Lo que hace que la consejería sea verdaderamente pastoral es que ocurre dentro del contexto de los principios cristianos que emanan de las Escrituras. La consejería es parte del ministerio de la comunidad de fe, que son las congregaciones cristianas locales.

Cuando una persona acude a su iglesia en busca de consejo para enfrentar, por ejemplo, sus problemas matrimoniales, sabe que el consejero tiene una visión cristiana del vínculo matrimonial. Es decir, alguien que no es cristiano sabe que, más que un contrato entre dos partes que puede ser disuelto a voluntad, la iglesia entiende que el matrimonio es un pacto establecido por Dios. Ese entendimiento teológico hace que el acercamiento del consejero pastoral sea necesariamente distinto al de cualquier profesional de otra disciplina. Así también con cualquiera de los temas con que las personas pueden llegar a la consejería pastoral.
Por eso el enfoque de este curso es eminentemente pastoral, porque el propósito no es dar recursos en psicología, ni en psiquiatría, etc., dado que estos son estudios científicos que requieren preparación específica en sus campos, sus objetivos pueden ser otros y se tratan con otros profesionales. La particularidad del consejo pastoral es la orientación en la Palabra de Dios y los recursos que hay en el Señor y sus Escrituras para las problemáticas concretas.
El Dr. Schipani afirma: “Las personas que buscan el consejo de sus agentes pastorales presuponen que las estrategias sugeridas por estos, para enfrentar sus problemas, estarán informadas por ese contexto ético, moral y religioso. Por esta razón, aquellos ministros que solo emplean perspectivas psicológicas para aconsejar a sus feligreses, están privándolos de los recursos bíblicos y teológicos que necesitan para enfrentar la vida. Es precisamente este contexto moral lo que les ayuda a discriminar entre lo correcto y lo incorrecto. (…) La tendencia actual se mueve en dirección a reafirmar estas dimensiones bíblicas y teológicas de la consejería pastoral”. (Schipani, D. El consejo pastoral como práctica de sabiduría. Disponible en: http://herramientapastoral.galeon.com).
No se desechan los aportes que pueden hacer las disciplinas psiquiátricas (médicas) y psicológicas, según el caso. Pero están para ser usadas por los profesionales de las mismas y no necesariamente por el pastor.
La herramienta fundamental que usará el consejero pastoral son las Escrituras, como material concreto de orientación. Lo que la persona necesita es una guía, que no debe ser según el parecer del consejero, sino conducir a la persona a lo que la Palabra indica.
“El consejo pastoral debe definirse y practicarse primera y principalmente como parte del ministerio de atención o cuidado pastoral y no como una rama de la psicoterapia o como ejercicio profesional para la salud mental. La teología práctica y la teología pastoral son las disciplinas que proveen el contexto de reflexión crítica y constructiva en torno al consejo pastoral y las que informan su práctica normativamente”. (Schipani, Ibídem.)
Es interesante rescatar la función de los sabios que se señala en el Antiguo Testamento (Dakeford, John y Claude King. Módulo Liderazgo: Consejería Pastoral. Programa de Capacitación por Extensión. Buenos Aires: Seminario Internacional Teológico Bautista. Pág. 16). Estas eran personas reconocidas como tales, no solo en el pueblo judío, sino en otras regiones alrededor del mundo conocido de aquellos siglos, alrededor del Mar Mediterráneo (Génesis 42.33, Éxodo 36.1, 2). Algunas citas bíblicas que ilustran ésto:
“Y Jonatán, tío de David, era consejero, varón prudente y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey. También Ahitofel era consejero del rey, y Husai arquita amigo del rey” (1 Crónicas 27.32-33).
Aunque culturalmente el lugar de la mujer no era destacado por los escritores, se mencionan algunas: “Y Joab envió a Tecoa a traer a una mujer sabia de allí, y le dijo: Te ruego que finjas estar de duelo, te pongas ahora ropas de luto y no te unjas con óleo, sino pórtate como una mujer que por muchos días ha estado de duelo por un muerto” (2 Samuel 14.2, BA).
En el prefacio escrito por Wayne A. Mack del libro La Consejería (MacArthur, J. y otros (2009). La Consejería, Editorial: Grupo Nelson, pp. ix-x.), se mencionan algunos objetivos, que se citan a continuación y que son una fantástica síntesis del ministerio que se considera. Estos objetivos se enfocan en lo que el consejero debe entender y tomar conciencia, como también en lo que se quiere lograr en la persona entrevistada.
1. Ampliar y reforzar la confianza del pueblo de Dios basado en que las Escrituras son suficientes, superiores y prácticas para enfrentar todos los aspectos de la vida. (El equipo de consejería pastoral que atiende en la Iglesia del Centro, no descarta en algunos casos particulares la interconsulta o derivación con distintos profesionales de la salud, legales, o del área de que se trate. Esto no es desmerecer el alcance de las Escrituras, sino reconocer las limitaciones que tiene el consejero. ) Aquí se enfatizan los recursos que hay en Cristo y la Palabra.
2. Animar a los creyentes a pensar bíblicamente acerca de todo lo relacionado con la consejería. Es decir, para los problemas que enfrenta la persona, hay principios y/o promesas en las Escrituras en los cuales directa o indirectamente se encuentra guía. El consejero necesita conocer bien la Palabra a fin de hacer buen uso de ella.
3. Ayudar a los cristianos a entender a las personas y sus problemas mediante una óptica escritural. Como se indicó con anterioridad, el que acude a la consejería pastoral presupone que esta estará enmarcada bajo los principios del Evangelio.
4. Demostrar por qué los métodos de consejería deben estar de acuerdo con las convicciones teológicas.
5. Proveer preceptos bíblicos para aconsejar eficazmente.
6. Equipar para que sean más competentes en esta tarea.
7. Dar a los creyentes principios bíblicos para discernir la diferencia entre aconsejar lo que aparenta ser bíblico y aconsejar lo que realmente lo es.
8. Adoptar un acercamiento a las Escrituras que sea tanto exegéticamente correcto como esencialmente práctico.