En cualquier área en que se realicen entrevistas, en principio se tiene en cuenta la posibilidad de estas tres opciones, que son las más sencillas de explicar. Esto también se aplica a la consejería pastoral. Según la modalidad de entrevista que se encare, se las puede clasificar en:
1. Abierta no directiva. El aconsejado es la figura central, habla libremente de su problema y de sus sentimientos. El consejero lo escucha, reflexiona y responde, repregunta, etc.
Como se mencionó anteriormente, el consejero no es juez, no puede juzgar al aconsejado, ni a las otras personas que estén involucrados en los problemas, sino ayudarlo a comprenderse a sí mismo, a esclarecer su problema, a ver las alternativas a través de la Palabra de Dios, a tomar su propia decisión y a llevarla a cabo.
El consejero no trata de manipular la entrevista, haciéndole preguntas directas o imponiéndole sus soluciones. No se le dice al aconsejado lo que tiene que hacer, más bien se le “ayuda a ayudarse” a sí mismo.
El peligro de esta modalidad está en que, llevada a un extremo, el entrevistado es el que va marcando el rumbo del encuentro, que todo el tiempo que dure la entrevista sea solo una catarsis o quejas del entrevistado, donde el consejero quede como receptáculo de esto. Las personas que son muy verborrágicas, pueden estar horas hablando y el consejero permanecer inerte, abrumado con tanta información o palabras.
2. Cerrada o directiva. En este tipo de entrevista el consejero actúa en forma similar a un modelo médico. El aconsejado describe el problema con base en preguntas concretas, por lo tanto, reúne información, hace el diagnóstico y le ofrece el remedio.
Este método priva al aconsejado de ver su propio problema y comprenderse a sí mismo, aprender cómo se resuelven las cuestiones y su proceso. Tampoco se le da al aconsejado lugar a la libre expresión de emociones, sentimientos y actitudes, pues la dirección que da el consejero tiende a inhibir a la persona, haciendo que las emociones se encapsulen dentro de él, en lugar de permitir que las exprese desahogadamente.
La técnica directiva puede llevar a una dependencia del aconsejado con el consejero, acostumbrándose a que este le resuelva siempre los problemas o le dé la salida mágica, en vez de hacerlo por sí mismo. Esta es la modalidad que utilizan muchos líderes cristianos, que ante dos frases que dice la persona, ya cree saber qué es lo que hay que hacer. En otros casos se la utiliza, dado que el consejero tiene discernimiento y esto es dicho directamente. Tal vez esto sirva para otros ámbitos o para situaciones límites en que hay que actuar con celeridad, pero no es así para la consejería pastoral.
Mientras que en la técnica no directa la figura central es la persona aconsejada, en la directiva lo es el consejero.
3. Semiabierta o semidirectiva. Es la combinación de las anteriores. En este caso, el aconsejado dice lo que desea y el consejero tiene la libertad de preguntar, acotar y no abandona su rol de autoridad. En general, dentro de la consejería pastoral es la más adecuada, salvo en casos de emergencia.
Otro modo sencillo de presentar las alternativas de cómo encarar una entrevista de consejería es presentarla en términos de enfoques: indirectos y directos. (Hamilton, J. El Ministerio del Pastor Consejero. Ediciones Casa Nazarena de Publicaciones. Kansas City. Disponible en: http://wesley.nnu.edu/espanol/)
| Indirecto | Directo |
| la persona es el centro del proceso | el centro es el problema |
| énfasis está en aprender | el consejero enseña |
| la base para el cambio descansa en la comprensión que adquiere el consultante | la base del cambio es la razón |
| énfasis sobre la dimensión de lo afectivo: sentimientos y emoción. | énfasis en lo cognoscitivo: proceso de percibir y saber |
| el proceso se hace con el individuo | el proceso de consejo es para el individuo |
| actitud del estilo indirecto es democrática | el estilo directo es la actitud de autoridad. |
| el consejero indirecto indulgente en poca interpretación. | el consejero directo sí interpreta mucho |
|
el consejero asume poca responsabilidad por el tema de conversación |
asume mucha responsabilidad en ello. |
En estas modalidades hay aspectos en los que no se puede optar por una u otra, sino buscar una combinación. Por ejemplo, es verdad que el centro de la situación es el consultante, pero este viene con su problema. No se puede tratar el problema por sí mismo, sin considerar quien lo sufre.
La actitud de autoridad debe de estar del lado del consejero, es decir, él es quien porta la autoridad espiritual y guía el proceso.
Otros aspectos prácticos que están relacionados con las entrevistas, tienen que ver con el dónde, cuándo, cuánto, etc. Se presentan algunas pautas, que serían básicas, para respetar; hay que tender a conseguir que se cumpla la mayoría de ellas. Pero cada consejero pastoral y los líderes pastorales conocen la realidad de sus iglesias y no siempre se cuenta con la infraestructura necesaria para lograr la entrevista a resguardo. Igualmente, hay que propender a lograr la mayor cantidad posibles de estas pautas para una mejor atención del aconsejado.

Es conveniente que sea el consejero quien reciba al aconsejado en la oficina dedicada a tal efecto. Una vez en su interior, es recomendable que se sienten enfrentados, pero en un lugar preestablecido por el consejero. Lo ideal es poder recibir al aconsejado en una oficina bien iluminada, con ventilación, asegurando la total privacidad, evitando las interrupciones, apagando los celulares. En lo posible, no debe haber, ni en las paredes ni sobre el escritorio, nada que distraiga la atención del aconsejado. Debe ser un lugar cálido, agradable y sencillo.
Una vez que se saludan, el consejero debe ofrecerse como alguien dispuesto a ayudar. Es sorprendente ver cómo los aconsejados perciben rápidamente si el consejero posee una actitud de comprensión y ayuda. El aconsejado necesita sentirse seguro y cubierto por el consejero.
Se debe tener en cuenta que, erróneamente, algunas personas que acuden a la ayuda pastoral creen que esta va a ser una solución mágica, que el consejero le dará un remedio que le solucionará todos sus problemas. No piensa que es él el que tiene que tomar determinaciones y decisiones para lograr dicha solución. Por ejemplo: si no ha tenido una entrega de fe a Cristo, y solo tiene conductas religiosas, no tiene una base adecuada para comenzar un proceso de resolución de sus problemas en Dios. Por lo tanto, es posible que cuando vea que ese no es el rumbo, reaccione de forma negativa, sea de silencio, de enojo, de reproches, etc. como ya se ha mencionado.
Algunos señalan que no es conveniente que se le diga al aconsejado ¿En qué puedo ayudarlo?, ya que esto hace que toda la responsabilidad caiga sobre el consejero. Tal vez algo más sencillo: Cuénteme, ¿por qué solicito tener una entrevista? En caso contrario, aumenta las fantasías de curación milagrosa, llevando al aconsejado a actuar pasivamente frente al consejero. El pastor Riccomagno indica que las consignas más adecuadas en un contexto de consejería pastoral deberían ser, por ejemplo, “trataré de ayudarlo a que usted aprenda a ayudarse” o “veamos cuál es su problema y las alternativas que podemos encontrar en Dios y su Palabra”.
En general, las dos o tres primeras entrevistas están orientadas a recopilar datos y tratar de conocer todos los aspectos de la vida del aconsejado para poder comprender lo que le pasa. Esto es porque, en general, un consejero tiene varias entrevistas pautadas, por ejemplo, en una tarde. Por lo tanto, cada entrevista no puede tener una duración indefinida. No es aconsejable que sobrepase la hora, salvo en casos de emergencias.
Una vez finalizadas estas entrevistas de diagnóstico, el consejero debe poder conocer los siguientes aspectos del entrevistado:
Después de esta/s entrevista/s diagnósticas el consejero evaluará –por supuesto, guiado por el Espíritu Santo y en oración– las siguientes alternativas:
* Comienza la consejería.
* Comienza la consejería, junto con un apoyo terapéutico.
* Deriva al aconsejado a un profesional por ser un caso de urgencia.
Hay quienes evitan derivar a otro profesional de la salud para una interconsulta aunque es evidente que la persona lo necesita. Esto es necesario en muchos casos. Lo importante, es que el consejero sepa a quien deriva y que el hecho de derivar no significa desentenderse de la persona. Habrá que trabajar en interconsulta con el profesional. Que la persona sepa que el consejero lo está acompañando en ese proceso.
Todas las entrevistas deben finalizar con una oración, encomendando al aconsejado a Dios, y pidiéndole a Él que le dé sabiduría para resolver el problema.
Lo que se ha indicado hasta ahora son lineamientos generales, como para tener un orden durante los encuentros. Dado que cada persona tiene su singularidad al vivenciar las cosas de su vida personal, familiar y relacional, de sus problemas, de la forma de expresarlos, etc., no hay una solo modo de abordar los encuentros. Realmente, muchas maneras de abordar el asunto y teorías pueden ser correctas, es decir, tal vez resulten efectivas en ciertas situaciones, mientras que en otros casos aparentemente no hay salidas sencillas, no solo por la envergadura de los problemas, sino por las características de las personas involucradas.