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Curso: Consejería Pastoral I
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Consejería Pastoral I

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El proceso de la consejería pastoral

Si el consejero quiere realmente ser eficaz en su ministración, además de los aspectos de dependencia del Espíritu Santo y conocimiento de las Escrituras, que ya hemos puesto en primer lugar, debe ser él mismo un instrumento adecuado. Para esto, como en cualquier otra expresión del servicio cristiano, debemos buscar aunque sea una preparación básica.

Hay cuestiones con las que tiene que estar familiarizado, como, en cuanto al aconsejado, algunas cuestiones generales de las personas y sus características comunes; qué convicciones tiene de lo espiritual, etc.; además,  sobre su propio rol y persona: si el consejero pastoral cree que él es más inteligente que los otros, eso se trasluce en su trato con los demás.

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Carroll Wise (2008, Consejería Pastoral, su teoría y práctica. Editorial Read Books, USA.)  advierte, “El tendrá que confrontar la tentación de demostrar verbalmente su conocimiento superior y resolverla en sí mismo. La mayor razón para esta demos­tración (de ese conocimiento superior) es la satisfacción del ego que le da al consejero.” El consejero no debe ser agresivo, porque hay un daño muy considerable que se le puede hacer a la persona al forzarla, al interrogarla y al confrontarlo con más de lo que él puede soportar. Forzar al aconse­jado a que acepte ciertas interpretaciones puede crear un ataque y hostilidad.

Según Karl Stolz, (Citado por Hamilton, J. El Ministerio del Pastor Consejero. Kansas City, Missouri, Ediciones Casa Nazarena de Publicaciones. Disponible en: http://wesley.nnu.edu/espanol/)    “en su connotación más pura, aconsejar es… una forma de interacción creadora. Es más que un intercambio de opiniones.” Así que debe ser una empresa de cooperación en la que haya más que solo hablar; tendrá que ser una transmisión de experiencias en términos de lo que significan. “Lo importante no es lo que el consejero hace para el aconsejante; lo importante es lo que pasa entre los dos.” Esto es el corazón del verdadero consejo, es lo que se llama la llave del proceso de aconsejar.

La comunicación es más que la conversación. Las expresiones faciales, la postura de cuerpo, los gestos y otros tipos de conducta son también vías de comunicación. El ministro tendrá que saber qué es lo que le quieren decir aun con los gestos silenciosos.

La labor del consejero no es la de interpretar, sino la de ayudar al aconsejado a hacer sus propias interpretaciones. Esto quiere decir que el consejero tendrá que ser un experto en captar, en intuir y debe estar dispuesto a dejar que el aconsejado desarrolle su propia intuición. A una persona con sentido de culpabilidad habrá que permitirle encontrar una completa liberación de esta al comunicarse con el consejero, quien ha creado una atmósfera de aceptación y entendimiento. La seguridad “no se trasmite por el consejero, sino que es más bien el resultado de los dos (consejero y aconsejado) tratando juntos en un intento de encontrar un sentido más profundo de realidad positiva en las experiencias del aconsejado.” La tranquilidad viene como un resultado de compartir una experiencia entre ambos.

El pastor debe evitar imponer sus convicciones so­bre su aconsejado. Esto no es conveniente, porque hace que el consejero, antes que el aconsejado, sea el punto focal en la situación de aconsejamiento. Es un error si del aconsejamiento se hace en forma de explotación o de coerción, porque tal acción hará a un lado la dignidad inherente de la persona. Bonnell (Citado en Seminario Abierto. Disponible en: http://www.seminarioabierto.com/asesoria05.htm). lo expresa de este modo: “Toda intimidad que se le da al consejero, este ha de recibirla con espíritu de plena comprensión. No es su labor ser el juez de la gente.” Deberá desarrollar una actitud tal que nunca se sorprenda por lo que le digan en confianza.

Pocas personas, ya sean miembros de la congregación o extraños que vienen a hablar con el ministro, presentan al principio con franqueza y claridad la realidad del propósito de su visita.

Algunos otros aspectos en el proceso de la consejería pastoral:

1. Escuchar: Ya se ha tratado ampliamente este tema con anterioridad, tiene que ver con varios aspectos, entre ellos las técnicas. Escuchar también involucra la mirada. ¿Cuál es el lenguaje corporal del aconsejado? Manos nerviosas, ojos punzantes o cuerpos encogidos comunican mensajes no verbales acerca de las personas. Un buen consejero también escucha los silencios sin sentir la necesidad de decir algo. A la vez, no hay que permitir que la mente divague, porque es posible no seguir al entrevistado.

2. Presencia. El consejero pastoral que atiende a un aconsejado debería dedicar completamente su atención a la persona en necesidad. Mirar hacia la ventana, hojear papeles, mirar el reloj, son actitudes que muestran que el consejero no está prestando atención. La presencia no alude tanto a lo físico si no al enfoque. En un momento de necesidad, hay algo poderosamente reconfortante en tener a alguien simplemente parado junto a uno. David Benner le llama a la consejería pastoral “un ser compenetrado con la persona que busca ayuda”. (Hamilton, James D.,El ministerio del pastor consejero,Florida: Deerfield).

3. Responder. Respondiendo propiamente a su conversación, el aconsejado siente que su consejero en verdad le ha oído. Esto sucede cuando el consejero responde a lo que se ha dicho de tal manera que pueda proyectar lo que siente, al menos en cierto grado, como el aconsejado siente. A esto se le llama empatía. La empatía se ha definido como “tu dolor en mi corazón”. Sin embargo, la empatía que uno sienta no es suficiente, debe comunicársele al aconsejado. Esta es la técnica de responder.

El responder le comunica al aconsejado la idea, “sí, yo sé cómo se siente” es una frase que suele decirse a menudo. Pero en realidad, hay que buscar  otra más realista, porque la percepción del dolor interno es difícil de cuantificar y solo se puede suponer lo que él otro puede estar sufriendo.  “Sí, creo entender lo que está sintiendo…”.  No necesariamente el consejero tiene que haber pasado por momentos similares al entrevistado y aún, si así hubiera sido, aunque se haya pasado por circunstancias similares, no todos la pasan de la misma manera, intensidad, recursos, etc.

Este proceso de oír y responder puede ser muy terapéutico para el aconsejado. Esto no quiere decir que todos los problemas se resuelven por el proceso de oír y res­ponder, pero, quiere decir que esto forma un vínculo entre consejero y aconsejado, del que puede nacer una relación benéfica.

4. Aclarar. Otra función del aconsejamiento es la de ayudar a aclarar la naturaleza del problema de la persona. En muchos casos, esta aclaración se necesita porque el entrevistado ha estado tan cerca de su problema que ha perdido su perspectiva en relación con él. Está tan hundido en él que no puede verlo objetivamente. Los problemas profundos evocan emociones profundas que con frecuencia le impiden ver aquello que el pastor puede ver fácilmente. La emotividad afecta negativamente su razón. Se ve impulsado por la emoción en vez de ser guiado por la razón. Aquí la actuación del pastor es doble: (1) proveer recursos para reducir la emotividad dejando a la persona exponer sus sentimientos; y (2) proveer elementos escriturales y adicionales, para aumentar los recursos.

5. Apoyar. Este tér­mino se usa con otros similares tales como sostener, llevar el peso o fuerza, soportar o evitar que uno se hunda. Muchos vienen a la entrevista con una carga tan grande que ya no pueden soportarla. Su función es la de ayudar a la persona sosteniéndola, elevándola y evitando que se hunda. Esto no quiere decir que él asume todo el peso y responsabilidad de los problemas de sus aconsejados. Pero sí que le ayuda a soportar su carga en tanto que llegan mejores tiempos para ellos, a través del aconsejamiento y tratando con sus problemas. El consejero dedicado ayuda con alegría y decisión a llevar esas cargas porque en verdad le interesa la persona.

6. Interpretar. Este es un proyecto combinado del consejero y el consultante. Incluye tener un entendimiento de lo que es el problema, qué lo ha causado, cómo ha afectado y cuáles son las alternativas en las Escrituras. Esta es una etapa crucial en el proceso de aconsejamiento.

7. Formular. Esta función del aconsejamiento consis­te en ayudar al consultante en la formulación de una solución de su problema. Este proceso será doble: (1) Una formulación de actitud, y (2) una formulación de acción. La formulación de actitud incluirá un nuevo modo de reacción y conducta. Debe haber un cambio de actitud antes de que haya un cambio de acción. El cambio de actitud es interno. El consejero tiene que evitar la práctica de dar recetas como soluciones a los problemas de su entrevistado. Esta manera de abordar los asuntos niega la validez de una perspectiva de cooperación.

8. Guiar. La última función del consejero es la de guiar a la persona hacia una meta en el Señor. Cuando se sabe que la situación que se plantea llevará un tiempo, en los primeros escalones del proceso del entrevistado, tal vez el consejero tendrá que estar muy activo en su actuación como guía. A medida que la persona progresa hacia su meta, el consejero tomará menos parte hasta que finalmente su ayuda no será tan necesaria. Su meta final para sus aconsejados es el crecimiento y la madurez.