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Curso: Los Dones del Espíritu Santo
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Los dones residentes (a)

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pedro 4.10). En 1 Corintios 12.11: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” ¿Si esto es así, cómo es la aplicación práctica?

En el Módulo I se ha considerado lo que dicen las Escrituras acerca de los dones en general, en los diversos pasajes en que se trata del tema. Ahora, lo importante es analizar que implica ejercerlos en sus distintas variantes y en relación a la iglesia. Los dones son herramientas para uso de la iglesia. Lo que Dios espera es que se aprendan a usar estas herramientas.

Hay que reconocer que en la práctica hay diversidad de énfasis, valoraciones, etc.  Por ejemplo: los énfasis en algunos dones en desmedro de otros, olvidándose de que si es así como se cree que el Señor reparte según su voluntad, si viene del Señor no se miden desde lo humano. No existen dones mejores ni peores. No hay dones de primera y dones de segunda. Todos los dones son para edificación del cuerpo. Los dones son del Espíritu Santo, no son meramente el resultado de la justicia (méritos) personal, o por nuestra capacidad mística, etc. “los dones son por gracia” (1 Corintios 12.11).

Es así que se enfatizan dos extremos, por un lado carismafilia: aprecio excesivo por ciertos dones, especialmente los más espectaculares. Mientras que en el segundo caso se tiene lo que se puede denominar como carismafobia: rechazo de los dones más llamativos o impresionantes.

Existe la tendencia peligrosa de parte de muchos creyentes de poner a un lado todos los dones espirituales que no figuran en la lista de los nueves dones de 1 Corintios 12. Nada podría estar más lejos de la verdad revelada por la Palabra de Dios. Colocar a estos dones en un lugar secundario o como si fueran inferiores a los dones espectaculares es rebajar al Dador y no comprender su propósito. Todos los dones espirituales provienen de la misma fuente. Como señala Santiago “descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes” (Santiago 1.17). Cada don goza también del mismo propósito divino.

No hay dotaciones mayores o menores en el derramamiento carismático de los dones. Todos los dones deben ser anhelados, procurados, administrados y utilizados como productos del favor inmerecido de Dios.

Ahora se procura describir cada don y resaltar su valor como herramienta útil y necesaria para la edificación del cuerpo de Cristo.

 

DONES  RESIDENTES

El término residentes, utilizado por el Dr. Deiros en su agrupación de los dones,  están en referencia a los dones que se ejercen en determinados espacios.

Residente. (Diccionario RAE, del ant. part. act. de residir; lat. resĭdens, -entis) Que reside.  Dicho de un funcionario o de un empleado: Que vive en el lugar donde tiene el cargo o empleo. Ministro residente: Agente diplomático cuya categoría es inmediatamente inferior a la de ministro plenipotenciario. 

Son los dones que se caracterizan por estar estrechamente relacionados con ministerios o funciones de carácter más permanente la iglesia.

En Efesios 4.7-8,11 se recalca: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. […] “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros”.

Todos los creyentes en Cristo son sacerdotes. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes…” (1 Pedro 2.9). En el Nuevo Testamento no existe tal cosa como el clero, ni laicado, sí existen personas con funciones particulares. Dios quiere que algunos de sus hijos e hijas cumplan una función o ministerio especial dentro del cuerpo. Por eso los llama y los capacita con dones acordes con la tarea que deben desempeñar.

En la lista de dones que el apóstol Pablo presenta en Efesios 4.11, se agrupa de manera especial este tipo de dones, algunos de los cuales figuran también en 1 Corintios 12.28. En este, al igual que en Romanos 12 y 1 Corintios, Pablo habla de los dones en el contexto de la unidad del cuerpo de Cristo, y en la diversidad de los miembros y sus dones. Si wl énfasis cae sobre el individuo en relación con el grupo: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.” (Efesios 4:7).

  • Los da su autor: Cristo “dio dones a los hombres” Efesios 4.8: “Por lo cual dice: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres”.
  • Se ejercen junto con el Espíritu Santo “…estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu…” en 1 Corintios 12.11.

 

1. APÓSTOLES

 

La palabra apóstol se utiliza de tres maneras diferentes en el Nuevo Testamento.

1º) Apóstol como título es aplicado a los Doce (Ver: Lucas 6.12-13, Hechos 1.26, Hechos 14.4-14, Romanos 1.1, 1 Corintios 15.7, Gálatas 1.1, 19, 1 Tesalonicenses 2.6):  En la iglesia primitiva, para ser apóstol había que reunir ciertas condiciones:

  • Haber visto a Jesucristo y haber estado con él desde el principio: Hechos 1.21-23. “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho con nosotros testigo de su resurrección. Entonces propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías.”
  • Haber sido testigo de la resurrección del Señor: Hechos 1.22, 1 Corintios 9.1-2, 15.8-9.
  • Haber recibido la comisión de predicar del Señor, recibiendo poder y autoridad de él para ello: Marcos 3.14, Juan 20.21, Hechos 9.5, 15-16.

Hay quienes agregarían una cuarta condición que sería haber sido quienes pusieron el fundamento doctrinal de la iglesia.

 

Los Doce ocupan un lugar único e irrepetible (Apocalipsis 21.14), pero no fueron ni son los únicos apóstoles. El ministerio como tal, sigue.

2º) Se encuentra en el Nuevo Testamento el vocablo apóstol en el sentido general de: delegado, enviado o mensajero. Pablo se refiere a los enviados (griego Απόστολος,  apostoli) de la iglesia (2 Corintios 8.23, Filipenses 2.25).  En estos contextos se trata de hermanos enviados de una iglesia a otra con recados especiales. El vocablo se aplica a misioneros u otros creyentes enviados en misiones especiales.

3º) El término apóstol es usado especialmente como mensajero de parte de Dios (Lucas 11.49, Apocalípsis 18.20). En este sentido, todo creyente es un apóstol o mensajero, ya que es enviado por el Señor con una misión que cumplir en el mundo y con un mensaje que proclamar.

Sea como fuere, es interesante notar que de los cinco dones o ministerios residentes que se mencionan en Efesios 4.11, el de apóstol es uno de los más mencionados en todo el Nuevo Testamento. A la vez se puede considerar, si hubiera sido una denominación exclusiva para los Doce, no estaría en la lista de los dones que el Espíritu Santo da a la iglesia.

“Apóstol es una persona que es llamada y enviada por Cristo y tiene autoridad espiritual, carácter, dones y habilidades para alcanzar y establecer a la gente en el reino de la verdad y el orden con éxito, especialmente mediante la fundación y supervisión de iglesias locales.” (Cannistraci, D. (1996) The Gift of Apostle, Regal Books, Ventura, CA. pág. 91).

El don de apóstol es importante porque es estratégico. Este don involucra:

** autoridad espiritual                          ** carácter

** dones                                                 ** habilidades

** visión                                                  ** supervisión

** fe                                                         ** discernimiento

** revelación                                           ** “ingeniería eclesiástica”

El don apostólico, por su importancia estratégica, ocupa un lugar prominente entre los demás dones. El don aparece encabezando las listas en que se lo menciona (1 Corintios 12.28-29; Efesios 4.11), posiblemente por la autoridad espiritual que representa. En este sentido misionero, el don apostólico está vigente en el día de hoy. El apóstol es alguien enviado con un mensaje. El apóstol es alguien que establece una iglesia. El apóstol es alguien que ejerce autoridad al fijar políticas y ponerlas en ejecución. El apóstol es alguien que cumple un ministerio de restauración de pastores e iglesias. Es alguien que tiene una autoridad especial para edificar la iglesia (2 Corintios 13.10). Y también posee una visión muy amplia del reino de Dios, lo cual lo constituye en un agente fundamental para la unidad de la iglesia.

El ejercicio del don apostólico es una gran necesidad en la hora presente, especialmente en contextos en los que se está dando un gran crecimiento de la iglesia y se requiere una multiplicación en la formación de liderazgo. Los apóstoles son personas que ejercen su don especialmente en relación con pastores e iglesias. Brindan consejo y ayuda, restauran, reconcilian, resuelven problemas, ministran sanidad y liberación a líderes y pastores, imponen disciplina, tienen una visión global de la obra más que local. La tarea de los apóstoles no es de carácter administrativo, ni institucional o política, sino más bien están para fundar y confirmar la obra del Señor. Los apóstoles plantan iglesias, sobrevén y fortalecen a las iglesias, desarrollan líderes, ordenan ministerios, supervisan y coordinan ministerios, resuelven situaciones de crisis, y trabajan en red con otros ministerios. Las señales propias del ministerio apostólico sirven para edificar a las iglesias, al poner de manifiesto la realidad, actualidad y vigencia del poder del Espíritu Santo (Deiros, págs.. 124-125).