Ayudar a otro no es tarea fácil y no hay un método que se aplique a todo el mundo por igual, partimos de la base de que se está tratando con individuos singulares, distintos. Veamos algunos otros principios que pueden brindar más elementos para este ministerio.
1. Recolección de antecedentes. En consejería se parte de pensar que la vida de una persona es un todo, que está todo relacionado con lo que le sucede. (Recordar el concepto de sistema presentado en el Módulo I). Es por eso que el consejero tiene que recoger datos y saber los hechos de la vida del asesorado, para encontrar las raíces de su problema. En general, la persona que viene dispuesta a hablar con un consejero, lo hace con la necesidad de lo que cree que es más urgente. Es clásica la frase que indica que a veces lo urgente tapa lo importante. Pero es bueno saber que, además de lo que indique, habrá otros datos fundamentales que se puedan recoger para tener un panorama más completo de la situación.
Al indagar a una persona sobre su vida se pueden hacer las siguientes preguntas: si viven sus padres; si es casado, cómo es la relación en el matrimonio o si está separado; si es hijo único o tiene hermanos; si cree que fue o es un hijo mimado o rechazado; además sobre su hogar, su trabajo, etc.; cómo se relaciona con los otros; si es creyente, si se congrega; sus proyectos en la vida. Junto con el problema concreto, las respuestas aportarán, a un buen oidor, datos adicionales que hacen a la visión de lo específico y lo total.
Se podrán agregar otras preguntas, especialmente en relación con el motivo por el cual solicitó la entrevista, para tener un panorama completo de la vida del aconsejado.
2.- Percepción del carácter del aconsejado. El consejero comenzará a detectar el carácter o la personalidad del entrevistado. Esto se logra no solo escuchando, sino observando la postura, sus gestos, el tono de su voz, su manera de vestirse y hasta sus movimientos. Aunque, con esto solo no se puede definir el carácter de una persona. Hay que estar atentos a cualquier equivocación, por ejemplo, cuando se dice algo que nos salió inconscientemente, eso puede ser lo que en verdad siente.
3.- Problemas que perjudican el asesoramiento. A veces no es fácil llegar al punto esencial del motivo de consulta del asesorado, porque da rodeos y se resiste a hablar de sus problemas, con silencios prolongados o desea termina prematuramente la entrevista. Así es que puede utilizar:
* Rodeos y resistencia. Pocas personas, sean creyentes o no, presentan con franqueza y claridad el verdadero propósito de su consulta. Generalmente, comienzan el diálogo hablando de cosas que nada tienen que ver con su problema acuciante. Otras personas dudan en divulgar el problema y sondean la actitud del consejero antes de confesar el problema. Esto ocurre mucho entre creyentes. El Dr. Daniel Tinao, reconocido pastor y psiquiatra evangélico, en sus clases en el Seminario Bautista indicaba que era habitual que las personas no hablaran en una primera instancia de lo que era el fondo de su problema; en general, el consejero suele quedarse como apegado a lo que presenta como urgente, pero eso es solo una parte. Son como cortinas de humo, que le pueden hacer perder el camino al consejero de cuáles son los objetivos por los que necesita aconsejamiento.
Por lo tanto, el consejero debe tener paciencia y ser tolerante, algunas veces directivo en las preguntas, como además pedir del Señor discernimiento y guía. Esperará, no hablará demasiado, hasta que el asesorado cuente realmente cuál es su preocupación. Hay que tener en cuenta además, que las cuestiones espirituales detrás de cada situación, muchas veces enceguecen emocionalmente a la persona, se siente mal o hace cosas que no quiere, y no sabe por qué.
Las preguntas que se sugirieron anteriormente, a veces, permiten que uno les cambie el enfoque aunque apunte a lo mismo, y al poco tiempo se encuentra hablando de algo que les cuesta exponer.
* Silencios. Muchas veces el silencio o las prolongadas pausas en la conversación son motivo de tensión y desconcierto, otras, suceden porque la persona necesita parar un poco. Contar en pocos minutos lo que le aqueja puede ser abrumador. Mencionaremos algunas razones por las cuales el aconsejado puede dejar de hablar:
a) Está abrumado por sus emociones. Quiere recobrar ánimo para seguir.
b) Tiene vergüenza, porque se encuentra hablando de algún tema sobre el que nunca creyó que sería capaz de hacerlo.
c) Trata de relatar lo que le conviene, entonces se queda en silencio para seleccionar lo que quiere decir.
d) Espera que hable el consejero.
e) Está reflexionando sobre lo que ya dijo.
f) Está muy desanimado y esto le impide seguir.
g) Está cansado por la tensión.
h) Cuestiones espirituales lo traban
j) Por la combinación de alguno de los factores ya descriptos.
El consejero no debe temer a los tiempos de silencio. Tampoco apresurarse por tapar esos tiempos, ni transmitir ansiedad. Tal vez, en un momento, puede hacer una intervención como: ¿quiere decir qué le distrae?
El ya citado Freud indicó que las personas utilizan distintos mecanismos o estrategias para hacer frente a la realidad y mantener la autoimagen, como parte de poder expresar o esconder sus emociones y sentimientos, estos están actuando continuamente en las conductas de las personas. Incluso las personas sanas, normalmente, utilizan diferentes defensas a lo largo de la vida. Uno de estos mecanismos puede tornarse patológico solo cuando su uso persistente conduce a un comportamiento inadaptado, tal que la salud física y/o mental del individuo se ve afectada desfavorablemente.
Así, deduce una serie de mecanismos –que no viene al caso considerar aquí– como regresión, proyección, formación reactiva, racionalización, compensación, sublimación. Hay otros dos que son pertinentes como para mencionar ahora, a fin de tener en cuenta en la consejería pastoral. Estos son:
* Represión: cuando aparentemente la persona se protege reprimiendo los pensamientos o impulsos amenazantes y dolorosos. Por ejemplo: los sentimientos de hostilidad hacia los seres queridos, los nombres de las personas que le desagradan o los fracasos, y las venganzas y vergüenzas del pasado son objeto frecuente de la represión. Esto actúa a nivel inconsciente, por lo cual el mismo individuo no está consciente, pero se nota en su carácter y en sus formas no verbales.
*Negación: Tiene un papel defensivo similar al de la represión, pero suele funcionar a nivel más accesible para el individuo. Los adultos niegan lo que perciben, piensan o sienten en una situación que les resulta muy fuerte de admitir o traumática; así sea afirmando que no puede ser así, o tratando de invalidar algo intolerable ignorando deliberadamente su existencia.
Mediante la negación se busca protegerse contra la realidad desagradable tratando de negar su existencia; la negación está estrechamente relacionada con la muerte, las enfermedades y otras experiencias igualmente dolorosas y amenazantes. Por ejemplo, ante una noticia negativa, como primera reacción la persona dice: alguien debe haberse confundido, el doctor debe estar equivocado o, simplemente no puede ser verdad. Esto se ve muy claramente ante la noticia repentina del fallecimiento de un ser querido: no puede ser cierto, simplemente no lo puedo creer.
Finalmente: “Desde su nacimiento, el hombre no deja de conducirse. Debemos tomar esta fórmula al pie de la letra: lejos de ser conducido, como una máquina, que encuentra fuera de ella las reglas de su funcionamiento, es propio del ser humano hallar en sí mismo la fuente de sus ajustes al ambiente; el individuo nunca deja de conducirse… Es por eso que la personalidad se elabora con procesos que, de una u otra manera, son inmanentes a la corriente de conducta, que comienza con el nacimiento”. (Ibíd. Pág. 36)