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Curso: Consejería Pastoral I
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Consejería Pastoral I

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El concepto de crisis – Recuperación y crecimiento

4). Recuperación y crecimiento. Grupos permanentes de reflexión y acción solidaria.

En las crisis, la oportunidad es la alternativa positiva, la opción por la vida, por la victoria de la vida sobre las cuestiones negativas; superar la situación de pérdida y ver las alternativas positivas que la nueva posición presenta. La opción por la oportunidad no significa magia, sino que se instala un proceso en el que la persona o el grupo necesitan tiempo para encontrar alternativas. Hay momentos de este proceso que incluso puede haber estancamiento, pero puede ser transitorio y en algunos casos con un poco de ayuda se retoma.

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El peligro, en cambio, sería permitir que las señales que llevan a la destrucción y a la muerte se incorporen cada vez más en las personas, las familias o la comunidad. Es decir, que no se pueda hacer el duelo por las pérdidas, que se quede instalada en actitudes y sentimientos que la estancarán y no permitirán las nuevas posibilidades que puede encontrar en la vida. Incluso se puede comenzar un proceso que lleva a la destrucción.

Sin duda, muchas de las personas que se acercan a un consejero pastoral están en tiempos de crisis específicas, emergencias, muerte, duelos no resueltos, vínculos que se han roto, separación matrimonial, etc.

Uno de los interrogantes que aparecen ante situaciones como las actuales, que de alguna manera afectan a la mayoría de la población, es por qué algunas personas reaccionan de una manera y otras en forma diferente. ¿Por qué una persona es cómo es? ¿Por qué tiene la personalidad que tiene? ¿Por qué reacciona cómo reacciona? ¿Con qué recursos espirituales tomó a esta persona la situación? Esta personalidad, singular y única de cada sujeto, generadora de determinado tipo de conductas sanas y/o perturbadas, está generada por una serie de elementos de los cuales la misma persona tiene conciencia o no.

Estas consideraciones son válidas, dado que el consejero pastoral puede preguntarse por qué una persona reacciona de una manera tan dramática frente a determinada situación, mientras que a otra le resulta relativamente fácil de resolver. Es por esto que se enfatiza en que, si bien las personas comparten reacciones generales que los hacen parecidos, en otros casos, se reacciona de alguna manera particular y distinta. Por ejemplo: el tiempo de la jubilación. Es verdad que si la persona anticipó este tiempo en su vida buscando alternativas, cómo iba a emplear su tiempo; aún así, en muchas se produce una especie de vacío interno o externo, del cual les cuesta salir. Ni que decir de aquel que vivía el día a día y ese tiempo lo tomó desprevenido.

En el Módulo I fue introducido el concepto de series complementarias, un esquema que ayuda a pensar cuestiones generales y particularidades de cada persona, de cómo cada uno vive las situaciones traumáticas o atraviesa las diferentes crisis en la vida. Todo tiene que ver con su historia, con las cuestiones que le han sucedido, las sucesivas pérdidas y como las ha superado, etc.

La primera serie complementaria es lo constitucional, se trata de aquellas características que están presentes en el momento del nacimiento de una persona: tanto factores genéticos –es decir, lo innato, lo hereditario, lo dado de una vez y para siempre en el momento de la concepción de un nuevo ser–; como los congénitos –aquellos que actúan durante la vida fetal y el momento del nacimiento–. Por ejemplo: enfermedad materna o sufrimiento fetal durante el nacimiento. El medio social actuará aquí indirectamente a través de la madre. Estos dos factores se integran (no suman).

Genético  (herencia cromosómica)

                                                                  Constitución (lo dado, lo innato)

Congénito (vida fetal y nacimiento)

La segunda serie complementaria tiene que ver con experiencias infantiles, lo que el individuo vive en su primera niñez. En esta época son fundamentales las funciones maternas, sea que la cumpla la mamá, el papá o algún sustituto, o una complementación que lo sostenga con seguridad, que lo deje investigar el mundo mientras lo cuida, y que le facilite la posibilidad de sentirse real, comenzando a discriminar entre su yo y no yo; logrará aprehender (aprendizaje no intelectual sino vivencial, experiencial) un vínculo de seguridad y de confianza básica que se internalizará. El niño comienza a desarrollar una estructura psíquica singular determinada y habrá privilegiado, inconscientemente, el uso de mecanismos defensivos particulares, que le sirven para reaccionar frente a los sucesos que la vida le presenta.

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Constitucional

                                                                       Disposición (terreno psíquico)

Experiencias infantiles

El peso que cada serie tiene es algo muy singular en cada individuo y en determinada época se amalgama en la persona. Esta singularidad, ante cada situación, reacciona de un modo que le es particular. Cada una de estas series se van integrando en cada sujeto de un modo singular y la proporción de cada una no es medible. Esto es importante para tener en cuenta cuando, a lo largo de la vida, la persona se encuentra con el factor actual externo desencadenante. Actual: porque se da en el presente generando una respuesta del individuo; externo porque se trata de un estímulo que aporta el medio y no el individuo, y desencadenante porque actúa como disparador de la conducta.

            Disposición

                                                                                                     Personalidad /conductas

            Factor actual externo desencadenante

Como esquema explicativo, puede tener sus limitaciones, pero ayuda a pensar la complejidad de cada sujeto, y la singularidad de la forma en que cada uno reacciona ante las cuestiones de la vida; esto también puede variar de época en época en la propia vida de cada persona. Con qué recursos internos –emocionales, mentales, espirituales, etc.– cuenta cada uno para afrontar las crisis.

Una situación que se ve mucho en la realidad. Hay personas que no han superado la muerte de un familiar y al poco tiempo ocurre un accidente. Alguien relataba: Todavía no puedo “digerir” la muerte de mi padre, ya van a hacer dos años y lo lloro como si hubiera ocurrido ayer. Ahora, se junta, el estar viviendo con esta realidad de mi madre, con signos avanzados de demencia senil. No puedo con mi vida!

CP-I-4.9

A nadie le gusta atravesar por crisis, sin embargo, la vida es una secuencia de crisis. La mayoría diría: si es así, por favor, que sea corta y lo más leve. Pero se necesita en el proceso de vivir una serie de ajustes que son necesarios para seguir viviendo; esto se logra en gran parte saliendo sanos de las crisis. Cuando alguien está muerto ya no necesita ajustar nada, mientras vive esto es inevitable.

El niño nace y necesita una serie de ajustes para crecer a todo nivel, por ejemplo, cuando comienza el colegio. En la adolescencia es, evidentemente, una época de muchos ajustes. El casarse y la llegada del primer hijo suele ser en muy corto tiempo y produce crisis en la pareja. Luego la situación de los padres de hijos adolescentes. En este caso, los padres no están preparados para los ajustes que ellos tienen que hacer, la mayoría están como congelados al observar los cambios en su hijo, no toman en cuenta que forzosamente ellos deberán modificar cosas en sus vidas personales y como sistema familiar, no es posible evitar el crecimiento.

Por ejemplo: el hijo adolescente plantea que quiere ir a una fiesta hasta las 3 de la mañana. Hace que esta familia tenga que rever sus pautas de educación, ver como se acomoda. Una posibilidad sería: Está bien: primero en qué lugar es, luego dependiendo de esto, te iremos a buscar, etc. Ante el planteamiento del adolescente, el sistema familiar se tiene que reacomodar, el equilibrio que podría haber tenido tiene que buscar un reajuste. Otra reacción posible sería: De ninguna manera, esto no puede ser, es de mal testimonio. Es una respuesta negativa a la demanda del chico, pero está enfocada en el afuera. El chico puede rebelarse, a la madre le aparece taquicardia todos los días, conflictos entre los padres, puede ser que el más chiquito empiece con problemas escolares, etc. Otra posibilidad es mantener a toda costa la homeostasis, el equilibrio logrado: Qué se cree este chico, no puede hacer eso! Cuando pase los 21 que haga su vida, pero ahora las cosas van a seguir así! Ya no importa el adolescente, o ver cómo se acomodan las pautas educativas a partir de la nueva situación. El tema es que no complique el sistema familiar.