La práctica del don de lenguas parecía ser bastante común en tiempos del Nuevo Testamento. El hecho de que Pablo dedique tanta atención a corregir el abuso de este don en 1 Corintios 14 ilustra la frecuencia. Pero Pablo afirma que ni para él ni para sus lectores el hablar en lenguas era una cuestión ajena a la vida y el testimonio cristianos. En su discusión con los corintios lo que está en juego no es la realidad y vigencia del don de lenguas sino su práctica. En este caso no indica la cancelación sino, anima a sus hermanos y hermanas en Corinto a hacer un uso debido de este don tan especial.
El uso del don cayó en desuso a lo largo de los siglos, al menos a nivel general. Más recientemente, muchos cristianos han redescubierto la bendición espiritual que significa este don, como medio para ministrar a Dios y edificar la vida cristiana personal y en ocasiones, a la congregación de los santos.
“Es una expresión espontánea inspirada por el Espíritu Santo, en la que se utilizan los órganos normales para hablar pero la mente no participa en forma consciente. Los idiomas hablados o cantados no han sido nunca aprendidos por el que los usa”. (Pytches, D. Manual para ministrar en el Espíritu. Pág. 69)
No todos los cristianos interpretan la práctica de este don de la misma manera. Para algunos creyentes, el hablar en lenguas es casi un signo esencial de haber nacido de nuevo. Para otros, es indicación de una segunda experiencia de gracia, posterior a la conversión, que se denomina bautismo en el Espíritu Santo. Y aun para otros, aunque el don está en la Biblia desacreditan la práctica hoy o no lo toman con seriedad.

El término deriva de las palabras griegas glossa, que significa lengua y laleo que significa hablar. El término se lo menciona en Marcos 16.17 “hablarán en nuevas lenguas”. En cuanto al don en Hechos y 1 Corintios.
En un sentido general puede referirse al uso de idiomas de uso corriente, pero desconocidos para quien habla lleno de poder del Espíritu Santo. Se trata de un don del Espíritu que capacita a los discípulos para hablar en idiomas extranjeros o nuevos. Esto es lo que ocurrió en Pentecostés, según Hechos 2. En este caso se habla de xenolalia o heteroglossolalia, extranjero y otro diferente tipo. El mensaje transmitido puede comunicarse por medio de un traductor que conozca el idioma que se habla. Estas son las lenguas humanas que Pablo menciona en 1 Corintios 13.1a.
Pero la palabra glosolalia, en un sentido estricto, se refiere también a una lengua desconocida para los seres humanos, cuyo propósito es capacitarlos para adorar a Dios con mayor profundidad y con mayor libertad en su ser interior, o para servir como vía de comunicación de un mensaje profético para la edificación de la congregación. En este caso, solo un intérprete inspirado por el Espíritu Santo puede comunicar el mensaje a quienes lo escuchan. Estas son las lenguas angelicales, que Pablo menciona en 1 Corintios 13.1 y a las que hace referencia también en 1 Corintios 12.10, 14.2-9, y en Hechos 10.46, 19.6.
“Esta es la capacidad para expresarse en un idioma que quien habla no ha aprendido, ni lo entiende y que resulta incomprensible para el oyente. Empleo el término idioma con cierta vacilación porque mientras algunos carismáticos afirman que hablan en un idioma definidamente humano, otros no opinan así. Estos últimos consideran ese don como un idioma del Espíritu Santo… Esta última interpretación concordaría bien con lo que Pablo sugiere en 1 Corintios 14.7-11. (Green, M. Creo en el Espíritu Santo. Pág. 98).
Decir que el don de lenguas opera en el reino espiritual o sobrenatural parece obvio. Pero es necesario afirmar esto por dos razones:
La esencia de las lenguas e interpretación es atraer nuestra atención de manera sobrenatural y hablar una «palabra» del corazón de Dios a nosotros. De allí el valor de estos dones en la comunicación de la palabra de Dios para edificación (1 Corintios 14.5). Estas palabras no sólo contendrán frecuentes citas de las Escrituras, sino que también estarán siempre en línea con la verdad bíblica. Además, estas palabras generalmente llamarán la atención al lugar específico en la Palabra de Dios que mejor se aplica a nuestra circunstancia o necesidad particular en un determinado momento.
En Pentecostés no hubo traductores ni intérpretes. Quienes hablaban no entendían lo que decían, pero quienes escuchaban comprendían cabalmente su significado (Hechos 2.8). En cambio en el don de lenguas, no son fruto de un proceso intelectual sino espiritual. En la congregación, las lenguas edifican si y solo si hay quien interprete.
| Lenguas de Pentecostés | Lenguas de 1º Corintios |
| Para predicar el Evangelio | No son evangelísticas |
| Oyentes: inconversos que usaban otros idiomas | Creyentes que compartían un idioma en común |
| No necesitan intérprete | Necesitan interprete para que sea de edificación a la iglesia |
| Son comprensibles sin intérprete | Son ininteligibles |
Pablo no niega su existencia ni prohíbe su uso, les dedica mucho espacio en 1 Corintios. El mismo afirma hablar en lenguas y le dice a los corintios que lo hace más que todos ellos (1 Corintios 14.18). Además, les recomienda hablar en lenguas. 1 Corintios 14.5. “Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas, pero más aún que profetizarais, porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.”
Reconoce que las lenguas pueden tener valor. El don puede ser valioso para el individuo que habla, pero no para la iglesia cuando no hay quien interprete (1 Corintios 14.4-5).
Las lenguas no son señal de salvación y de haber alcanzado alguna gracia especial de parte de Dios. Las lenguas tampoco parecen ser una señal necesaria de estar lleno del Espíritu Santo o de haber sido bautizado en el Espíritu Santo. Si bien ocurre que muchos creyentes al recibir la unción del Espíritu hablan en lenguas, no todos los que auténticamente tienen esta vivencia hablan en lenguas.
Además, Pablo considera que el don es útil en la oración, la alabanza y la edificación personal del creyente. Las lenguas capacitan al creyente para hablar con Dios en oración. 1 Corintios 14.2
“El don de lenguas abre una nueva dimensión en la vida de oración de una persona. En realidad desea orar, cosa que antes le costaba un esfuerzo. El tiempo parece no tener importancia, y nada extraordinario le resulta ahora a esa persona pasar una o dos horas en comunión con su Señor. El don de lenguas produce hoy el mismo resultado: otorga una genuina libertad para la oración.” (Green, M. Creo en el Espíritu Santo. Pág. 200).
El patrón de análisis que usa Pablo es este: “¿Qué contribución hace a la edificación de la iglesia? Cuando consideramos el conjunto de la evidencia, parece claro que Pablo da a las lenguas un valor inferior (1 Corintios 14.19).
Pablo menciona cuatro maneras en que la profecía es superior a las lenguas:
Hay cierta base bíblica para designar a algunos dones como los mejores (1 Corintios 12.31). Ahora, el don mejor es, muy simplemente, aquel que es el más apropiado para una determinada situación. Cuando el apóstol nos exhorta a ambicionar los mejores dones, no está colocando a los dones espirituales los unos en competencia con los otros, sino nos está desafiando a estar abiertos a la operación plena y libre del Espíritu Santo.
Las lenguas permiten que ore el espíritu humano no el entendimiento. 1 Corintios 14.14: “Si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.”
En 1 Corintios 14.18-25, Pablo presenta ciertas regulaciones para el ejercicio del don de lenguas y lo hace discutiendo también el ejercicio del don de profecía. Pablo amonesta contra el mal uso del don de lenguas, y advierte del peligro de la inmadurez espiritual.
El ejercicio de este don debe armonizar con el orden de la reunión o el culto para evitar confusión (1 Corintios 14.33). Todos los dones deben someterse a la belleza del orden y el decoro en el culto (1 Corintios 14.40). 1 Corintios 14.40, Pablo usa la palabra «decentemente» o “de una manera apropiada” (Griego euschemónos), que significa «adecuadamente» (BJ, «con decoro»). En los cultos, todo, inclusive las manifestaciones del Espíritu Santo (los dones) deben ser decorosas y hermosas. Dios no es un Dios de desorden sino de paz. Dios es un Dios de belleza y no de fealdad y mal gusto (1 Corintios 14.33).
Se acepta la realidad de este don espiritual y la autenticidad de los hermanos que lo ejercitan, conforme a la enseñanza de la Biblia. No hay ninguna evidencia bíblica que indique que este don no se pueda impartir o practicar en nuestros días, ni consta en la historia del cristianismo que haya desaparecido en algún momento en la historia del testimonio cristiano.

No hay ninguna evidencia bíblica que distinga entre el hablar en lenguas como una señal del bautismo en el Espíritu Santo, y el don de lenguas como una capacidad personal impartida por el Espíritu al creyente. El don de lenguas no depende de la calidad o madurez espiritual del creyente: al igual que cualquier otro de los dones del Espíritu, este don no está ligado a ningún merecimiento de la persona que lo recibe, es expresión de gracia.