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Curso: Los Dones del Espíritu Santo
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Los dones residentes (b)

2. PROFETAS

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Los profetas se mencionan con los apóstoles en Efesios 2.20: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas” y Efesios 3.5: “el misterio de Cristo que, ahora se les ha revelado por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas de Dios”.

La palabra griega original, ni etimológicamente ni en su uso corriente se refiere a la capacidad de predecir el futuro, como generalmente es la creencia popular. En griego προφήτης (profētēs), profeta y profemi, significa decir delante de… y declarar en público. Pro, delante y femi, hablar. La palabra indica:

  • Proclamar la mente y el consejo de Dios.
  • Profetizar es: hablar en nombre de otro o por otro.
  • El sustantivo designa al anunciador o expositor de la revelación divina.

En Efesios 4.11 el vocablo designa a un don asociado a un ministerio específico dentro de la iglesia. La profecía bíblica comprende básicamente dos cosas: percepción y proclamación. Uno de los títulos aplicados en el A.T. a los profetas fue vidente (1 Samuel 9.9). El profeta es alguien que ve más allá de lo terreno y material, y percibe la realidad de las cosas espirituales y divinas (Hechos 13.1-2).

El profeta también proclama con fidelidad aquello que percibe de parte de Dios, y su mensaje se ajusta siempre a lo que Dios le ha revelado y mandado decir. (Ver: 2 Crónicas 18.13, Salmos 50.16, Isaías 10.24, Jeremías 2.2, Ezequiel 3.11, Juan 12.49, Apocalipsis 2.7).

Los verdaderos profetas se cuidan mucho de no mezclar sus propias palabras u opiniones con la palabra recibida de Dios por revelación. La proclamación fiel que anuncia lo que Dios le mandó decir. 1 Corintios 14.3 “…el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.” Además, un aspecto que sirve para confirmar es que esté en relación al mensaje bíblico.

“La especialidad de los profetas es su habilidad dada por Dios de hablar por Dios, y no solamente enseñar y predicar las verdades de la Biblia acerca de Dios y de su Hijo, Jesucristo. Ellos tienen el llamado especial para hablar en términos de ‘así dice el Señor’. El profeta tiene derechos y autoridad en su profetizar que otros no tienen, tales como los que tienen el don de profecía o los que funcionan en el nivel del ministerio profético de los santos. Quienes verdaderamente están comisionados como profetas tiene el derecho de profetizar dirección corrección, guía y nueva revelación a una persona, iglesia o nación. Algunos son usados para pronunciar los juicios de Dios y revelar el llamado y propósitos de Dios a quienes quiera que Dios desee hablar. De hecho, los profetas deben ser los voceros de Dios para hablar cuando, donde sea y a quien sea que Dios quiera expresar personalmente sus pensamientos, propósitos y voluntad específica”. (Hamon, B. 1997, Apostles Prophets and the coming Moves of God. Christian International, Danta Rosa Beach, Florida, USA. Págs. 123-124.)

Los pasajes para describir la función del profeta en la iglesia primitiva son los siguientes: 1 Corintios 14.3 y Hechos 15.32.

1º) Es un ministerio de edificación. (1 Corintios 14.3, 5, 9). Se trata de la edificación o promoción de la vida y crecimiento espiritual de los creyentes. De este modo, “el que profetiza, edifica la iglesia” (1 Corintios 14.4).

2º) El ministerio profético es un ministerio de exhortación. La idea es la de “llamar cerca” a alguien para que nos ayude. La palabra a veces se traduce como súplica o ruego (2 Corintios 8.4), consuelo o consolación (Filipenses 2.1, 2 Corintios 1.4-7) o como una combinación de estos significados en término de aliento o estímulo (Hebreos 6.18). Incluye la noción de alentar, confortar, rogar, pero exhortación o aliento está bien en este contexto, con la idea de animar a los creyentes en cuanto a lo que tienen que emprender o a hacer frente a lo que tienen que sufrir.

3º) El ministerio profético es un ministerio de consolación (1 Tesalonicenses 2.12). El profeta intenta conducir a la persona a que entienda la naturaleza de lo que debe soportar, y tiene como finalidad capacitarla para que lo haga confiada y valientemente, hasta el final. Este ministerio de consolación está dirigido especialmente a los más débiles, apocados y expuestos en la comunidad (1 Tesalonicenses 5.14), a quienes el profeta da fuerzas con todo amor (Filipenses 2.1).

“Adviértase que la exhortación amonesta a alguien para que siga un curso de conducta, siempre en anticipación, mirando al futuro; en cambio, la consolación es retrospectiva, tiene que ver con pruebas ya experimentadas, o que aún no han terminado. La exhortación tiene por finalidad que luchemos contra la pereza; la consolación, que luchemos contra la tristeza. La edificación desarrolla el carácter; la exhortación estimula la voluntad, y la consolación fortalece el Espíritu”. (Alonso, H.A. (1961) El don del Espíritu Santo. CLIE, Barcelona. Págs. 236-237.)

4º) El ministerio profético es un ministerio de evangelización.  La profecía es el anuncio a otros de la voluntad salvadora de Dios. Los profetas son expositores públicos del mensaje divino, que manifiestan el poder de ver y dar a conocer la naturaleza y la voluntad de Dios. Al cumplir con su ministerio profético, el profeta ejecuta su don de capacitación de la verdad y el poder de impartirla. Con ello, el profeta pone de manifiesto su capacidad de edificar los caracteres de las personas, estimular sus voluntades, alentar sus espíritus y afirmar su fe, al tiempo que permanentemente están proclamando el evangelio del reino.

“Los profetas de la edad apostólica fueron hombres que de vez en cuando hablaron en la iglesias bajo el impulso directo del Espíritu de Dios. Hacia el final de la edad apostólica, se hizo más y más necesario examinar las pretensiones de estas personas, para ver si ellas hablaban por inspiración del espíritu Santo o de otro espíritu distinto. En las iglesias de la primera generación, los apóstoles y profetas desempeñaban una función única, de la cual, en algunos aspectos esenciales, los escritos canónicos del Nuevo Testamento se han hecho cargo.” (Bruce, F.F. 1961, The Epistle to the Ephesians: A Verse-by-Verse Exposition, Pickering & Inglis, Londres. Pag. 85.)

3. EVANGELISTAS

La palabra evangelistas aparece sólo dos veces más en el Nuevo Testamento, aplicado a persona concretas. Por un lado, Felipe, uno de los siete, es descrito como evangelista (ver Hechos 21.8). Por otro lado, Pablo exhorta a Timoteo a hacer la obra de evangelista (2 Timoteo  4.5). Los evangelistas eran misioneros que proclamaban el mensaje de salvación a los inconversos. En este sentido, el evangelista es un mensajero, un anunciador de las buenas nuevas, alguien que se dedica a predicar el evangelio (1 Corintios 1.17). Quien ejerce este don y ministerio es el específico proclamador de las buenas nuevas de que Dios estuvo en Cristo reconciliando consigo al mundo.

Hay también un don espiritual de evangelización aparte del ministerio de los evangelistas, pero ser evangelista es más que tener el don de evangelización. Este don consiste en anunciar las buenas nuevas de salvación, en el poder del Espíritu Santo, y se trata de un don específico, porque ser evangelista no es sinónimo de predicador, sino de pescador de almas. No se trata de que hace campañas de evangelización en las iglesias, sino del que va a todo lugar donde Cristo no es conocido, y su tarea es la de abrir el surco en nuevas regiones aún no evangelizadas. Del evangelista se dice que sirve en el evangelio (Filipenses 2.22) y que habla con la convicción de que el evangelio es el mensaje de Dios (1 Timoteo 1.11).

“El don de evangelista es la habilidad especial que Dios da a ciertos miembros del Cuerpo de Cristo para compartir el evangelio con los incrédulos, de tal manera que hombres y mujeres se hagan discípulos de Jesús y miembros responsables del Cuerpo de Cristo.” (Wagner, pág 135).

¿Quién es un evangelista? Según James D. Crane: “Un cristiano que está dirigido y capacitado por el Espíritu para darse continuamente a la proclamación pública y personal del evangelio con el fin de que la gente definitivamente entregue su vida”. (Crane, El Espíritu Santo en la experiencia del cristiano, pág. 77).

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Foto del Evangelista Yiye Avila.

Para el cumplimiento de su ministerio específico de proclamación del evangelio del reino, el evangelista va a necesitar también de otros dones, como sanidad, hacer milagros, echar fuera demonios, fe, discernimiento de espíritus, etc.