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Curso: Consejería Pastoral I
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Consejería Pastoral I

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La base bíblica: ministerio de consejería pastoral

Introducción

A las congregaciones cristianas llegan personas de todo tipo; en su mayoría, llevan cargas por diferentes problemas y tienen heridas profundas; pueden ser cristianos o personas ajenas hasta ese momento a la fe, pero que consideran que en estos espacios hay posibilidad de ayuda. Esta es una de las tantas necesidades que los cristianos son llamados a responder como seguidores de Jesucristo.  Para ayudar a cada una de esas personas, el Evangelio provee distintas herramientas que pueden utilizarse en forma individual o grupal.

Para la consejería pastoral hay que tener en claro varios aspectos, que se irán describiendo a lo largo del curso. En principio, es esencial saber si la persona que acude ha confesado a Jesús como señor y salvador; si no lo ha hecho, esta es una buena oportunidad. Partiendo de esta seguridad, se puede empezar a evaluar la necesidad de liberación y/o sanidad interior, ya que sin decisión de fe no puede haber liberación; a la vez, no puede haber sanidad interior si primero no hay liberación. (Misión Net ofrece cursos específicos acerca de los ministerios de liberación y sanidad interior). Para poder hablar de consejería pastoral hay que tener conceptos claros para no caer en seudoterapias, dado que se puede ayudar con herramientas diferentes.

El pastor Dr. Daniel Schipani, lo resume de la siguiente manera: “En los últimos años hemos trabajado con una comprensión del consejo (o asesoramiento) (1) pastoral como una práctica de sabiduría que debe estar orientada al crecimiento en sabiduría en el sentido de inteligencia moral y espiritual. En otras palabras, se trata de “sabiduría a la luz de Dios” como una manera de conocer integral o multidimensionalmente, incluyendo los aspectos de discernimiento, hacer las decisiones mejores dentro de las circunstancias personales, familiares y sociales, y vivir bien en comunidad. (2) Consideramos el consejo pastoral como un arte ministerial especial orientado a promover el emerger humano por medio de una forma de acompañamiento de personas, parejas, familias o pequeños grupos, quienes enfrentan desafíos y luchas existenciales particulares, tales como una decisión vocacional o la muerte de un ser amado, respectivamente. Así entendido, el consejo pastoral procura despertar, nutrir y desarrollar la inteligencia moral y espiritual de las personas”. (Schipani, D.El consejo pastoral como práctica de sabiduría.Disponible en:http://herramientapastoral.galeon.com).

Joel Comiskey, en su comentario sobre El Don de Consejería, (Comiskey, J. Disponible en: http://www.joelcomiskeygroup.com/). dice: “Creo que algunas personas están mejor dotadas que otras para ofrecer consejería. De hecho, algunas personas tienen el don de consejería. Este don de consejería se llama en realidad ‘exhortación’ o ‘estímulo’ en la Biblia. La palabra griega en Romanos 12.8 es paraklesis, lo que se refiere a venir junto a alguien para consuelo y consejo”. Hay quienes lo traducen también como el ‘don de asesoramiento’. Al ser un don que han recibido del Señor y que están dispuestos a usar, lo llevan a cabo con gozo y espíritu de servicio, lo que implica escuchar, soportar las cargas de los demás y asesorar.

En Romanos 12.6-8 se lee: “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”. En la versión parafraseada de NTV (Nueva Traducción Viviente). se traduce así el versículo 8: “Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. Si tu don es dar, hazlo con generosidad. Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio. Y si tienes el don de mostrar bondad a otros, hazlo con gusto”.

El Señor Jesús llamó a pastorear a sus ovejas, y el término ‘pastorear’ significa cuidar el rebaño.  Esta es una analogía que ayuda a entender la labor del cuidado de unos para con los otros. Por esta razón, dentro del cuerpo de Cristo deberá haber consejeros pastorales. El consejero cristiano es un hermano de la iglesia con un llamado a este servicio, como se ha enfatizado en el párrafo anterior.

1. La base bíblica: ministerio de consejería pastoral

El Señor es mi pastor, nada me falta;

en verdes pastos me hace descansar

Junto a tranquilas aguas me conduce;

me infunde nuevas fuerzas.

Me guía por sendas de justicia

por amor a su nombre.

Aun si voy por valles tenebrosos,

no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado;

tu vara de pastor me reconforta.

( Salmo 23.1-4 NVI)

En este salmo, tan significativo para los creyentes, se sintetiza lo que el Señor hace con sus hijos cuando están bajo su señorío. Se afirma que Dios restaura el alma, renueva fuerzas, reconforta, conduce, corrige, etc. En Proverbios 4.11 se indica “Por el camino de la sabiduría te he conducido, por sendas de rectitud te he guiado.”

En los versículos citados del salmo 23, se describen momentos de la vida del cristiano cuando siente que está pasando por un valle oscuro y tenebroso, ya sea como consecuencia de sus propios desvíos o de las realidades en las que está inserto. Estos son lugares peligrosos, tal es así que muchas veces la sensación es de sentir o creer que es el final: el valle de sombra de muerte. En el Salmo 107.14 se afirma: “los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte y rompió sus ataduras”.

En esas circunstancias, el Pastor infunde aliento e inspira confianza, protege, conforta, corrige y endereza el camino. Es similar a la promesa en Isaías 43.2: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará”.

En el libro de Isaías se profetiza acerca del ministerio del Mesías, en al menos dos pasajes:

“Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus hombros, y será llamado Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9.6. NTV)

“Porque su Dios le instruye y le enseña cómo hacerlo… También esto procede del Señor de los ejércitos, que ha hecho maravilloso su consejo y grande su sabiduría”. (Isaías 28.26, 29. La Biblia de las Américas)

Sin duda que el Señor continúa haciendo esto con sus hijos. Pero como en otras cuestiones de la vida cristiana, en muchos momentos Dios utiliza a la iglesia y, dentro de ella, a los que están dispuestos a servir al Señor, a quienes él ha provisto de sus dones este acompañamiento pastoral de los hermanos.

El Señor encarnado, ya resucitado, a punto de ascender a los cielos, hace un encargo a Pedro: el de pastorear.

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:

—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?

—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.

Apacienta mis corderos —le dijo Jesús. Y volvió a preguntarle:

—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?

—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

Cuida de mis ovejas. Por tercera vez Jesús le preguntó:

—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le

 hubiera preguntado: « ¿Me quieres?» Así que le dijo:

—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.

Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús-

(Juan 21.15-17. Nueva Traducción Internacional)

Pedro1

El Señor usa con Pedro dos veces la palabra griega apacentar (βόσκω), es la acción de llevar al animal al lugar donde está el alimento que es adecuado para su especie. El otro término utilizado en el original es  pastorear (ποιμαίνω), el cual indica la función de guía, de mostrarle el camino. Serían dos aspectos de la misma función.  A través de los relatos de los Hechos de los Apóstoles y delas epístolas, es evidente que esta función no estuvo circunscrita a Pedro, sino que es encargada por el Señor a otros, a quienes capacita especialmente con sus dones distribuidos por el Espíritu Santo.

Es impresionante la emoción que transmite imaginar la escena que se relata en Juan 21. Ese Pedro que había quedado con su interior lastimado ante la negación en tres ocasiones de quien él afirmaba que era su Señor, de quien sabía que había muerto sin poder pedirle perdón por su deslealtad. Ahora, es el mismo Señor resucitado que le da indicios de que ha sido perdonado y restaurado, por lo tanto, le pide que él sea el que ministre a sus hermanos. Es muy importante poder captar esa atmósfera. La actitud de Cristo no tiene que ver con ‘aquí no ha pasado nada’, ni ‘son cosas que pasan’, sino que él es transmisor del espíritu de perdón, amor que ‘ama a pesar de’. Por lo tanto, le es encomendado el ministerio a alguien que ha experimentado el perdón del Señor, ya no solo como una primera experiencia de salvación, sino luego en otras ocasiones, a través de los altibajos de la vida personal.

Luego Pedro mismo fue quien escribió estas palabras a los líderes de las congregaciones que estaban familiarizados con esta metáfora de pastorear a las ovejas: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5.1-4)

Quienes conocen el trabajo con las ovejas, indican que estas pueden estar muy confundidas en un espacio no tan alejado de su casa, sin sentido de orientación y ningún instinto para encontrar el redil. Una oveja perdida usualmente andará en un estado de confusión, desasosiego e incluso pánico. Necesita de un pastor para guiarla a lugar seguro. Así es que cuando Jesús vio las multitudes perdidas, enfermas, esclavizadas, espiritualmente desorientadas y confundidas, él las comparó a ovejas sin pastor. En Mateo 9.36 se lee: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. El profeta Isaías describió a las personas también con esta analogía de las ovejas, con la diferencia de que se han extraviado, pero luego evidentemente habla de las cualidades de voluntad que caracteriza a las personas: cada una tomó su propio camino. Isaías 53.6: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”

Como ovejas perdidas, las personas necesitan a un rescatador, alguien con un don pastoral que les señale al Buen Pastor  para dirigirlas a la seguridad del redil. Un pastor hace esto al señalar a los perdidos a Jesús, quien dio su vida por las ovejas, como así también a las que ya lo conocen, pero por distintos motivos están desorientadas. Juan 10.11: “Yo soy el buen pastor;  el buen pastor da su vida por las ovejas.” Por supuesto que hay más evidencias bíblicas de este ministerio de asistencia y cuidado de las personas, pero baste como ejemplos los citados. No obstante, dicho esto en cuanto al ministerio pastoral, se plantean algunos aspectos relacionados, que también son mencionados en las Escrituras, especialmente en cuanto a quiénes estarían habilitados para realizar este ministerio.

En primer lugar, la igualdad de todos los cristianos es la que se marca en 1 Pedro 2.9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.  En Cristo y su nuevo orden, ya no hay castas especiales en cuanto a las responsabilidades del reino de Dios y el servicio de hacer conocer a otros las virtudes y principios de las Escrituras. Tampoco hay personas que ya han superado todas sus cuestiones personales, sino que han recibido el poder sanador y renovador del Señor y siguen en proceso de crecimiento en las cuestiones de la vida cristiana, pero están en condiciones de servir a otros y a la vez, capacitados por el Espíritu Santo a través de los dones espirituales. Por otro lado, sí se marcan las diferencias de funciones, que se dan de acuerdo con los dones que el Espíritu Santo reparte según su voluntad.  Por ejemplo:

1 Corintios 12.7-12: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.  A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.  Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo”. Ver: Romanos 12.6-8 y Efesios 4.11-12.

Recibir uno o más dones para el cumplimiento del ministerio  hace a los cristianos más responsables del cómo se lo lleva a cabo. 1 Pedro 4.10-11: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Sintetizando, citamos el libro de Consejería de J. MacArthur: La consejería se basa en las convicciones de que: 1) la Palabra de Dios debe ser nuestra autoridad en la consejería; 2) la consejería es parte del ministerio básico del discipulado de la iglesia local y 3) el pueblo de Dios puede y debe estar preparado.