Estos principios, en general, se repiten vez tras vez en cualquier libro de consejería pastoral, cualquiera sea el enfoque que se le dé; tal es su importancia.
Dado que la persona viene porque hay cuestiones que no puede manejar, está desorientada, etc., es necesario escucharla. Además de que la gente necesita hablar, el consejero tiene que saber de qué se trata. A través de lo que expresa ya comienza un proceso sanador. Comienza a sacarse de adentro lo que le aflige.
El consejero pastoral debe aprender a escuchar con paciencia al aconsejado, cualquiera sea la manera de que este tenga de expresarse. Tratar de entender por dónde va su relato, interrumpiéndolo lo menos posible en su exposición. Alguna pregunta, pero sintética, de vez en cuando, puede ordenar la entrevista y permite entender mejor lo que está queriendo contar el entrevistado.
Si no se escucha atentamente, no es posible ubicarse en el problema del aconsejado, el motivo de su sufrimiento. Se suele caer en el error del ministro que tiene muchos años de práctica, enseguida encasillar. “Este es un caso de….” Pronto se relaciona con cosas personales o con otros casos. En el primero, se lo mete dentro de un estereotipo, pero se trata de una persona, que si bien puede venir con una situación de abuso sexual, lo vivió, lo sufrió, etc., según su modalidad y las circunstancias en que se dieron (Esto está relacionado con lo considerado en el punto E del Módulo I). Por el otro, se despersonaliza al sujeto que se quiere asesorar. Si bien hay principios generales en común en las problemáticas, cada caso es único y personal.
El consejo del pastor no puede ser mejor que su información. Solamente hay una persona que tiene cierta información que el pastor necesita: el aconsejado. El único modo de recibir esta información es oyendo. Una mujer se quejó de su esposo con su consejero. “El no oye con su corazón”. El oír con el corazón permite al pastor oír gemidos silenciosos y ver las lágrimas invisibles. El arte de escuchar de un pastor no está completamente desarrollado hasta que no solamente oye lo que se le dice, sino también lo que no se le dice.
Un error común es el de querer ir más rápidamente de lo que el aconsejado está hablando. En esta forma, el consejero se adelanta al aconsejado y comienza a derivar conclusiones sobre lo que piensa que el aconsejado va a decir.
El saber escuchar no descarta introducir preguntas orientativas para direccionar el relato, para ampliar la información. En este caso, la intención no es interrumpir, sino ayudar al consejero para ver si se está entendiendo el relato. Por ejemplo, si alguien menciona que se murió su madre, no es lo mismo que haya ocurrido en los meses anteriores, que hace diez años. Por otro lado, las preguntas orientativas ayudan al entrevistado a concluir temas: ¿desde cuándo vive en esta situación?, ¿buscó otras ayudas?, etc. Hay personas que saltan de un tema a otro sin respiro; dado el consejero está escuchando, puede introducir una pregunta. Tampoco, saber escuchar no quiere decir entregar el control de la entrevista al consultante. Proporciona al entrevistado el mensaje indirecto que esto es un proceso, que hay alguien que está prestando atención y guiándolo para que pueda ir al foco de sus problemas, si se dispersa no se logrará.
(Definición de catarsis: Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo. P. ext., eliminación de recuerdos que perturban el equilibrio nervioso. http://diccionarios.elmundo.es). En esta etapa de la entrevista es muy común que el entrevistado llore, grite o se desespere. Es una señal de que tal vez es la primera vez que puede poner en palabras lo que le está ocurriendo o que puede estar llegando al meollo de la cuestión. El consejero debe mantener la calma, tratar de transmitirle paz al entrevistado, sin apurarlo en la descarga de su angustia. No asustarse.
Puede suceder que algunas cosas que cuenta no parezcan graves, pero hay que acompañar al aconsejado y si él le da importancia, tomarlo con el mismo nivel de concentración para ayudarlo a resolverlo. Se debe respetar lo que para él es importante. Además, cuando lo que dice parece sencillo relacionado con su reacción emocional, es probable que no esté contando el tema esencial o hay alguna cuestión espiritual a considerar.
La empatía es mirar el mundo desde los ojos de la otra persona. No significa identificación (uno se confunde con el otro), ni simpatía (es espontáneo, cae bien o no), le guste o no. No se trata de que se meta en el proceso y se ponga a llorar con el otro, porque si se está ministrando consejería, le hace perder perspectiva, aunque interiormente llore con la persona. Tampoco es mirar el mundo y el problema desde el punto de vista de la persona, porque en general la persona creía que lo que estaba haciendo era lo adecuado. La pregunta interna sería: ¿cuán difícil habrá sido para esta persona llegar a este punto?
Jesús, ante la mujer adúltera, no aceptó sus pecados, aceptó a su persona. Le dio oportunidad de cambio.
Ya sea a su nivel cultural, social, al lenguaje que usa, etc. En algunos casos, hay que utilizar vocablos que no son comunes en la manera de expresar del consejero, pero que son necesarios para que se entiendan mejor. Además, si la entrevista es con alguien que no es cristiano evangélico, se debe tener en cuenta que hay una jerga evangélica que es totalmente indescifrable para otros. Para esto, es bueno estar atentos, usar sinónimos, a fin de asegurarse de que se lo entiende.
Para el aconsejado también es importante porque notará que se lo está escuchando. A veces, es bueno para el que habla que se le pregunte: “quisiera saber si estoy entendiendo lo que me contás”. Esto tiene al menos dos propósitos, primero y especialmente, al que habla como una catarata o en forma desordenada, lo ayuda a hacer una pausa. Segundo, que pueda escuchar a su vez lo que el otro está recepcionando.
No hay que apresurarse, se debe estar seguro de que se entendió la situación, a fin enfocar su problema bíblicamente.
El consejero va aportando para lograr un entendimiento dinámico, profundizar la empatía, mantener el contacto personal confrontando a la persona. Tiene que llegar a un autoentendimiento dinámico, integrador y responsable, que llegue al punto de hacerse responsable. Por ejemplo, un hombre viene con quejas sobre su esposa: él la eligió, tiene que tomar decisiones y buscar alternativas.
Hay que facilitar la acción por medio de cierto entendimiento de su problemática. Lo mejor es una serie de pasos pequeños. Por ejemplo, quiero cambiar mi hogar. El tema es cómo.
Al escuchar cosas íntimas del entrevistado solo se debe compartirlas con el Señor, orando por él durante la semana y escuchando a Dios para aconsejar al hermano, según la guía de las Escrituras y del Espíritu Santo.
Relacionada con la prudencia en el manejo de la información, está necesidad de la mayoría de los consejeros es de ir anotando los datos esenciales. Para esto, ayuda pedir permiso al entrevistado para tomar nota. Estas deben servir después para orientar en la consejería. Se trata de palabras claves, fechas, etc., que ayudan a armar el cuadro de situación.
Si el aconsejado se entera de que se divulga su intimidad, es muy probable que no confíe nunca más en un consejero e incluso se pierda la sanidad del Señor por este error. La gente llega al consejero pastoral asumiendo que sus palabras no van a salir del lugar de la consejería. Divulgar una historia, aunque sea en forma encubierta en un sermón o en la conversación con otra persona, es más que simplemente desafortunado. Es muy tentador usar los casos como ilustración de enseñanzas, pero no es ético.
Las únicas excepciones en la confidencialidad de lo que se oye, sería si el consejero percibiera que el aconsejado va a hacerse daño a sí mismo o a un tercero. Tales excepciones deberían ser expresadas al empezar la consejería.
En el Módulo I del presente curso se mencionaron los aspectos éticos, que consideran la cuestión de la confidencialidad. Esta juega un papel muy importante en la consejería pastoral, ya que las personas se acercan al consejero con sus problemas porque lo consideran persona de prestigio y respeto, o depositan su confianza solo por el hecho de que es cristiano.
Edgardo Muñoz comenta al respecto: “Que cualquier persona que confía a un ministro sus penas, deposita en el siervo de Dios un tesoro muy valioso. Ese tesoro posee intimidades, vergüenzas, afectos, temores, rencores, culpas y dudas; si exponemos ese tesoro ante otros, no solo causaremos problemas, si no que heriremos de muerte a quien confió en nosotros.”( (Escamilla, Marlene May. La ética en la consejería pastoral: Disponible en: http://www.monografias.com/trabajos-pdf5/etica-consejeria-pastoral/etica-consejeria-pastoral.shtml)
Esta discreción es para proteger a la persona que consulta, no hay que exponer sus casos en ningún espacio, sin la autorización del involucrado. A veces ocurre en las congregaciones, que al pasar datos como motivos de oración, se dan detalles muy personales. En estos casos, si la persona lo autoriza o lo pide, se puede sintetizar dando el nombre y que tiene que resolver un problema, una enfermedad, etc. Si el mismo interesado lo relata a otros, es su decisión.
En el sitio indicado recientemente, también se cita a Pablo Hoff: “Lo que el asesorado revela al pastor debe ser inviolable y no debe ser divulgado a nadie sin el permiso de la persona. Buscar asesoramiento en cosas personales es el acto humano que muestra la mayor confianza posible en otra persona. Es como decir: confío en usted”.
Es importante que él elabore la forma en que tiene que salir de ese problema y tome sus propias decisiones. Muchos van a poner resistencia, la insistencia será: ¿qué me aconseja que haga? Si las decisiones salen de la misma persona, eso la va a llevar a hacerse responsable por las mismas y aprenderá algo más en la cuestiones de cómo enfrentar problemas similares. Es muy común escuchar: “El pastor me dijo que debo hacer tal cosa”.
En cuanto a sugerir alternativas en los principios de bíblicos, hay que detectar conceptos erróneos acerca de Dios que el consultante pudiera tener; para esto, a la vez, se debe mantener un punto de vista bíblico del hombre y los propósitos generales de Dios para el hombre en Cristo. Hay que estar alerta de los medios divinos que tanto el consejero como el consultante pueden usar.
La pastora Sandra Flores Ciani comparte algunas cuestiones que utiliza en su práctica de consejería pastoral, a fin de que el aconsejado saque sus propias conclusiones. Por ejemplo: en un caso de abandono, rechazo y/o infidelidad, recordar y compartir los métodos que utilizaron los diferentes personajes bíblicos para salir de esas situaciones o sentimientos.
Una vez expuesto, presentarle consejos prácticos aplicándolos a la problemática particular, es decir, a las situaciones concretas relatadas por el aconsejado. La tarea del consejero es ser puente entre la actualidad del entrevistado y las soluciones de acuerdo con la voluntad de Dios. Por ejemplo: el perdón libera en forma milagrosa, pero se debe tomar la decisión voluntaria de perdonar por obediencia a Dios.
En estos casos se puede responder: “Voy a buscar la dirección del Señor para resolver juntos esto y lo consideramos en la próxima entrevista”.
No es fácil reconocer el fondo de la problemática de una persona con un solo encuentro. El Espíritu Santo le irá dando, al aconsejado, el conocimiento de las cosas que tiene que ir sanando y la forma de hacerlo, como así también, le dará al consejero elementos para guiar. En general, lo va a hacer progresivamente.