. De modo que no es una confrontación mágica, sino una acción redentora religiosa y espiritual.
“La Iglesia ha comenzado a descubrir la importancia de este ministerio dentro del trabajo pastoral… El proceso de expulsar demonios se llama liberación. Este ministerio es parte importante de lo que Dios hace en la vida de la persona y por lo tanto de la Iglesia. Durante muchos años la Iglesia ha circunscrito este ministerio únicamente para aquellos casos de personas que se manifiestan demoníacamente. Sin Embargo, Jesús lo integró, con la misma importancia, a la Gran Comisión. (Bottari, Pablo. (1999) Libres en Cristo, la importancia del ministerio de liberación. Casa Creación, Lake Mary, Florida. Pág. 65.)
Al igual que lo que ocurre con otros dones, el de liberación y discernimiento de espíritus son dones asociados o relacionados. El ejercicio de un don necesita del otro, y los dos operan de manera conjunta. El ministerio de liberación no será todo lo efectivo que puede ser sin la asistencia del don de discernimiento de espíritus Sin embargo, es posible ministrar liberación sin el ejercicio del discernimiento, cuando las circunstancias así lo demanden.
Generalmente, el discernimiento de espíritus ayuda a acelerar el proceso de diagnóstico, y en consecuencia, la rapidez con que se produce la ministración. Ver el caso de Pablo en Filipos ante la muchacha endemoniada (Hechos 16.16-18)