Currículum
Curso: Los Dones del Espíritu Santo
Acceso
Text lesson

Los dones de revelación (a)

Introducción

Hay ciertos dones que por su naturaleza y función, pueden ser agrupados como dones de revelación, como profecía, lenguas e interpretación de lenguas. Otros son más específicamente revelaciones de parte de Dios, por las cuales se transmite algún tipo de información o percepción de la realidad: sabiduría, palabra de conocimiento, discernimiento de espíritus. Por cierto, estas revelaciones no deben ser confundidas con la revelación de Dios contenida en la Biblia, que es la Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo. Por eso, los dones que aquí se presentan no son la Palabra de Dios sino una palabra de Dios. 

La revelación que viene a través de los dones de revelación debe ser siempre examinada y evaluada a la luz de la autoridad y principios bíblicos. (Ver 2 Pedro 1.19).

Concepto de dones de revelación 

Los dones de revelación son aquellos dones por los cuales el Espíritu Santo otorga a sus hijos e hijas, la capacidad de conocer o saber.

El conocimiento no es lo mismo que la sabiduría. El conocimiento es información, mientras que la sabiduría es el uso correcto de la información a fin de lograr fines adecuados, conforme a la voluntad de Dios. El discernimiento está relacionado con los dos dones anteriores, ya que es la facultad especial que permite distinguir entre el espíritu de verdad y el espíritu de error, entre lo que viene de Dios y lo que viene de Satanás.

images

“Son dones asociados con nuestra mente. El don de sabiduría parece ser la habilidad de hablar con sabiduría excepcional en situaciones especialmente difíciles. ‘Capacita a uno para discernir el consejo de Dios en los dramas de la historia.’ Por la sabiduría conocemos el verdadero valor de las cosas, porque es discernimiento espiritual y comprensión. No es fácil distinguir entre el don de sabiduría y el de conocimiento. La sabiduría parece ser el más amplio; el conocimiento, la comprensión intelectual de las verdades del evangelio. Quizás el don de conocimiento se relaciona también con la habilidad para referir hechos no conocidos por los medios naturales, como cuando el predicador hace referencia a algún asunto en un sermón y a algún oyente le parece que él conoce su corazón.” (Davis, Earl C. 1988, La vida en el Espíritu. Tomo 11, Biblioteca de Doctrina Cristiana. El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones. Pág.98.)

El énfasis cae sobre los procesos mentales e intelectuales en los que el Espíritu Santo opera para revelar la voluntad de Dios. En este sentido, los dones de revelación son dones mentales o que básicamente operan al nivel de nuestras facultades intelectivas. Esto significa que son dones de saber o dones de conocimiento.

Un concepto algo diferente define a estas dos manifestaciones extraordinarias y sobrenaturales del Espíritu Santo como dones del habla. En este caso, la operación se da no solo en el pensar sino también en el hablar. No son meras revelaciones espontáneas recibidas mentalmente, sino también mensajes espontáneos dados oralmente. Estos dones del Espíritu Santo consisten también en la declaración de algún aspecto de la verdad divina en una situación dada.

Concepto de dones orales

Es imposible saber exactamente qué era lo que Pablo tenía en mente cuando se refirió a palabra de conocimiento y palabra de sabiduría. No obstante, un estudio cuidadoso de 1 Corintios puede arrojar luz sobre la naturaleza y ejercicio de estos dones sobrenaturales. El único pasaje en la Biblia que menciona específicamente estos dones es:

  • Estos dones tienen que ver con su “discurso” o “mensaje” (logos) del Espíritu Santo para el provecho ó edificación del cuerpo de Cristo.
  • El apóstol echa por tierra la fascinación de los corintios por el discurso: (Ver 1 Corintios 1.4-3.23, 4.17-20).  “…el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder”
Dones-III4

¿Por qué Pablo comienza su lista de dones en 1 Corintios 12 con palabra de sabiduría y palabra de conocimiento? Probablemente porque sabiduría (sofía, aijos) y conocimiento (gnosis, zisong) eran palabras claves en la iglesia de Corinto. La de Corinto era una congregación griega, con facciones que estaban fascinadas con la filosofía humana y la oratoria elocuente. El lenguaje que Pablo usa en 1 Corintios 12.8 aparentemente hace referencia a los problemas que él aborda en 1.17-2.16, un pasaje en el que el apóstol denuncia la especulación mundana, que se expresa en una retórica elocuente, pero vacía.

En las primeras secciones de 1 Corintios, Pablo habla mucho sobre esta cuestión. Se refiere a sabiduría o sabio veinte veces en los dos primeros capítulos. Menciona dieciséis veces conocimiento o conocer en los primeros ocho capítulos. Lo que está en cuestión es el énfasis de los corintios en buscar la verdad a través de la sabiduría y el conocimiento humanos, lo cual contradecía la predicación de la cruz, llena del poder del Espíritu Santo, que sostenía Pablo.

Pablo rechaza el criterio que prevalece entre los corintios en cuanto a su espiritualidad. Pablo declara que Cristo lo envió a predicar el evangelio, “y eso sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia” (1 Corintios 1.17). Pablo define su ministerio en Corinto de esta manera: “Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios”. (1 Corintios 2.1-5).

El significado es claro. Las palabras del mensaje de Pablo no fueron solamente palabras humanas. Su forma no era mera oratoria elocuente; su contenido no era mera especulación filosófica. Por el contrario, su mensaje provenía de otra fuente. Era una revelación del Espíritu Santo. No sólo que sus palabras estaban acompañadas por pruebas convincentes del poder de Dios (señales y prodigios), sino que el mensaje mismo fue una demostración poderosa de la presencia del Espíritu Santo.

 De esta manera, Pablo redime a las palabras de sabiduría y de conocimiento de la trampa en la que habían caído los corintios al identificarlas con las habilidades humanas y la arrogancia que éstas engendran (1 Corintios 4.6-10; 8.1-3).

Más adelante, en 1 Corintios 12.8, en un golpe maestro de ironía, Pablo usa las mismas palabras que tanto apreciaban los corintios, para comenzar su lista de dones espirituales. Pablo les da a estos términos un nuevo significado a la luz de la unidad y diversidad de las manifestaciones del Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo.

  • Dios no ha dejado de revelarse ni de hablar a sus hijos: “la Biblia no es la nueva mordaza de Dios”. A la vez, el Señor no se contradice, por lo tanto lo que se reciba tiene que estar acorde con el mensaje bíblico.
  • Se trata de un proceso sobrenatural donde la iniciativa y el desarrollo del ejercicio de éstos dones está dirigido por el Espíritu Santo, quien guía al creyente a fin de que reciba, entienda y hable una determinada logos de Dios para su iglesia.

            “Los dones llamados Palabra de Conocimiento y Palabra de Sabiduría no aparecen con esos nombres en otros pasajes paralelos sobre los dones. Tampoco hay órdenes directas o una identificación directa de esos dones en ilustraciones. Sí aparecen varias ilustraciones posibles de estos dones en las Escrituras, pero no hay una ‘evidencia definitiva’ de que de hecho estas son ilustraciones de estos dones. Cualesquiera definiciones se formulen, deben venir solamente de un estudio de la fraseología involucrada y en el caso de la sabiduría de la enseñanza general sobre el concepto de sabiduría según es usado por Dios en las Escrituras. Estos dones se presentan juntos en razón de la similitud de la función sugerida por la expresión común ‘palabra de’.” (Clinton, J. R. Spiritual Gifts, Ed. Beverlodge, Alberta: Horizon House. pág. 60).